El hilo siempre se corta por lo más delgado, frase antiquísima pero que nunca pierde vigencia, sobre todo cuando los números no cierran.

A pesar de que, desde hace un par de años, hay una normativa diferente y accesible para blanquear al personal que trabaja en casas de familia, lo cierto es que no se han registrado grandes cambios en tal sentido. De más estaría decir que es uno de los sectores que presenta mayor informalidad.

Al no existir relación de dependencia y considerando con todas las letras de que se trata de trabajadores en estado de vulnerabilidad, no es difícil desprenderse del servicio.

La fragilidad se presenta porque son empleados/as que trabajan en solitario, por lo tanto, no tienen la fuerza como bloque para realizar reclamos.

La actualidad está señalando un problema allí, y es que no están trabajando toda la semana. Es decir, aquellas señoras que antes cumplían funciones de lunes a viernes, hoy solamente lo hacen dos o tres veces en la semana. En otros casos únicamente van un día, y obviamente que otras dejaron de ir directamente.

No son pocas las personas que han perdido el empleo. En esa dirección es difícil conseguir datos objetivos, teniendo en cuenta el principio: la mayoría no están registradas.

Solamente la Oficina de Empleo del municipio sanrafaelino dio algunas pistas en relación al tema y reconocieron que en los últimos meses han concurrido muchas mujeres que trabajaban en casas de familia que se han quedado sin nada.

En tanto que, si bien existe un sindicato que las nuclea, todavía no hizo base en nuestro departamento. Únicamente tiene una sede en la capital de nuestra provincia y todo indicaría que un tiempo no muy lejano estarían instalando una oficina en el sur. Quizás allí, algunas cosas comiencen a cambiar.

Silvio Barroso