A pesar de las mil voces, varias de ellas oficiales, relacionadas con la desprolijidad de los colectivos de turismo respecto de la forma de circular, nada ha cambiado.

Luego de la “tragedia de La Cuesta”, no fueron pocas las opiniones de distintos sectores de la comunidad pidiendo en algunos casos más controles y reconociendo desde la otra vereda que los mismos deberían ser más intensos. No obstante, día a día, más allá de si circulan con papeles en regla o no, es una constante ver unidades de gran porte circular por pleno microcentro, treparse a los cordones de las ochavas o estacionarse en cualquier parte.

Ayer, en horas del mediodía, un colectivo con turistas estuvo estacionado media hora en la puerta del Banco Nación, sucursal central.

El ómnibus se paró en plena avenida Yrigoyen, en el sector asignado para el estacionamiento de camiones de caudales. Se estacionó allí a esperar a turistas que andaban por el centro.

Estuvo cerca de treinta minutos quieto en un lugar prohibido, teniendo en cuenta muchos factores, por ejemplo, la seguridad del Banco, y no pasó nunca un móvil policial para advertir semejante situación.

Incluso algunos de los turistas que estaban arriba de la unidad, bajaron a tomar mates a la vereda, a la espera de que todo el grupo se reuniera.

Finalmente, el chofer corrió el micro, cuando desde atrás apareció un camión de caudales de la empresa Prosegur, que tuvo que correrlo a los bocinazos.

Silvio Barroso