A poco más de dos meses del crimen de Sheila Ayala, la nena de 10 años asesinada en San Miguel, empezaron a demoler el complejode casas tomadas del barrio Trujui donde vivía. Se trata del lugar conocido como Campo Tupasy, donde hace más de una década había funcionado una bailanta y club de la comunidad paraguaya, que quedó en la mira de vecinos y autoridades tras el caso del asesinato de Sheila.

El cuerpo de la menor, tras cuatro días de su desaparición, fue encontrado el 18 de octubre junto a la vivienda de su tío, detenido y principal sospechoso por el asesinato. Pero en el barrio empezó a generar reclamos la situación del predio donde vivía. 

La Justicia, con el aval de la empresa Panizza (de recolección de residuos), propietaria del terreno ubicado en Maestro Ferreyra y Aristóbulo del Valle, comenzó a negociar la salida de más de 50 familias que estaban instaladas allí, en construcciones ilegales que fueron cerrando el acceso al terreno.

ElAhora, en el municipio de San Miguel explican que unas 26 familias ya llegaron a acuerdos para irse y todavía quedan unas 30. Mientras, comenzaron a tirar abajo las edificaciones donde vivía gente.

El objetivo de la Comuna es reabrir una calle que atravesaba el predio, pero durante nueve años estuvo clausurada. Por eso, quienes llevaban a los chicos a la escuela tenían que caminar hasta ocho cuadras para rodear el Campo Tupasy.

Hoy el terreno está destruido. Hay escombros, paredes rotas y sacaron la puerta que bloqueaba la entrada al lugar. El escenario que había fundado un tal «Camacho», el dueño original del predio y cuyos herederos lo vendieron a Panizza, está destruido. Por orden judicial, queda en pie la casa donde asesinaron a Sheila.

En el barrio Trujui se profundizó la xenofobia y discriminación a la comunidad paraguaya tras el caso de Sheila. Muchos aseguran que dentro del Campo Tupasy hacían pelear a chicos por dinero y vendían droga.

“Se dice que los de adentro del campo son narcos pero los mismos pibes salen de ahí para ir a comprar. Así que no creo que sea cierto. Hay droga como en muchos barrios”, describe a Clarín Gabriela, que tiene 15 años.

 

Fuente: www.clarín.com