Tomás Herrera y Felipe Modarelli consiguieron el bronce, al finalizar terceros en la final del dos sin timonel.

Son elocuentes y “dados”. Habrá que decir que esa es una característica, por la frescura de la edad, que comparten la gran mayoría de los chicos que son parte de los Juegos Olímpicos de la Juventud. Pero ellos lo dejan todavía un poquito más en evidencia. Tomás Herrera y Felipe Modarelli transitan los caminos de la transparencia adolescente, esa que escasea en materia de filtros y que vive a fondo cada experiencia. Mucho más, claro, las que dejan marcas. Y ésta les dejó una en el pecho, fundida en bronce: la primera medalla para Argentina en Buenos Aires 2018.

En la final del dos sin timonel, con el empuje del público en Puerto Madero y la adrenalina fluyendo por sus cuerpos, Tomás y Felipe arrancaron con fuerza. Sin embargo, quizás por haberse exigido a fondo desde el comienzo, con el correr de los metros sus rivales se fueron acercando.

La pareja argetnina ganó la medalla de bronce en remo.

La pareja argetnina ganó la medalla de bronce en remo.

Pasaron el Puente de la Mujer en la delantera, pero las tres duplas europeas de elite con las que compitieron no se iban a rendir tan fácilmente. Al cabo, nadie quería ser el cuarto elemento en un grupo del que tres se iban a ir con un premio.

La vista del remo en Puerto Madero.
Foto: Ivo González / OIS

La vista del remo en Puerto Madero. Foto: Ivo González / OIS

Y pese a que los chicos argentinos resignaron la posición de privilegio, a nadie se le ocurrió mirar el bronce con mala cara. Por el contrario, se trató de todo un éxito, el primero para la delegación argentina -la más numerosa del evento- en estos Juegos.

El oro quedó para los representantes de Italia, Alberto Zamariola y Nicolás Castelnovo, mientras que la plata fue para los rumanos Florin Nicolae Arteni-Fintinariu y Alexandru Laurentiu Danciu.

Si lo pensás, por muy poco nos quedamos sin las otras medallas pero también logramos el bronce por muy poco. Entonces estamos muy contentos. Corrimos contra chicos que fueron al Mundial, a Uzbekistán lo conocíamos de otros torneos y de hecho nos ganaron la semifinal, pero tuvimos la fortaleza necesaria para conseguir una medalla para el país”, razona en la euforia Felipe.

“En los últimos dos meses, después del Mundial, nos preparamos muy fuerte para esta competencia. Nos adaptamos a los 500 metros gracias a él, que nos hizo traspasar a esta distancia todo lo que sabíamos con un gran plan de entrenamiento”, explica Tomás, destacando el trabajo del entrenador Martín Cambareri, responsable de la Selección. Lo nombrarán en reiteradas ocasiones mientras festejen. En el Mundial juvenil al que se refería Herrera, la dupla finalizó octava, un dato que incluso agiganta este logro.

Con gracia, mirarán para todos los costados mientras hablen con la prensa. Hasta levantarán la vista, porque gente desde los edificios más cercanos al dique los aplaude y saluda. Eso no les pasa inadvertido. “Es que durante la carrera, como es tan corta, no podés mirar ni al costado, Es darle, darle y darle. Pero cuando pasamos por abajo del puente sentimos vibrar el corazón”, asegura Felipe. Su compañero coincide en la sensación: “Por los gritos, no escuchaba ni mis propios pensamientos”.

De las palabras de esta dupla de bronce, pese a su corta edad, se desprenden valiosas enseñanzas. “Se trata de entrenar, no queda otra -asegura Herrera-. En el remo tuvimos unos años en los que la cosa no se sabía para dónde iba, pero con el apoyo del ENARD, de la Secretaría, de la Asociación de Remo y sobre todo de nuestro entrenador, pudimos hacer un buen trabajo. Se trata de eso: planificar, porque las cosas no llegan solas”.

Fuente: Clarín