En la asamblea que inicia mañana, el centenar de obispos del país no sólo deberá terminar de ponerse de acuerdo sobre los grandes trazos del complejo proceso para prescindir de una buena vez del aporte del Estado a la Iglesia. De entrada nomás se zambullirán en un debate que promete ser fuerte sobre la polémica misa que ofició el arzobispo de Mercedes-Luján, Agustín Radrizzani, frente a la basílica a pedido de gremios muy opositores, donde sobresalieron en primera fila los camioneros Hugo y Pablo Moyano, en momentos en que ambos están asediados por diversas causas judiciales.

Si bien el presidente del Episcopado, Oscar Ojea, defendió en el plano de los principios la decisión de celebrar una misa en la que se ruega por “pan, paz y trabajo” -en lo que todos los obispos coinciden-, otra cosa es la celebración concreta de Luján por el contexto político y judicial y la crítica declaración final contra el Gobierno de exponentes de diversas confesiones religiosas.

Clarín pudo saber que más de un obispo tiene escrita una dura intervención en la que demanda a sus colegas redoblar la prudencia en la actuación pública para no dañar a la Iglesia.

Para una fuente eclesiástica consultada por Clarín, Radrizzani se ve venir un fuerte cuestionamiento y ello explicaría su segundo comunicado difundido el jueves, en el que reitera que nunca tuvo “el deseo de apoyar ni un partido, ni una ideología, ni una persona” y vuelve despegar al Papa, al señalar que “no tuvo injerencia en su decisión”. A la vez que, en esta oportunidad, pide “perdón” a quienes “sufrieron” por la realización de esta misa. E incluye una condena a la corrupción, que estuvo ausente en toda la celebración. “Le habló a la interna”, interpretó.

El malestar de muchos obispos alcanza también a dirigentes de la Fundación La Alameda, que encabeza Gustavo Vera. Es porque una de sus integrantes consiguió que el Papa, tras la Audiencia General del miércoles, firmara una remera del Frente Sindical para el Modelo Nacional, que organizó la misa, con la inscripción del lema: “Pan, paz y trabajo”. Y por su difusión en las redes sociales.

“En esas ocasiones al Papa le acercan infinidad de objetos, hasta le arrimaron hace unos meses un pañuelo verde, pero en el actual contexto la movida no ayuda”, dijo una fuente.

En menor medida, el presidente de la Pastoral Social, Jorge Lugones, también fue blanco de objeciones internas por haber recibido al día siguiente del pedido de detención de Pablo Moyano por la causa Independeinte, a su padre. Está claro –señalan- que la Pastoral Social recibe a todos, pero no pareció oportuno el momento en este caso.

Ya en junio, durante la Semana Social en Mar del Plata, Lugones había puesto en duda la sensibilidad social de la principal invitada a la apertura -la gobernadora bonaerense, María Eugenia Vidal, lo que no pareció de buena educación.

El avance en la prescindencia del aporte del Estado acaso le permita a la Iglesia mejorar su imagen y contrarrestar los duros cuestionamientos que recibió, por caso, por la celebración de la misa en Luján.

Más allá del debate interno, habrá que ver si los obispos deciden difundir el viernes, al término de la asamblea, una declaración con referencias a la situación social en medio del severo ajuste que aplica el Gobierno de Mauricio Macri.

Hasta ahora no hubo un pronunciamiento como cuerpo al respecto. Se descuenta que la Casa Rosada estará muy atenta esperando el desenlace del cónclave de la cúpula de la Iglesia argentina.

 

Fuente: www.clarín.com