Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña dilataron un ataque militar al régimen de Bashar al-Assad en Siria en represalia por el presunto bombardeo con armas químicas en Duma, y Moscú solicitó una nueva reunión del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas en medio de temores y advertencias sobre el peligro de una escalada que desate una guerra entre Occidente, Rusia e Irán, aliados de Damasco.

Luego de prometer una respuesta en “24 a 48 horas” y de anticipar -por Twitter- un bombardeo con misiles “nuevos, bonitos e inteligentes”, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, optó ayer por poner paños fríos al afirmar que nunca dijo cuándo atacaría Siria, y que eso podría ocurrir “muy pronto, o no tan pronto”.

“Estamos mirando muy, muy en serio, muy de cerca toda esa situación. Y veremos qué sucede, amigos. Veremos qué pasa”, matizó el presidente, en la Casa Blanca, recurriendo a una de sus clásicas muletillas en uno de sus breves ida y venida con los periodistas.

Trump se reunió ayer con su Consejo de Seguridad Nacional, que preside John Bolton, y tenía previsto hablar por teléfono a la noche con la premier británica, Theresa May, y el presidente de Francia, Emmanuel Macron.

No muy lejos de allí, en una audiencia en el Congreso, el secretario de Defensa, Jim Mattis, reforzaba la cautela al señalar que el gobierno norteamericano aún no había tomado una decisión definitiva respecto de un ataque militar en Siria. Mattis, además, reconoció que una de las “preocupaciones tácticas” que sopesaban sobre esa decisión era evitar que el conflicto “escale fuera de control”.

“¿Qué le preocupa más sobre una acción militar que podamos tomar?”, le preguntó la congresista demócrata Niki Tsongas.

“Hay una preocupación táctica, señora, que gente inocente… que no agreguemos ninguna muerte civil y hagamos todo lo humanamente posible para evitar eso”, respondió Mattis. “Estamos tratando de detener el asesinato de personas inocentes -continuó-, pero, en un nivel estratégico, es cómo evitar que esto escale fuera de control, si entiende lo que quiero decir”.

En Nueva York, el embajador de Rusia ante la ONU, Vassily Nebenzia, advertía tras una reunión cerrada del Consejo de Seguridad sobre el riesgo de una guerra en Siria que podría llegar a involucrar a Moscú y Teherán, aliados de Damasco, y a las tres potencias occidentales que han ventilado la posibilidad de un ataque militar, Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña. Rusia ha negado el ataque químico.

“La prioridad inmediata es evitar el peligro de la guerra”, dijo Nebenzia a la prensa. “Estamos muy preocupados con esta situación, con esta peligrosa escalada. Esperamos que no haya un punto de no retorno”, agregó.

En Francia, Macron afirmó que su gobierno ya tenía pruebas sobre la responsabilidad de Al-Assad y el uso de armas químicas en el bombardeo de Duma, pero, a la vez, también alargó la expectativa al indicar que cualquier decisión llegaría “a su debido tiempo” y cuando resultara “más útil y efectivo”.

“Tenemos pruebas de que el régimen de Bashar al-Assad utilizó armas químicas, al menos cloro”, dijo Macron en una entrevista televisiva. Cuando se le preguntó si se plegaría a un eventual ataque, respondió: “Tendremos que tomar decisiones a su debido tiempo, cuando lo juzguemos más útil y efectivo”.

Trump y Macron han hablado en varias oportunidades esta semana, y ambos han dejado en claro que coordinarán cualquier respuesta militar contra Al-Assad.

En Londres, Theresa May recibió ayer el respaldo de su gabinete para sumarse a una eventual ofensiva militar de Estados Unidos y Francia. Un vocero de Downing Street dijo que el gabinete, durante un encuentro con la premier, había concluido que era “altamente probable” que el régimen sirio fuera responsable por el ataque de Duma y que el uso de armas químicas no podía “no ser cuestionado”. May obtuvo la luz verde para “continuar trabajando” con sus aliados para coordinar la respuesta contra Al-Assad.

 

Fuente: www.lanacion.com.ar

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