Tanto los integrantes de la fórmula ganadora de las PASO, Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner, como del amplio grupo de economistas que se presentan como referentes del Frente de Todos, manifestaron su inclinación a impulsar un “impuesto a los poderosos”, e incluso de usar la capacidad de emisión de pesos del Banco Central.

Claramente, se trata de dos iniciativas que, de prosperar, tienen el fracaso asegurado, como lo demuestra la larga historia de inflación y crisis recurrentes en la Argentina en más de 70 años.

Mientras que del lado del oficialismo se insiste en persistir con su política de emisión cero y búsqueda del superávit fiscal primario que acordó hace un año con el Fondo Monetario Internacional para revertir las crisis crónicas de endeudamiento. Pero no da precisiones sobre las correcciones que debería hacer para dar respuesta a los reclamos de todos los sectores económicos para volver a crecer, recuperar rentabilidad, mejorar el poder de compra de los salarios y generar empleos, imprescindibles para revertir el aumento constante del universo de pobres.

Uno de los economistas que aparece con una visión clara y contundente, sobre cómo está la economía hoy y también sobre recomendaciones para no repetir las experiencias del pasado es Diego Giacomini, director de E&R, profesor titular de la Universidad de Belgrano de Política Económica y profesor adjunto de la Universidad de Buenos Aires de Macroeconomía y Política Económica; y coautor de varios libros con Javier Milei, el último “Libertad, Libertad, Libertad, Para romper las cadenas que no nos dejan crecer”.

– ¿Qué economía cree que va a encontrar el próximo gobierno, según el resultado de las PASO es muy probable que sea del signo político y económico contrario al actual?

– La Argentina tiene dos problemas, el principal de hoy es la caída de la demanda de dinero, y el gobierno de Cambiemos termina su mandato de igual manera que como comenzó: con malos diagnósticos que llevan a políticas erradas y en consecuencia a malos resultados, los cuales se van acumulando. Por consiguiente, los costos que paga toda la ciudadanía en general, y del sector privado en particular; y la microeconomía puntualmente, son cada vez mayores.

– De Cambiemos se sabe cuáles fueron sus errores, y por eso el resultado que obtuvo en las PASO. ¿En el Frente de Todos también advierte errores de diagnóstico para definir las políticas correctivas a partir del 10 de diciembre, si confirma el 27 de octubre el resultado de las Primarias?

– Sí, totalmente. Soy amigo personal de dos ministros de cada uno, de Rogelio Frigerio y de un potencial ministro como Guillermo Nielsen, a quien le dije hace 2 semanas: “¿sabés qué me sucede? Cuando hablo con vos me pasa lo mismo que con Rogelio en 2015, antes de que ganaran y después habiendo ganado. La enfermedad de la Argentina es extremadamente compleja, con un cuadro macroeconómico complicadísimo, y estamos a 2 meses de que tengan que asumir; y no hay equipo; y no hay plan. Eso pasa en 2019 y pasaba en el 2015. ¿En aquel momento qué sucedió? el Gobierno llegó a diagnósticos a las apuradas que fueron realizados sin los estudios pertinentes, que condujeron a políticas erradas y que llevaron a pésimos resultados que se fueron acumulando unos sobre otros. Y ustedes, por lo que veo, están cometiendo sino el mismo error uno muy parecido, pero con un cuadro de situación todavía mucho más complejo».

– ¿Por qué, realmente lo ve más complejo que en 2015?

– No tengo ninguna duda. Creo que la Argentina se está dirigiendo a una crisis tal vez más difícil de las últimas décadas, porque es una crisis que, de estallar, juntará lo peor de la de 1989 con lo peor de la del 2002. Un economista visualiza la dificultad de una crisis a partir de medir cuánto se va a tardar en salir de ella, cuán difícil será ese proceso y con qué potencia-velocidad se puede superar. Cuanto más dure, más difícil sea salir; y cosas más difíciles haya que hacer para dejarla atrás; más lento será todo. Creo que la crisis que se avecina será la más complicada de todas.

– ¿Antes de avanzar en esa línea de pensamiento qué es lo que piensa que hay que hacer hoy para evitar caer en ese escenario de crisis, o cree que ya es inevitable?

– Su pregunta es muy atinada porque, primero y principal, veo que dado no hay plan económico, ni equipo económico, pienso que nadie en la oferta electoral, absolutamente nadie, tiene un buen diagnóstico de lo que hay que hacer para evitar esa crisis, si es que es evitable, creo que la probabilidad de evitarla es muy baja, y ya le voy a explicar por qué. Veo que nadie tiene un diagnóstico de lo que hay que hacer, porque claramente para evitar esta crisis va en contra de la casta política.

– ¿Por qué?

– ¿Qué es la crisis? Creo que la crisis tiene dos ejes, 1 es el default y 2 la hiperinflación. El primero ya está entre nosotros, porque de los 4 eslabones que tiene ya empezó el primero, con la suspensión de pagos selectivo para las Letes, Lecap y Lecer; el segundo se vincula con qué pasa con la resolución el balance del Banco Central que está quebrado, que esta política tiene un mal diagnóstico, porque estamos yendo a una crisis en lo que habrá que ver si es de default e hiperinflación, en el cual los indicadores sociales alcance niveles récord nunca vistos como por ejemplo el 65% / 70% de la población debajo del umbral de pobreza; o cesación de pagos sin desborde inflacionario, en el que la pobreza subiría al 50/55 por ciento.

– ¿Por qué dice que el Banco Central está quebrado, no lo ve como un fenómeno transitorio derivado de la sorpresiva devaluación de agosto?

– El Banco Central tiene un patrimonio neto negativo, esto es su pasivo es más grande que su activo, y eso es promesa segura de más devaluación y de inflación a futuro, porque la deuda de la autoridad monetaria es con los habitantes por sus tenencias de billetes y monedas; más las Leliq, más los Pases Netos (colocación de exceso de liquidez de los bancos a 1 día de plazo) y sólo tiene reservas netas de libre disponibilidad cada vez menores. El problema se origina en que hubo un (Guido) Sandleris I, transitorio, porque duró 6 meses con la estabilización del tipo de cambio y la consecuente baja de la inflación. La teoría económica es muy contundente con esto. De hecho, con Javier Milei, Mariano Fernández lo advertimos desde un primer momento, pero fuimos criticados por eso. Entre octubre de 2018 y marzo de 2019 el tipo de cambio estuvo contenido entre $37 y $38; y la inflación la logró bajar de más de 6% a 2,8%, pero nosotros alertábamos que la cotización del dólar iba a volver a saltar.

– ¿Por qué?

– Porque veíamos cómo se comportaba la dinámica de las tasa interés de regulación monetaria y la caída de la demanda de dinero por parte del público.

– ¿Por qué cree que siguió cayendo la demanda de dinero, si la reducción sostenida del déficit fiscal y de la inflación parecían que estaban contribuyendo a generar un clima de cierta confianza, aunque era incipiente?

– Ahí está, eso era lo que quería aclarar. Hay que mirar la dinámica de la tasa de interés, como aconseja la teoría desarrollada sobre los planes transitorio por Guillermo Calvo; Carlos Végh. Si baja mucho y rápido quiere decir que el plan tiene credibilidad, confianza y el Banco Central tiene reputación, y entonces la demanda de dinero aumenta, y la estabilidad se va a prolongar. Sin embargo, en esos 6 meses del Sandleris I la tasa de interés bajó lentamente, y poco.

– Pero, justamente, la tasa de interés de referencia de política monetaria había caído de 70% anual a 47% anual a 7 días a comienzos de este año…

– Sí, pero pasar de 70% a 47% anual en 6 meses era poco. Por eso veíamos que la demanda de dinero iba a volver a caer, y por tanto iba a provocar un exceso de compras en el mercado cambiario que se corrige automáticamente con salto del dólar y salto de la tasa de interés y después, del otro lado, con rezago, el dinero empieza a perder poder adquisitivo y la inflación se empieza a acelerar. Por eso la cotización del dólar saltó de $37 a 45 pesos.

– ¿Ahí es donde aparece lo que usted llama el Sandleris II?

– Exacto. Ese es el primer parche, porque como explican claramente Calvo y Végh, las enmiendas siempre duran menos que en el plan original. Se ve en la dinámica de las tasas de interés de las Leliq, que luego de subir baja menos en que en el Sandleris I, lo cual estaba vaticinando que el precio del dólar iba a volver a saltar más temprano que tarde, y las tasas se iban a volver acelerar. De nuevo, Javier Milei, Mariano Fernández y yo fuimos muy criticados. Muchos economistas ligados al Gobierno estaban convencidos de que el tipo de cambio estable en $45 había llegado para quedarse. Pero les remarcaba, como le muestro en el siguiente gráfico, que la dinámica estaba siendo igual que en los primeros 6 meses, pero peor, porque se reducía menos y más lento, duró 4 meses, como anticipaba la teoría. Y les decía: “Miren que cuando venga el escenario electoral todo se puede complicar, y se cumplió”.

Así se llega a las PASO, mi punto de vista es que no hay que equivocar detonante con causante. Obviamente, que el resultado electoral tuvo que ver en el salto del tipo de cambio, pero no fue la causa, porque por lo que le expliqué antes se veía venir ese movimiento. La prueba contrafáctica, es muy sencillo, si el FMI no hubiera puesto su programa con USD 50.000 millones a mediados de 2018 habría habido default e hiperinflación en ese momento, sin elecciones, sin Alberto Fernández; sin nada.

Ahora, es mucho peor que antes, porque en los Sandleris I y II faltó reputación del Banco Central; credibilidad; y había un plan monetario que era inconsistente con la escasez de divisas, pero no había venta de reservas para sostener el tipo de cambio; y ahora se está dispuesto a quemar todas las reservas que sean necesarias para mantener un tipo de cambio nominal que aguante hasta las elecciones.

– ¿Usted no comparte el criterio del ministro de Hacienda, Hernán Lacunza, de no diferenciar entre reservas brutas ni netas, sino que son las que son y están para usarse?

– No lo comparto. Seguir con el plan del Banco Central implica perder reservas, y se achica el activo. Por el otro lado, fíjese como cae la demanda de dinero: las Leliq que capitalizan cada 7 días, cada vez más se traspasan a pases netos que se capitalizan a un día, y ahora tienen que emitir base monetaria: 2,5% en septiembre y 2,5% en octubre; y el Gobierno tiene necesidades financieras por USD 11.000 millones hasta fin de año. El 45% de eso es en pesos y de ese 45% el 80% se va a tener que pagar en diciembre para cerrar el déficit fiscal, van a tener emitir para pagar el resto.

– ¿Las reservas de libre disponibilidad no cubren esos vencimientos de USD 11.000 millones hasta fin de año?

– No, ¿cuál es el problema? Que las reservas de libre disponibilidad se achican a un ritmo de USD 150 millones por día. Eso anticipa que el cepo cambiario se va a endurecer varias veces más de lo que está hoy. Por otro lado, aumenta la colocación de Leliq, aumentan los pases, y ahora comenzó a aumentar mucho la base monetaria, 2,5% en septiembre y otro tanto en octubre; y tal vez 15% o 20% en diciembre.

– Respecto de la flexibilización de la emisión cero que se mantuvo hasta agosto, en el Banco Central argumentan: “ay que comparar emisión cero con inflación al 2% mensual y bajando, que se preveía hasta antes de las PASO, y luego terminó en 4%, con emisión de 2,5% e inflación que se aceleró a 6% en septiembre y en torno a 4% para octubre, por lo tanto es más astringente en términos reales”. ¿Comparte esa visión?

– Es un grave error teórico que se lo comuniqué personalmente en privado al presidente Guido Sandleris y a un director del Banco Central, porque ese razonamiento muestra que no conocen lo que implica el funcionamiento del sistema de precios de mercado de dinero.

– ¿Por qué?

– Porque que se acelere la inflación lo que está mostrando es que el sistema de precios acelera los aumentos para licuar el sobrante de pesos que provoca la caída sostenida de la demanda de dinero, aún con emisión cero. Y que el ritmo de aumento de los precios pase de 4% en agosto a 6% septiembre y 6,5% o 7% en octubre lo que está mostrando es que la cantidad de dinero tiene que ser en términos reales todavía más chica de lo que es hoy. Pero en el Central hacen una lectura equivocada al querer ir en contra del mercado que quiere limpiar el dinero que sobra y emite más circulante. Por eso veo que hasta avanzado el primer trimestre del próximo año la Argentina está yendo a un tipo de equilibrio con dólar en términos reales más caro que el de hoy.

como el Banco Central está quebrado, la aceleración de la inflación y las recurrentes devaluaciones, como lo muestra el paso de una cotización de $17 a $25; luego a $37, y $45, y ahora a $60, con una tasa de inflación que no es lineal, sino que es polinómica; la acumulada de 2018 y 2019 va a llegar a 138%, luego de 85% en el bienio previo; y más de 75% en los anteriores desde 2013-14, van a determinar que el ajuste nominal que se viene y el control de cambios van a ser todavía más grandes, porque será otra vez la respuesta del mercado a pasivos de la autoridad monetaria cada vez mayores y activos cada vez más chiquitos.

– ¿Esa secuencia explica el default selectivo, para la deuda de corto plazo que el Gobierno dispuso el 1 de septiembre?

– Sí, porque el peso de la deuda en dólares en términos de PBI crece y se torna imparable, porque hasta antes de la última devaluación para que pudiera ser refinanciada y no aumentara se necesitaba alcanzar un superávit fiscal primario de 3,5% del PBI, y había un déficit de 1,5%, es decir se necesitaba un ajuste equivalente a 5 puntos del producto. Hoy ya se requiere un excedente de 4,5% del PBI porque aumentó la relación deuda/PBI en 15% del PBI. De ahí que el agujero fiscal ya es de 6% del PBI y por la secuencia inflación – devaluación, va a pasar a 7%. Y el próximo gobierno le va a tener que devolver al FMI al menos los USD 44.000 millones ya desembolsados o USD 52.680 millones si completa los giros de hasta USD 57.000 millones en junio de 2020; y a los bonistas privados USD 136.000 millones. En conjunto representan un 50% del PBI.

– Pero son vencimientos en 4 años, la equivalencia es de 12,5% del PBI de cada año…

– Sí, es demasiado, es impagable con un déficit fiscal financiero de 7% del PBI. De ahí que veo que el próximo gobierno se va a sentar y va a defaultear al FMI, porque no le va a poder pagar y tendrá que negociar nuevos plazos de repago. Y le dirá, asumiendo que asume Alberto Fernández, “ustedes se afiliaron al PRO y le dio un paquete de financiamiento para que Mauricio Macri no tenga que caer en cesación de pagos y pudiera tener chances electoral en 2019. Por tanto, o acepta una quita, o voy a los bonistas y le voy a hacer una quita más grande que la del 2005” .

– ¿Cuál sería el costo de esa estrategia, no es económicamente suicida, aunque luzca políticamente aceptada y alentada por parte de la sociedad o al menos de muchos de los votantes del Frente de Todos?

– Es que ya estamos con un balance del Banco Central quebrado que lleva a un Plan Bonex, como a fines de 1989, se convierten vencimientos de corto plazo a más de 10 años. Y un gobierno populista ama las situaciones desiguales ante la ley, por eso me imagino que a los pequeños ahorristas le respetará tasas y plazos; y luego fijará una escala progresiva. Y si no tiene plata para pagar usará la emisión monetaria que generará más inflación y menor demanda de dinero, con el consecuente efecto de implosión del nivel de actividad, aumento del desempleo, y mayor pobreza.

Esto es también interesante porque los argentinos le dieron el voto a Macri en el 2015 para castigar al kirchnerismo y ahora le devuelven el voto kirchnerismo para castigar a Macri. Y no nos damos cuenta de que estamos presos de la casta política, que más o menos todos hacen cosas parecidas y nos llevan a los mismos costos, pero como son acumulativos son cada vez más grandes.

– Su diagnóstico parece claro. ¿Qué cree que hay que hacer para salir de ese círculo vicioso, cada vez más costoso para la sociedad en su conjunto?

– Le dije que esta crisis probablemente va a ser una de las más grandes de las últimas décadas. Entonces, no se sale como en el 2002 que se salió, como le gusta hacer a los políticos, como Eduardo Duhalde y el compañero Roberto Lavagna que les gusta decir: “salimos de la crisis más grande de la historia”, pero no dicen que lo hicieron con un impuestazo; un ajuste que en términos del PBI pasó de un déficit fiscal de menos 4% a un superávit de 4%. Hoy no se pueden subir impuestos, hay que bajarlos. Y en la esfera monetaria se salió con emisión del Banco Central que hizo que en 2 años Lavagna duplicara la tasa de inflación: en diciembre de 2003 era de 3,7%, en 2004 sube a 6,1% y en diciembre del 2005 fue 12,3%. Es una demostración de que es una mentira que en la Argentina se emite para financiar el déficit fiscalporque esos años hubo superávit y se le dio a la maquinita porque inventamos la dominancia comercial, porque cómo había superávit entre exportaciones e importaciones, y de la cuenta corriente de la balanza de pagos, porque no se pagaban los intereses de la deuda en dólares, se buscaba evitar que se aprecie el peso y baje la cotización del dólar.

– ¿Dado que Alberto Fernández intentó convocar a Roberto Lavagna a su equipo, devaluándolo en su rol de candidato a presidente, pero revaluándolo como ministro, qué cree que sucedería si se repitieran aquellas políticas para salir de la crisis?

– Si se hiciera lo mismo, aumentar impuestos y emitir moneda, entraríamos en un pantano que nos chupa y nos tira para abajo. Porque es lo que dijo que quiere hacer el candidato por el Frente de Todos: ponerle plata en el bolsillo a la gente y bajar la tasa de interés sin ahorro. Es transformar el fango en arena movediza.

– Insisto, ese camino ya se recorrió y se sabe cómo terminó, con la intervención del Indec, para disimular la aceleración de la inflación y engañar a los bonistas que aceptaron el canje de deuda por bonos ajustables por el CER. ¿Cuál es su recomendación para salir por la puerta de adelante?

– Hay que hacer reformas estructurales a lo Carlos Menem. No quiero decir que sean las mismasEntonces se cambiaron las reglas de juego de la política económica de la Argentina y logró salir entre 1991 y 93 muy fuerte bajando la inflación. No no se puede hacer gradual, sino de shock. Para eso, primero y ante todo hay que hacer una reforma del Estado; bajar el gasto público para poder reducir impuestos. En los próximos 4 años hay que recortar el gasto público entre 13 y 15 puntos del PBI, para poder disminuir los impuestos entre 9% y 10% del PBI. Esa reducción nos llevaría a los niveles del 2003 y nos situaría en el promedio de los países exitosos de región, en términos de gastos en el PBI y de presión tributaria. Son Chile, Colombia y Perú que son los que más crecen. Es lo que hay que hacer para poder volver a crecer. Además, hay que hacer una reforma financiera-bancaria; y hay que hacer algo con el peso de la política monetaria y el Banco Central.

– ¿Cuándo se refiere a reforma financiera y bancaria, en qué piensa: la dolarización; la convertibilidad entre el peso y el dólar?

– Primero hay que dividir la banca para que sea anti corrida: una que se llama transaccional, banca Simon (Herbert Simon, economista, politólogo y teórico de las ciencias sociales estadounidense, de la escuela de Chicago) que en los años 30 propuso que los depósitos a la vista, como en cuenta corriente y en caja de ahorros, estuvieran 100% encajados, no se podían prestar, donde la entidad financiera cobra una comisión mensual o anual por la custodia y administración de los fondos; y una banca de inversión, con intermediación financiera en la que la ganancia es la tasa de interés, pero sin prestamista de última instancia. Hay que cerrar el Banco Central porque quien no cobra el préstamo va a la quiebra. Ese es un gran incentivo a prestar bien, a no regalarle la plata ni al sector privado ni al sector público, para que el financiamiento sólo esté dirigido al sector productivo que ofrece rentabilidad y capacidad de repago.

Creo que los economistas la profesión en la Argentina tienen que entender que hay que bajar la inflación de shock. Se acumuló 2.100% desde 2005; el Gobierno de Mauricio Macri en tres años y medio acumuló 265%; Chile tiene 9,5% en el mismo período de 3 años y medio; y Paraguay 8,9%. En esos años en esos países el tipo de cambio nominal subió 0,3% y 0,5%, respectivamente. No se puede bajar la inflación con Banco Central, peso y política monetaria, cómo hicieron los vecinos, porque no tiene el mismo punto de partida. Ellos tienen una población que ahorra y utiliza como reserva de valor la moneda que emite la autoridad monetaria; es decir tienen demanda del peso nacional. Por el contrario, en la Argentina ahorramos en dólares, lo que genera desequilibrios, exceso de demanda en el mercado cambiario, suba de la cotización del dólar; salto de la tasa de interés para corregir ese desequilibrio, lo que hace implosionar la demanda de pesos por motivo transacción, porque se cae la economía. Por eso lo que hay que hacer es que la gente piense en su moneda nacional. Hoy eso es irreversible.

– ¿Es lo que disparó el último libro con Javier Milei: Libertad, Libertad, Libertad: Para romper las cadenas que no nos dejan crecer?

– Exacto. Para nosotros, junto con la creación de una banca anticorrida, hay que crear la libre competencia de monedas, de modo que el argentino pueda hacer sus transacciones en la moneda o divisa que quiera. Esto sería muy interesante porque nosotros ya elegimos la moneda que es el dólar. Entonces, por un lado, se libera al político de la responsabilidad de tener que elegir una moneda, es un sistema más democrático, porque la elige el público. Y estamos sentados sobre USD 400 mil millones de ahorro que están fuera del sistema. De ahí que si con las reformas estructurales se genera confianza y regresan al país o al circuito productivo y comercial sólo el 10% por año, ingresarían USD 40.000 millones, es una suma equivalente a lo que necesita Vaca Muerta. De ese modo se generaría un shock de ahorro monetario genuino que llevaría a derrumbar las tasas de interés, los ingresos de la población se multiplicarían, y la Argentina saldría creciendo y produciendo a tasas chinas. Esa sería la solución. Hoy no hay otros economistas que lo propongan.

Fuente: www.infobae.com