Se adelantó el entrenamiento para poder ver el cruce entre el seleccionado africano y el de Islandia

El entrenamiento ya había quedado atrás hacia unos minutos. Pese a que estaba pautado comenzarlo a las 18 (las 12 de Argentina), el plan se modificó: la práctica se adelantó una hora y media para poder liberarse a tiempo para ver por TV el duelo de Nigeria-Islandia en Volgogrado.

Ya duchados, los jugadores de la Selección se dispersaron cada uno en su lugar preferido de la concentración de Bronnitsy. Empezaba el partido que le daría la última vida al equipo de Lionel Messi y compañía.

La gran mayoría prefirió refugiarse en la intimidad de su habitación. El ánimo seguía bajo tierra por el mazazo de casi nocaut recibido en la noche rusa del jueves ante Croacia.

No hubo quórum para reunirse a ver entre todos un encuentro que podía entregar distintos escenarios para el conjunto nacional.

El cuerpo técnico también lo atravesó de la misma manera. Cada uno decidió verlo por su cuenta. Jorge Sampaoli, por caso, se quedó sentado enfrente de un televisor led en la zona de la cocina del búnker albiceleste.

Desde allí, gritó el primero de Nigeria con el puño apretado junto a algunos integrantes que acompañan a la delegación en el Mundial. Como una irónica humorada, de estar en el horno casi cocinado, pasó a asomar la cabeza y saber que dependerá de sí para clasificar a octavos.

Estaba muy golpeado el DT después de la goleada sufrida ante los croatas y este resultado le dio vitaminas.

Después de la cena se juntará con el resto de sus colaboradores para comenzar a planificar lo que será la final del mundo anticipada para la Argentina.

Mientras el gran living con pantalla gigante era copado en su mayoría por los sparrings, en las habitaciones los futbolistas se comían los dedos en cada jugada.

Hubo algunos que para alivianar tensiones y no caer en el profundo mundo de las ansiedades, prefirieron apagar la tele y utilizar ese tiempo para hablar con sus familiares.

Otros lo empezaron mirando de reojo y se fueron metiendo más con el paso de los minutos y de los goles nigerianos.

“El palazo todavía se siente fuerte, pero con este resultado al menos se vieron las primeras sonrisas desde la derrota”, le confió a este diario una voz de peso en el plantel.

Algo cambió al menos. Todos son conscientes de que el fútbol les regaló una nueva chance. La última para extender la vida, aquí, en el verano ruso.

Depende de ellos, y ese es ahora tal vez el mayor problema a resolver. Tragar el veneno, cómo dijo Javier Mascherano, y jugarse a todo o nada en San Petersburgo. La pelota está de nuevo en los pies de la Selección. ¿Habrá reacción?

 

Fuente: www.clarin.com/deportes