Este 29 de diciembre se cumple un lustro desde el momento en que el alemán golpeó su cabeza contra una roca en los Alpes franceses.

Había pasado poco más de un año desde su última carrera como piloto profesional de Fórmula 1. A fines del 2012, y con el ascenso de Lewis Hamilton en el equipo de Mercedes, Michael Schumacher anunciaba su retiro de la competencia. La idea del alemán era disfrutar de su familia, a tal punto que en diciembre del año siguiente decidió pasar unas vacaciones junto a su esposa e hijos sin imaginar lo que el destino le tenía preparado.

El 29 de diciembre del 2013 encontró al ex piloto esquiando junto a su hijo en la estación alpina de Méribel. Un día inolvidable para el pequeño Mick, que fue testigo del trágico accidente que sufría su padre, quien golpeó su cabeza contra una roca.

Traumatismo craneoencefálico severo, con hematomas intracraneales y edema cerebral difuso. Un helicóptero lo llevó directamente a la clínica de Moutiers, para luego ser trasladado a un nuevo centro médico en Grenoble: «Ha necesitado inmediatamente una intervención de neurocirugía. Se encuentra en estado crítico», fue el primer parte médico oficial después de practicar una doble cirugía en la cabeza del corredor.

Un coma profundo mantuvo en vilo al mundo hasta junio del 2014, cuando «Schumi» despertaba y era derivado al hospital universitario de Lausana, Suiza. El alemán estuvo poco más de 250 días entre hospitales hasta que finalmente su esposa Corinna y su representante Sabine Kehm tomaron una medida extraordinaria para proteger al ex piloto.

El oriundo de Hürth era trasladado a su hogar en Gland, Suiza. Una mansión a orillas del Lago Geneva que fue reconstruida para mantener con vida al múltiple campeón de mundo. Una fortaleza que privó a todos los curiosos de saber qué ocurría con el ídolo.

La mayor parte de la fortuna que consiguió como deportista se invirtió en una casa convertida en una en una clínica de última generación con un equipo de médicos a su disposición (algunos medios estimaron que eran 15 profesionales). Para apaciguar los gastos, que llegaron a rondar los 165 mil euros por semana, la familia se vio obligada a subastar bienes personales del corredor, como su avión privado o su monoplaza histórico con el que ganó el Gran Premio de Mónaco en 2001.

Desde su llegada a Suiza, la información acerca del estado de salud de Michael Schumacher fue entregada a la prensa con cuentagotas por decisión de Corinna, su ángel guardián, que decidió llevar a la justicia a diversos medios que osaron publicar novedades «incorrectas» de él como Bunte, que en 2015 publicó en su portada que era capaz de caminar 

«Michael no va a desaparecer, pero en este momento la situación privada es tan complicada que lamentablemente no se puede revelar nada. Esto se tiene que comprender», detalló Kehm en julio del 2016 al medio alemán Kolner Express: «Sólo hay que aceptar que la familia quiera seguir protegiendo la privacidad».

Dos meses más tarde llegaba la primera información real de lo que ocurría con el heptacampeón de la Fórmula 1: «Schumacher no puede caminar», aseguraba su abogado Felix Damm.

Su salud fue una incógnita rodeada de rumores, en el medio, la familia Schumacher ganaba juicios por informaciones falsas y continuaba subastando objetos del ex piloto para mantener sus cuidados, hasta que en 2018 se conoció la compra de una mansión en Marsella, perteneciente a Florentino Pérez, presidente del Real Madrid.

Si bien se confirmó que la residencia costó alrededor de 35 millones de dólares, se desmintió que haya sido con el objetivo de trasladar al ex piloto. Ante los dichos, fue Sabine Khem la que se vio obligada a refutar esa información: «La familia Schumacher no tiene previsto mudarse a Mallorca».

En agosto de este año, una nueva revelación impactó al mundo: «Cuando lo pones en su silla de ruedas frente al hermoso panorama de las montañas que miran al lago, Michael a veces llora», confesó un familiar a la revista Paris Match.