Una caravana con miles de migrantes hondureños que marchan hacia los Estados Unidos escapando de su crisis se concentraron en las últimas horas en el puente sobre el río Suchiate que separa Guatemala y México.

Volaron piedras. Hubo gritos. Quedaron zapatos abandonados en el suelo, niños en lágrimas, caras ensangrentadas.

Una masa humana se desbordó en la frontera. Después llegó la calma, pero no las certezas.

«Nosotros no venimos a molestar a nadie, lo que queremos es pasar. Pasar dignamente para seguir hasta arriba, hasta los Estados Unidos», dijo Juan Carlos Montejo, un hondureño de 30 años que quiere ver cumplido su «sueño americano».

La frontera del poblado mexicano de Ciudad Hidalgo permanecía cerrada después de que el viernes la caravana irrumpiera en estampida desde el paso fronterizo de la localidad guatemalteca de Tecún Umán.

Decenas de policías antimotines custodiaban la línea fronteriza en el puente internacional, mientras miles aguardaban hacinados detrás de la valla que los separaba de México.

México advirtió que sólo dejará pasar a quienes tengan documentos migratorios. Pero nadie que tenga visa trataría de entrar de esa manera.

Algunos plantean pedir refugio en tierra mexicana, aunque para eso deberían permanecer hasta 3 meses detenidos en instalaciones migratorias.

«Venimos emigrando por la crisis. En mi país no se puede vivir porque ahí no le alcanza para nada a uno el sueldo. No hay trabajo, no hay seguridad, no hay educación, no hay nada. Entonces vamos para Estados Unidos, para darle un futuro mejor a nuestras familias», agregó Juan Carlos Montejo.

Tras una convocatoria por redes sociales, la caravana salió el sábado anterior desde la hondureña San Pedro Sula, una de las ciudades más violentas del mundo. Y se fue engrosando hasta reunir unas 5.000 personas al llegar a la frontera mexicana, unos 650 kilómetros y una semana después.

«Salimos caminando, con esfuerzo, sufriendo», dijo Dani Infantes, oriundo de Copán. «Nosotros no venimos aquí por ganas de seguir sufriendo, venimos porque no podemos vivir en nuestro país. No hay trabajo, no nos alcanza.»

El presidente estadounidense Donald Trump agradeció a México que los frenara. Antes amenazó a Guatemala, Honduras y El Salvador con quitarles ayuda financiera.

Los uniformados usaron gases lacrimógenos para controlar a la multitud que corrió hacia la frontera mexicana. Algunos incluso se tiraron al río. Pocos lograron atravesar.

El presidente de México Enrique Peña Nieto calificó el incidente en su frontera como «una situación inédita» y advirtió que no se permitirá el ingreso de manera irregular y «mucho menos de forma violenta«.

La mayoría de los hondureños culpa al mandatario Juan Orlando Hernández por no terminar con los problemas sociales que llevan a la migración.

Hernández anunció en su cuenta de Twitter que habló con su par guatemalteco Jimmy Morales para coordinar el envío de micros así regresan a Honduras quienes lo deseen. Ambos se reúnen este sábado.

Fuente: www.clarín.com