Barcelona y Liverpool, a priori los equipos más fuertes (por presente y por historia) de los cuatro semifinalistas de la actual Champions League, protagonizaron un entretenido e increíble partido en el que los españoles se quedaron con una ventaja exagerada y que, paradójicamente, pudo ser más abultada: fue 3-0 en el Camp Nou, con dos goles de Lionel Messi, que llegó a los 600 en el equipo catalán.

En un comienzo de partido eléctrico y entretenido en el que los dos propusieron, ya a los tres hubo movimientos en las áreas. Una pared entre Rakitic Coutinho terminó con un centro atrás del croata para la aparición del chileno Vidal, pero la defensa visitante despejó justo. En la jugada siguiente respondió Mané con una rápida entrada al área donde  cayó cuando encaró a su marca, pero no pareció penal y fue un acierto del juez.

Los primeros minutos mostraron intenciones de ambos de no conformarse con el cero y así se armó un ida y vuelta divertido, con Messi y Salah encendidos cada uno por su lado. Hasta la polémica apareció en el choque a los 13′. El argentino encaró a la defensa inglesa y levantó la pelota para gambetear a Joel Matip dentro del área, la redonda dio en la mano del defensor y no la dejó pasar. El árbitro no cobró a pesar de las protestas y tampoco hizo su aparición el VAR.

Y en este ritmo frenético en el que ambos intentaban pero no lastimaban, el Barsa golpeó primeroJordi Alba se vistió de Messi y habilitó al uruguayo Luis Suárez, que tirándose se le anticipó en el primer palo al arquero brasileño Alisson y clavó el 1-0.

Paradójicamente después del gol del equipo de Valverde el partido se «planchó» un poco. Liverpool sintió el golpe y Barcelona no pudo aprovechar el envión, pero fueron los ingleses los que contaron con la más clara en el resto de los primeros 45′. Mané no acertó al arco tras un gran pase de James Milner que lo dejó casi cara a cara con Ter Stegen.

En la segunda mitad el Liverpool salió dispuesto a empatar el encuentro y en los primeros minutos convirtió al alemán Ter Stegen en figura. Primero tapándole un disparo a Mané tras un pase de Georginio Wijnaldum. A los siete minutos se estiró abajo sobre su palo izquierdo para frustrar un remate desde afuera del área a Salah y cinco minutos después no dio rebote ante Milner. El equipo de Jurgen Klopp le sacó la pelota al Barsa, que ya no podía recuperar y sólo atinaba a defenderse.

Y cuando el Liverpool asediaba, en un momento de cansancio de los ingleses el Barcelona aprovechó para dañarlo más. En una jugada colectiva la pelota le quedó incómoda a Suárez, que remató con la rodilla ante la salida del arquero y pegó en el travesaño. El rebote lo agarró la Pulga con el pecho y, ante la sorpresa de toda la defensa visitante, empujó adentro la pelota para el segundo.

Y el argentino hizo de las suyas, una vez más, minutos después cuando llegó a los 600 goles con el Barsa. Con un glorioso tiro libre clavó en el ángulo la pelota para darle a su equipo una ventaja exagerada por lo que se había visto en el partido ante el momento. Para colmo, los ingleses tuvieron el descuento en la siguiente y, entre Ter Stegen y la defensa culé, se lo sacaron de la línea en dos oportunidades.

El cierre del encuentro pudo ser peor para Liverpool. Porque en el afán de conseguir un gol como visitante para que los deje mejor parados para el próximo martes en la revancha en Anfieldse «regaló» en varias contras que el Barcelona no pudo concretar.

La peor de todas fue la del instante previo a. Dembelé la llevó por el medio y abrió para la izquierda a Messi, quien le devolvió al francés engañando a toda la defensa inglesa y el joven extremo le pegó mal y dejó mansa la pelota en las manos de Alisson. Lo dicho: increíble partido.

 

Fuente: www.clarín.com