Racing no tiene problemas futbolísticos, físicos ni anímicos. Al menos, los desajustes no son enormes, son detalles de funcionamiento, ya no está en juego su identidad, su sello distintivo. Estacionado en la cúspide, mientras observa a los demás desde las alturas -a Defensa y Justicia, a cuatro puntos; al resto, a una distancia prudente-, suele ganar, jugar bien y exhibir cierta dosis de personalidad cuando lo apremia la angustia. Sin embargo, la Academia tiene un problema que excede el campo de juego, allí en donde se define la suerte de un campeón. Sufre de un mal de estos tiempos: ansiedad. La cabeza le da vueltas desde hace un buen tiempo: es el mejor equipo de la Superliga -el equipo que más partidos ganó, el equipo que más goles convirtió- y siente que el trayecto rumbo al título no llega más. Que falta una eternidad. Y, en el mientras tanto, la lucha es interna: entre sus buenas intenciones, entre su juego audaz, entre sus figuras experimentadas, y esa dosis de máxima adrenalina de los que vuelan en las alturas. En Santa Fe fue una sombra, pero rescató un empate, a tres minutos del final. Cvitanich puso el corazón, en el 1-1 con Colón.

Un libreto secundario, lejos de las principales luces, agobiado por las corridas profundas de Morelo y Esparza por los costados y los puñales lejanos de Estigarribia. Racing no se despertó hasta el último tramo del encuentro, cuando mostró apenas sutilezas de lo que puede ser. Colón repitió el manual de River, de tiempo atrás: no lo dejó pensar, no le dejó tener la pelota con la libertad de siempre, no lo dejó volar. Pol Fernández y Neri Cardozo -reemplazado en el inicio del segundo tiempo por Augusto Solari-, fueron la expresión de la falta de lucidez, silbaron bajito, en un costado de donde se deciden los asuntos importantes. Al menos, con ímpetu y vergüenza, la Academia insistió hasta el último silbato. Aturdido, nervioso, con esa ansiedad que lo envuelve y lo comprime, fue más de una vez. Los reproches repetidos de Lisandro López contra Jorge Baliño fueron una muestra inequívoca. No solo eso: contra sí mismo, contra sus compañeros -un centro por los aires de Saravia, por ejemplo- y contra todos. Fue amonestado, después de un forcejeo y un tumulto.

La apertura del marcador fue de penal: un derechazo de Morelo implacable, luego de sufrir una falta de Mena, en el área. El cierre fue de Cvitanich: más que un refuerzo.

Los últimos 30 minutos fueron electrizantes, el eterno juego del gato y el ratón. Desesperado, Racing intentó por todos los frentes: por arriba, por abajo, con centros, con gambetas. Envalentonado, Colón descubrió los espacios con el hambre de los que no se alimentan desde hace mucho tiempo. Su último triunfo había sido un 2-0 sobre Argentinos, el 28 de enero pasado. El partido, al final, fue un regocijo para el espectador imparcial, un eterno sufrimiento para los dos equipos. Hasta que un rebote en el travesaño, luego del impacto de Donatti, encontró a Cvitanich de cara a la liberación. Al menos, un punto.

Racing tiene de todo. Tiene a Lisandro López, el artillero, símbolo y capitán, con 16 tantos. Tiene a Cvitanich, la mejor compañía y el asistidor más inteligente. Tiene a Matías Zaracho, el joven con mayor crecimiento del mercado. Marcelo Díaz es un faro en la zona media; los zagueros son sólidos, convincentes y el arquero, Gabriel Arias, de lo mejor de la actualidad. Racing es una estructura sólida, entusiasta y audaz, creada con el sello de Eduardo Coudet, un entrenador que también sufre de ese vértigo natural, el que espera con ansias, con desesperación: su primera vez. El bautismo. El título que cambie su historial de una vez y para siempre. En esa aventura -concreta, posible-, convive en el día a día, sin espiar el porvenir. Faltan apenas tres fechas. La última será contra Defensa y Justicia, el candidato del bajo fondo, en el Cilindro.

No quiere arriesgarse a acabar con la función estelar ese día, a esa hora. Precisa terminar la obra antes del 7 de abril próximo. Aunque falte una eternidad. Afloja, duda, justo cuando debe pisar sobre el asfalto. Más que nunca, debe exhibir su cartel de candidato, sin pasos en falso, ni futboleros ni psicológicos.

Pero la ansiedad apremia: les hace cosquillas en los botines. En Santa Fe se exhibe con una dimensión menor, sin la prepotencia de otras tardes, más allá de que en las últimas funciones había perdido cierta tensión. El aliento de casi 6000 hinchas de la Academia causó un impacto negativo. «¡Para ser campeón, hoy hay que ganar!», resultó el grito de guerra de los fanáticos.

Dice Coudet: «No tenemos que hacer conjeturas ni futurismo, tenemos que vivir el presente. Nos ayuda que nos acostumbramos a jugar como punteros e intentando sostener la punta. Sostenerte en el tiempo con una obligación, hace que sea más fácil llevarlo». Insiste el DT, (no) pensando en la renovación de su contrato: «Hace 10 fechas decíamos que hasta que termine esto no debemos tener distracciones y seguimos igual. Cuando termine, nos juntaremos a hablar». Repite el conductor: «A Defensa lo miramos de reojo. Lo fundamental es que nosotros pensemos en nosotros, intentar generar y ser protagonistas del juego». Dice Víctor Blanco, el presidente: «Estábamos cansados de que a Racing se lo vincule con lo negativo. Es cierto que ha sido un club sufrido, pero no queríamos darle protagonismo a eso que muchas veces puede servir como excusa para no hacer las cosas bien. Era algo que teníamos que cambiar y hacer entender a la gente que había otro camino». Insiste el directivo: «En este camino está Diego Milito como principal bandera. Su llegada potenció todo el ámbito. Fue un jugador que vivió todas en este club. Que supo ganar la Champions en el Inter, y que decidió volver». Ruega el dirigente: «¡Que termine ya el campeonato! Lo veo muy bien a Racing, me parece que tenemos altas posibilidades. Espero que podamos ser campeones antes de Defensa y no tener que depender de eso».

Colón fue un adversario indescifrable. El conductor de anoche fue Marcelo Goux, interino luego de la despedida de Julio Comesaña, que apenas dirigió un puñado de partidos, a los 70 años. El conjunto santafesino tendrá cinco entrenadores en una misma temporada: Eduardo Domínguez, Esteban Fuertes, Julio Comesaña, Marcelo Goux y Pablo Lavallén, quien asumirá en los próximos días, y vio desde un palco el partido. Casi da la sorpresa; no supo sostener la ilusión. Porque apareció el corazón de Racing.

 

Fuente: www.lanación.com