La culpa no la tiene Rafael Nadal, claro. Tampoco sus competidores, que desde hace 14 años no hacen otra cosa que buscar antídotos para el veneno que llevan sus golpes y su extraordinaria manera de defender en el polvo de ladrillo.

Lo concreto es que el dominio del español en Roland Garros, donde este domingo levantó por 12ª oportunidad la copa del torneo más importante en canchas lentas, es tan abrumador que cuesta encontrar equivalencias en la historia del deporte.

En el remodelado estadio Philippe Chatrier, se cumplió el mismo ritual de cada primavera parisina sobre la tierra naranja: el rival de turno, en este caso un genial competidor como Dominic Thiem, hizo lo posible para que esta vez sí cayera el rey o al menos se viera algo más de emoción que en las finales pasadas. El público aplaudió algunos golpes espectaculares y se emocionó en el final. Y Nadal hizo lo que siempre hace: ganar. 

El austríaco, gran candidato a suceder en el trono a Rafa algún día -cada vez más lejano-, sólo logró su objetivo de dar batalla en los dos primeros sets, como prueba el resultado final .

No hay en el mundo del tenis una hegemonía parecida a la que el español logró en París, más allá de los enormes registros de Roger Federer en Wimbledon (8 títulos entre 2003 y 2017) o de Novak Djokovic en el Abierto de Australia (7 de 2008 a 2019).

Sus cifras apabullan: consiguió 93 victorias en Roland Garros, donde apenas perdió dos partidos. Como para ponerlo en escala, entre Guillermo Vilas y Gastón Gaudio, los dos únicos jugadores argentinos que consiguieron ganar el título de mayores en París (en 1977 y en 2005, respectivamente), suman 78 triunfos en ese escenario durante toda su carrera.

Algunos que podrían haber logrado reinados al menos parecidos al de Nadal, por diferentes circunstancias, no lo hicieron. El sueco Bjorn Borg, después de imponerse en Roland Garros en 1974 y en 1975, se llevó consecutivamente otros cuatro desde 1978 a 1981 y parecía que nada le iba a impedir continuar. Pero entonces anunció intempestivamente su retiro, con sólo 26 años, y dejó a todos con las ganas de saber cómo habría seguido la historia.

Otro cuento que podría haberse escrito de manera distinta fue el que tuvo como protagonista a Rod Laver. El australiano no sólo logró los cuatro títulos de Grand Slam en un mismo año calendario, hazaña que no consiguieron ni Nadal ni los otros enormes tenistas de esta era, sino que lo hizo en dos ocasiones: en 1962 y en 1969.

Laver llegó a los 11 títulos grandes, pero podrían haber sido muchos más si no hubiera tenido que cumplir una suspensión de cinco años por haberse convertido en profesional en una época en la que el circuito oficial no lo permitía.

Son contados los casos similares de atletas que dominan o dominaron en sus deportes. Floyd Mayweather es un ejemplo muy concreto de los que «aburren» al mundo con sus victorias. El boxeador estadounidense, invicto en 50 peleas como profesional, alcanzó su primer título el 3 de octubre de 1998, cuando se llevó el cetro superpluma del Consejo Mundial de Boxeo. Fue campeón del mundo en diferentes categorías, sin conocer otro resultado que el triunfo.

Usain Bolt es otro que no encontró rivales en sus especialidades: fue tricampeón olímpico en los 100 y en los 200 metros. En el hectómetro, el jamaiquino consiguió la medalla dorada en Beijing 2008 con un récord mundial de 9s69, que bajaría a 9s58 en el Mundial de Berlín 2009. Lo mismo sucedió en los 200, con la plusmarca de 19s19 en 2009. Su reinado en el atletismo de velocidad duró hasta Río de Janeiro 2016.

En el automovilismo, el alemán Michael Schumacher logró instalar una hegemonía que parecía interminable, cuando de 2000 a 2004 dominó con Ferrari la Fórmula 1 para alcanzar el récord todavía vigente de siete campeonatos, ya que los dos primeros los había conseguido con Benetton en 1994 y en 1995.

Michael Phelps abrumó a quienes intentaron competir contra él en la natación entre 2004 y 2012, particularmente en los 200 metros mariposa. Con 23 medallas doradas en su historial olímpico, dejó números que parecen imposibles de igualar.

Con la salvedad de que es imposible comparar a quienes practican deportes colectivos y dominaron sus eras, como Diego Maradona y Lionel Messi, los más cercanos a ese tipo de hegemonías son dos que fueron imbatibles en su tiempo.

Juan Manuel Fangio fue amo y señor de la Fórmula 1 y se quedó con cinco títulos mundiales entre 1951 y 1957, última temporada completa que disputó. Y Carlos Monzón reinó entre los medianos entre el 7 de noviembre de 1970 y el 30 de julio de 1977, con 14 defensas exitosas de su título para retirarse campeón.

Rafael Nadal, al cabo, escribió otro capítulo de un reinado mágico en Roland Garros, que hace dudar de una de las pocas cosas que los seres humanos tienen por seguras: todo en algún momento se termina.

En París, Rafa genera la creencia de que un día podría terminarse el universo, pero él seguiría, en cada comienzo de junio, levantando la copa que más le gusta.

 

Fuente: www.clarín.com