Eduardo Orellana, jede de las cárceles de Mendoza, se refirió a la importancia del trabajo para las personas privadas de libertad. “El trabajo para estas personas es una obligación, tiene que ver con conductas y habilidades que le permitirán a esa persona, cuando vuelva a ser parte de la ciudadanía activa, ser una persona que tenga mayores posibilidades de reinsertarse y vivir legalmente, cumpliendo las normas que todos estamos obligados a cumplir”, explicó.

Orellana afirmó además que “las cárceles son parte del sistema de seguridad. La seguridad no puede llegar hasta la comisaría, tiene que tener un retorno y es cuando la persona recupera la libertad”. 

Respecto de la función que tiene que tener la cárcel, el funcionario manifestó: “El sistema penal trabaja para que las personas que entraron salgan con más habilidades y hábitos, no van a salir mejores personas, eso no se logra en la cárcel; sí se logra que tengan mejores habilidades y conductas. La conducta de levantarse a un horario, de respetar, no agredir, ir a trabajar, tener un salario digno. Para eso necesitan saber oficios, certificar habilidades, seguir normas, tratar sus adicciones”.

“Mendoza invertía en todo, llenaba la cárcel, pero no invertía en infraestructura, por lo que era imposible, por más que las personas privadas de la libertad quisieran, trabajar y estudiar. Hoy existe un desarrollo formidable en materia de infraestructura. En Mendoza está la Cárcel Federal, va por Almafuerte II, construye prisiones alternativas en San Rafael, da lugares en Valle de Uco, así empieza a distribuir geográficamente esta provincia.