Comercio, migración y política son los temas que más separan al presidente del resto de las potencias; Merkel buscará defender sin dobleces el Acuerdo Climático de París.

Media ciudad se paralizó. Desde el aire, Donald Trump habrá tenido una imagen surrealista: avenidas sin autos y transeúntes varados en un cerco policial que les impedía moverse hasta que el helicóptero oficial llegara a destino. Era una calma engañosa, detrás de una burbuja de seguridad imponente. La sola presencia del presidente norteamericano convirtió Hamburgo en la capital de la discordia por la cumbre del G-20 , que empieza hoy.

La reunión en esta ciudad alemana será una vidriera de los profundos desacuerdos que dividen a las grandes potencias desde el ascenso al poder del presidente republicano.

“No vamos a esconder nuestras diferencias; por el contrario, vamos a llamarlas por su nombre porque hay divergencias de opinión en cuestiones esenciales”, anticipó ayer la canciller alemana, Angela Merkel , que organizó esta reunión con el firme propósito de mostrar su voluntad de no ceder ante las posturas disruptivas de Trump sobre comercio, migración y política medioambiental.

Al jefe de la Casa Blanca lo espera algo más que el liderazgo desafiante de la anfitriona. Su agenda de reuniones es un muestrario de conflictos que se agigantan. Hoy tendrá su primera reunión bilateral con Vladimir Putin , justo un día después de haber admitido que Rusia pudo haber interferido en las elecciones que lo llevaron a la Casa Blanca. La expectativa es mayúscula. ¿Qué primará? ¿La admiración personal que se profesan o las crisis que los agobian: Siria, la intervención rusa en Ucrania, el escándalo del hackeo en la campaña?

Trump verá también al líder chino, Xi Jinping, a quien acusó esta semana de no hacer lo suficiente para frenar los ensayos nucleares de Corea del Norte. Y tiene una cita con el presidente de México, Enrique Peña Nieto, aunque con pocas opciones de reencauzar una relación signada por la intransigencia norteamericana con los inmigrantes.

Sin brújula ante un orden mundial en transformación, los presidentes debatirán dos días dentro de un centro de convenciones en medio de la ciudad que está blindado por una zona de exclusión policial, pero bajo asedio permanente de manifestantes violentos de ultraizquierda.

A diferencia de las nueve cumbres anteriores de este foro de discusión sobre la economía mundial, los negociadores llegan desorientados al momento de las definiciones. “Todo queda en manos de los presidentes”, señaló una fuente de la organización de la cumbre.

La mayor duda anoche era hasta qué punto quedará en evidencia en la declaración final de la cumbre el aislamiento al que conduce Trump a Estados Unidos en dos materias centrales del debate: las barreras al comercio y la lucha contra el calentamiento global.

Merkel tejió acuerdos con todos los demás asistentes para defender sin dobleces la vigencia del Acuerdo de París sobre el cambio climático, firmado por la administración de Barack Obama y ahora repudiado por Trump a pesar de los ruegos de sus socios europeos.

Buscó sobre todo el respaldo de Xi, con quien se reunió ayer a primera hora. Su intención es que el documento final de la cumbre refleje la soledad de Washington en ese tema. “Las negociaciones no serán fáciles. Ya conocemos la posición de Estados Unidos y parece difícil que vaya a cambiar”, admitió la canciller.

El líder comunista chino se parará también ante Trump como un férreo enemigo del proteccionismo. Las señales en ese sentido son múltiples para el magnate que impuso la doctrina del Americafirst: la Unión Europea (UE) esperó hasta la víspera de esta cumbre para anunciar la firma de un tratado con Japón que creará la mayor área de libre comercio del mundo. Dio señales recientes, además, de su voluntad manifiesta de avanzar en un acuerdo similar con los países del Mercosur (al que Brasil y la Argentina representan en el G-20) y ampliar el que tiene con México.

Imprevisible como es, Trump se reserva para responder durante la cumbre. En los días previos prometió que vendría con “intenciones constructivas”, una expresión que repitió ayer ante Merkel durante la reunión preparatoria que mantuvieron al anochecer.

Sus colegas aterrizaron en Hamburgo sin saber bien qué esperar. Ni siquiera pueden dar garantías de que este grupo creado para dotar de alguna coherencia política el proceso de globalización pueda seguir funcionando mucho tiempo más con semejantes niveles de desacuerdo entre la mayor potencia y el resto del mundo.

 

Fuente: www.lanacion.com.ar/el-mundo

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