Hoy, día del padre, cuatro provincias celebrarán elecciones provinciales: San Luis, Tierra del Fuego, Formosa y Santa Fe pondrán en juego sus respectivas gobernaciones. Cada una con sus matices particulares.

Pero al observarlas como un todo, el primer aspecto que resalta por sobre los comicios que las precedieron es la más cierta posibilidad de que los oficialismos provinciales no se impongan por sobre sus competidores. O, al menos, que no lo hagan con la misma comodidad de los ahora mandatarios electos.

Este concepto, sin embargo, probablemente no aplique a la provincia de Formosa. Salvo que algún «cisne negro» aparezca nadando en aguas formoseñas, el cuasi eterno gobernador Gildo Insfran y su aceitada maquinaria clientelar obtendrán sin mayores problemas un séptimo período en la provincia norteña.

Tierra del Fuego y San Luis también muestran características distintivas: en ambas, las disputas no serán entre un oficialismo y una oposicion -u oposiciones- claramente definidas, sino que serán intrapartidarias.

En Tierra del Fuego, la gobernadora Rosana Bertone y el intendente de Río Grande Gustavo Melella se identifican como kirchneristas; mientras que San Luis se convertirá en el campo de batalla de lo que era otrora una alianza inexpugnable: la de Alberto y Adolfo Rodríguez Saá y su ex delfín, Claudio Poggi. Hoy, cada uno va por su lado.

Santa Fe, por su parte, será el escenario donde, por primera vez, se enfrenten aliados de las tres principales coaliciones que competirán por la presidencia en octubre: José Corral por Cambiemos, Omar Perotti por el peronismo, y Antonio Bonfatti como la pata socialista aliada a la fórmula compuesta por Roberto Lavagna y Juan Manuel Urtubey.

Santa Fe

Con sus casi 2.700.000 electores, Santa Fe es el tercer distrito electoral mas grande del país (8,36% del total). Allí, el socialismo pone en juego la continuidad de un proyecto que ya lleva 12 años -tres gestiones- al frente de la provincia.

El escenario se le presenta desafiante: en las Primarias del 28 de abril, el Frente Juntos del Partido Justicialista obtuvo la mayor cantidad de votos: 39,9%. No obstante, hay que aclarar que esa cifra estuvo compuesta por el 26,3% que sacó la fórmula compuesta por Perotti y Alejandra Rodenas, que se impuso en la primaria partidaria por sobre la de María Eugenia Bielsa y Danilo Capitani (13,6%). Pero el numero total sigue representando una ventaja significativa sobre el 29,9% de Bonfatti, gobernador entre 2011 y 2015 y presidente de la Cámara de Diputados provincial desde entonces.

En tanto, en tercer lugar quedó la fórmula del intendente de Santa Fe capital, José Corral, alineado con el gobierno nacional, que consiguió el 18,30% de las voluntades.

Este escenario contrasta con el de las elecciones de 2015, cuando las tres fuerzas principales sacaron prácticamente un tercio de los votos cada una, y donde el actual gobernador, Miguel Lischitz, se terminó imponiendo en el escrutinio definitivo por una diferencia menor a 2,000 votos por sobre Miguel Del Sel, del Pro.

No obstante la ventaja del Frente Justicialista con respecto a sus oponentes, su camino a la victoria no está completamente allanado: habrá que ver si Perotti logra retener un porcentaje sustancial de los votos de Bielsa, quien históricamente se ha mostrado crítica de su vencedor en las PASO. A pesar de haber ratificado explícitamente su apoyo al vencedor, sus votos podrían migrar a otras fuerzas.

Por su parte, Corral aprovechó la integración de Miguel Pichetto a la fórmula junto a Mauricio Macri y pidió a los simpatizantes del PJ que apoyen su candidatura a gobernador. «A todos los peronistas que quieren un país republicano, que creen en el legado de la democracia, los convoco a que nos voten el domingo», afirmó. «Si no, volvemos al pasado con Perotti, porque todos sabemos del apoyo de Cristina», agregó en declaraciones radiales.

En diálogo con Infobae, el candidato remarcó que su fórmula creció a lo largo del año y aseguró que lo hará aún más el día de las elecciones.  «Seguimos con las mismas propuestas que fuimos formulando en la primaria. Con más profundidad», indicó.

San Luis

También habrá tres fuerzas electorales con chances reales de disputar el territorio puntano. Pero como se mencionó previamente, estos comicios tienen la particularidad de que al final del día, una persona con apellido Rodríguez Saá habrá perdido una elección en San Luis.

Alberto y Adolfo Rodríguez Saá controlaron la provincia desde el retorno a la democracia en 1983. Mientras uno era gobernador, el otro ocupaba un puesto en el Congreso Nacional. Alberto, el actual mandatario, estuvo a cargo del ejecutivo durante tres periodos -actualmente esta completando el tercero- y Adolfo busca el sexto.

Sólo en dos periodos los hermanos dejaron el poder a colaboradores de confianza. entre 2001 y 2003, cuando Adolfo renunció a la gobernación para asumir como presidente, y entre 2011 y 2015, cuando Adolfo fue candidato a presidente y Alberto no podía ser reelecto por mandato constitucional.

Claudio Poggi, delfín de los hermanos, lideró San Luis durante este ultimo período. Sin embargo, cuando advirtió que la reelección no estaba en su horizonte, rompió con sus mentores. En 2017 se alió a Cambiemos y, de hecho, parecía encaminado a ganar las elecciones legislativas: sacó el 57,48% de los votos en las paso, contra el 38,3 de la fórmula encabezada por Adolfo. Pero a la hora de las elecciones generales, el tablero se dio vuelta: Poggi sacó el 43 %, y Rodríguez Saá el 55,5%.

Sin embargo, el escenario cambió desde entonces. Los hermanos limitaron sus aspiraciones políticas a su territorio y en el último tiempo se distanciaron el uno del otro, al punto de confrontar de manera directa.

Las tensiones llegaron a un punto tal que en abril de este año el senador Adolfo Rodríguez Saá amenazó a Alberto con convocar a una «pueblada» en caso que «no cesen las persecuciones contra los empleados públicos» que apoyan su candidatura por la gobernación provincial.

Mientras tanto, Poggi buscará explotar la disputa familiar y erigirse ganador. Para aumentar sus chances, este año formó una alianza con los socios de Cambiemos en San Luis (aunque evitando el sello de Cambiemos) y con el intendente de la ciudad de San Luis, hasta hace poco kirchnerista, Enrique Ponce.

Tierra del Fuego

En este caso, el candidato de Cambiemos, el radical Juan «Pipo» Rodríguez aparece último en intención de voto. Y los dos candidatos con mayores chances de ganar, la gobernadora Rosana Bertone (unidad fueguina) y el intendente de Río Grande, Gustavo Melella (concertación Forja), se identifican como kirchneristas.

Esto a pesar de que hasta hace no mucho, Bertone se había alejado del espacio conducido por la ex presidente: en las legislativas de 2017 compitió asociada al PJ-perdió duramente contra el kirchnerismo y cambiemos- y se alineó con Alternativa Federal durante su breve apogeo.

Sin embargo, a pesar de que ambos contendientes volvieron a levantar las banderas del gobierno anterior, no por eso la disputa deja de ser áspera. La previa a las elecciones estuvo empañada por presentaciones judiciales, debido a que la justicia electoral de la provincia decidió a última hora hacer lugar a una impugnación del partido liderado por Bertone y prohibir que Forja lleve listas colectoras para concejales y diputados si obtienen menos del 5% de los sufragios. La decisión motivó exaltadas criticas por parte de los representantes de Forja, quienes aseguraron que se trata de un fraude encubierto.

Pero más allá de las disputas legales, la elección se presenta reñida. En el entorno de Bertone cunde la preocupación por el contundente apoyo territorial que Melella ostentaría en su territorio. El numero podría llegar a ser menor que los que su coalición y colectoras podrían cosechar en Ushuaia, sede de su gobernación, Tolhuin  y hasta los de la Antártida.

La gobernadora selló un acuerdo con La Cámpora para incrementar sus chances en los comicios: consiguió una foto con la ex presidente en la sede del PJ y el el apoyo de Alberto Fernández en un video proselitista, donde el candidato a presidente deposita la culpa de los padecimientos económicos de la provincia en el gobierno nacional.

Por su parte, Melella logró el apoyo de Oscar Parrilli y el de Mario Secco, Luis D´Elía, y de los partidos Nuevo Encuentro de Martín Sabbatella. Sin embargo, no obstante el apoyo a su gestión, el intendente carga a a sus espaldas las causas por abuso sexual coactivo iniciadas por tres obreros  que afirman haber sido sometidos por el intendente.

Ellos denunciaron que Melella los convocaba por Whatsapp a su domicilio con promesas de trabajo o para saldar el pago de pequeñas obras públicas y abusaba de ellos

A estas causas se sumaron otras denuncias por la caracterización de la obra pública. Melella está acusado de beneficiar a una elite de empresas digitadas por el conservador Movimiento Popular Fueguino, su socio electoral junto a otros partidos vecinales.

La fiscalía le dio verosimilitud a las denuncias y avanzó con las imputaciones, pero en los nueve meses que lleva el trámite el juez Raúl Sahade nunca lo indagó. mientras que Melella, por su parte, negó todas las acusaciones y las atribuyo a campañas de difamación.

En este contexto de tensión y acusaciones cruzadas acudirán los fueguinos a las urnas. Si ninguna de las dos fuerzas más votadas alcanzara la mayoría absoluta, habrá una segunda vuelta a el domingo 23.

Formosa

Gildo Insfran buscará continuar eternizándose en una de las provincias más vulnerables de argentina. De no mediar imponderables, alcanzará su séptimo mandato como gobernador. Estará acompañado por el diputado provincial, el abogado Eber Solís.

Su única oposición será la de la alianza Nuevo Frente, constituido por los radicales PRO y un puñado de peronistas disidentes- que postula a Adrián Bogado, y Natalia Coronel, dirigente del partido Obrero.

Elegido gobernador en 1995, Insfran está a punto de cumplir un cuarto de siglo en el cargo. Antes, había sido vicegobernador desde 1987. Es decir: son treinta y dos años en el Poder Ejecutivo de una de las provincias más pobres de la Argentina.

El gobernador peronista no ha bajado los índices vinculados a la pobreza y la indigencia. El 41,1% de la población formoseña no tiene agua potable en sus viviendas y no existe tendido de gas en toda la provincia. Además, las estadísticas del Ministerio de Salud de la Nación, en base a estudios realizados en 2015, ubicaban la tasa de mortalidad infantil en 12,6%, sólo por debajo de las de Corrientes, que llegaban a 14,5%.

Sin embargo, sus chances de perder son prácticamente nulas. Insfran maneja los recursos provinciales a placer y su aceitada ingeniería clientelista garantiza los votos necesarios a cambio de las magras compensaciones proselitistas que extiende en todos los comicios a un electorado cuyas carencias se encuentran entre las mas altas del país.

Fuente: www.infobae.com