El viernes, los jueces de la Primera Cámara del Crimen, el fiscal, la querella y los defensores de los acusados se harán presentes en el cruce de callejón Ramírez y Amapola, de la Isla del Río Diamante, para conocer el lugar donde fue ultimado Mauricio Orellano. Los imputados son Sandro “el comisario” Sepúlveda, Brian “el narigón” Olivares y Claudio “el costeleta” Sepúlveda.

Los magistrados de la Primera Cámara del Crimen, en compañía del fiscal, la querella y los abogados defensores, irán el viernes a la Isla del Río Diamante con el fin de hacer una inspección ocular en el lugar donde asesinaron a Mauricio Orellano, en mayo del año pasado.

El procedimiento es parte del debate, que comenzó hace 10 días, y en el que están siendo juzgados Sandro “el comisario” Sepúlveda, Brian “el narigón” Olivares y Claudio “el costeleta” Sepúlveda, todos acusados de ser coautores del delito de homicidio calificado (premeditado y con alevosía con el uso de arma de fuego). Vale aclarar que Sandro y Claudio son primos.

La instrucción del caso determinó que los tres, portando armas de fuego, lo esperaron escondidos entre las sombras a Orellano, a la salida de la casa de la madre, y sin mediar palabras lo atacaron a balazos. Uno de los tiros le dio en el glúteo derecho, otro en uno de sus brazos y el tercero en la espalda que fue el que le causó la muerte al comprometer órganos vitales. Aparentemente el último disparo fue cuando ya había caído al suelo.

Es para destacar que, cuando fue interceptado, iba en compañía de su esposa, que, al ver a los sujetos con armas, logró saltar del rodado y resultó ilesa.

A medida que avanza el juicio, más firme es la hipótesis del ajuste de cuentas o venganza. Son varios los elementos que señalan que las familias Orellano y Sepúlveda estaban enemistadas desde hace tiempo. Incluso, el cuñado de Orellano había recibido un disparo en un ojo meses antes del asesinato. En ese ataque también se señala a los Sepúlveda.

Era un ida y vuelta de amenazas y ataques. Era evidente que alguien terminaría perdiendo la vida.

Horas antes de que Mauricio Orellano fuera ultimado, el auto de Sandro Sepúlveda, un Renault 12, había sido incendiado en uno de los callejones del barrio.

Se cree que los autores del ataque al vehículo del “comisario” fueron personas del grupo de los Orellano. A partir de allí, Sandro habría ido en busca de su primo Claudio y Brian a saldar cuentas con sus oponentes.

Después de varios días de juicio no quedarían dudas para el fiscal y los jueces que los dos grupos eran de andar armados por el barrio.

Silvio Barroso

www.ciudadanosur.com.ar