Cuando Mauro ve venir un patrullero, corre para meterse en su casa. Tiene 9 años y un miedo que se le hizo carne: hace un año mataron a su primo, Facundo Ferreira, y después de varias amenazas alguien le dijo que si su familia “seguía jodiendo», iba «a terminar como él”. Desde entonces, Mauro tiene pesadillas y corre ante la primera sirena.

Fue el 8 de marzo de 2018 que todo cambió para los Ferreira. Era jueves y todavía no habían empezado las clases. Facundo tenía 12 años y estaba nervioso porque tenía un examen para rendir. Esa noche, después de cenar, pidió permiso para ir a jugar a la Play con su vecino, “El Pelado”. Eso creyeron su tía y su abuela, con quienes vivía en el barrio Juan XXIII (más conocido como La Bombilla) de San Miguel de Tucumán.

“Hablaron pestes de mi sobrino. No saben el dolor que llevamos día a día. Me preguntaban qué hacía un nene de 12 años solo a esa hora. Yo les respondo que hizo una travesura, como cualquier niño que se va sin permiso. Yo sabía día a día lo que él hacía, estaba emocionado porque tenía que ir a la escuela, pero me lo han matado por la espalda”, intenta reconstruir Rita Ferreira (25), la tía de Facundo, sobre los primeros días de dolor.

“Mi primo tiene 9 años, hay un policía que lo quiso chocar a Mauro. Mi abuela lo ha denunciado. Este policía le dijo a Mauro que lo iba a matar como lo mataron a Facundo. Y parece que nadie hace nada, siguen como si no hubieran hecho nada”, se queja Milagros Ferreira (21), prima del nene asesinado.

Es que aquella noche Facundo no fue a jugar a la casa de su vecino, sino que se subió a la moto de un amigo, de 13 años, y juntos se escaparon para ver picadas que se realizan en la zona del Parque 9 de Julio. Pasó poco más de una hora hasta el llamado que lo cambiaría todo.

Un disparo en la cabeza

A Facundo lo mataron de un disparo en la cabeza. Cayó herido en Pasaje Río de Janeiro y Avellaneda. Una vecina filmó la escena mientras el nene agonizaba. “A nosotros nos dijeron que había tenido un accidente. Cuando llegamos al hospital nos enteramos que le habían disparado, pero no avisaron ni a los médicos para que lo salvaran. Llamaron a la ambulancia diciendo que había sido un accidente de tránsito, se dieron cuenta allá que tenía un disparo en la cabeza”, se indigna Rita.

La versión de la Policía fue que reprimieron una agresión de los dos chicos, que -según plasmaron en sus reportes- estaban armados.

Los dos policías eran Mauro Díaz Cáceres (28) y Nicolás González Montes de Oca (24), quienes andaban en moto e iniciaron una persecución en la calle Soldati y Honduras. El domo de seguridad detectó que había cinco motos. La de Facundo y su amigo se detuvo en una estación de servicio en Benjamín Aráoz y Soldati.

Doblaron por avenida Avellaneda y luego entraron a contramano por Pasaje Río de Janeiro. En ese lugar, los dos chicos de 12 y 13 años recibieron varios balazos de goma. Hallaron ahí -además- 12 vainas del arma 9 milímetros de Díaz Cáceres.

Ese mismo policía también quedó filmado marcando con tizas las propias vainas de sus disparos, algo fuera de protocolo en cualquier jurisdicción.

Asimismo, secuestraron un arma calibre 22 y dos vainas en el recorrido. Esa pistola fue peritada y los barridos determinaron que no tenía ADN de los chicos ni rastros de pólvora que indicaran que hubiera sido disparada.

La fiscal Adriana Gianoni ordenó que las pericias fueran realizadas en Salta y en Chaco, donde analizaron un barrido electrónico, que puede determinar los rastros de “fulminante”, que sólo son hallados en personas que dispararon un arma de fuego. Ambos dieron negativo.

La sospecha de la familia de la víctima es que los policías plantaron ese arma para justificar su accionar.

Pero esa primera versión sirvió para que el Ministerio de Seguridad saliera a defender la hipótesis del tiroteo: “No se trató de un caso de gatillo fácil, ya que los agentes actuaron contra un claro ataque y contra una agresión; como es su deber y obligación”, le dijo el ministro de Seguridad, Claudio Maley, al diario La Gaceta. Una postura que, además, fue avalada por la titular de esa cartera a nivel nacional, Patricia Bullrich.

Qué pasó con los policías

A pesar de que las pruebas fueron tirando por la borda la versión policial, Díaz Cáceres y González Montes de Oca siguieron en el cargo. Aun cuando los estudios les dieron positivo en cocaína y marihuana al momento del hecho.

Fuentes policiales indicaron que fueron pasados a tareas pasivas mientras durara la investigación, sin portación de arma. Pero siguieron cobrando su sueldo, a pesar de estar imputados en la causa de homicidio de Facundo.

La Justicia rechazó el pedido de prisión preventiva en tres oportunidades hasta fines de septiembre. Fue después de que González Montes de Oca fuera detenido por robo: lo capturaron vigiladores privados cuando escapaba tras arrebatarle la cartera a una mujer.

Quedó detenido por ese hecho y recién entonces lo pasaron a disponibilidad. Fue ahí que el juez ordenó la prisión preventiva.

Sin embargo, Díaz Cáceres, quien está acusado de ser el que disparó contra Facundo, sigue en funciones.

Los abogados de la familia Ferreira, de la organización no gubernamental (ONG) Andhes, presentaron ante el Ministerio de Seguridad un escrito para solicitar que Díaz Cáceres, tal como lo indica la normativa provincial, sea pasado a situación pasiva “porque está imputado por homicidio”.

«Al día de hoy, con el dolor que uno lleva adentro, uno todavía no sabe por qué lo han matado. Buscamos una respuesta, vamos al Palacio de Tribunales a mendigar justicia. ¿Y la Justicia dónde está? Dos policías mataron a Facundo por la espalda, siendo que era un niño. Me gustaría preguntarles qué han sentido con matar a una criatura. La veo a mi mamá, que dice que está muerta en vida, pero nosotros tenemos que seguir la lucha de Facundo, que tiene un asesino», se angustia Rita.

Ella -cuenta- casi todos los días mira los videos de ese día. Facundo en la moto, en la estación de servicio. Después mientras lo patean en el suelo. «Lo miro porque quiero buscar una respuesta. Mi familia está destruida y el asesino de Facundo camina por la calle, como si nada», piensa. 

Rita sueña a su sobrino, dice que lo siente cerca. La última vez lo soñó «grande» y caminando «como en cámara lenta». «Era flaquito y muy alto. Bien menudito», recuerda. Y cierra: «Nosotras queremos justicia, que llegue la verdad de Facundo, que no se hable lo que han hablado de mi negrito. ¿Qué, porque somos negros de barrio no puede haber justicia? No porque seamos de un barrio tenemos que ser marginados. La Justicia tiene que ser para todos igual».

 

Fuente: www.clarín.com