Desde el año pasado, el reclamo mapuche pasó al centro de la escena en en esta ciudad históricamente turística.

Hasta hace muy poco tiempo la fama de Esquel estuvo exclusivamente atada a su geografía. Rodeada de montañas y bosques, la pequeña ciudad de Chubut es un espacio de descanso y un punto de apoyo para los que pretenden dar un salto hacia la Cordillera de Río Negro o los glaciares en El Calafate, Torres del Paine y Tierra del Fuego. Pero desde 2016, los nombres de Facundo Jones Huala y su grupo extremo Resistencia Ancestral Mapuche (RAM), se multiplican en sus veredas, en sus muros, en sus calles, en las voces de quienes las habitan.

Las acciones de RAM han ubicado en las noticias nacionales, una y otra vez, el área de Esquel, Leleque y El Bolsón por motivos muy alejados al de las vacaciones y el amor por la naturaleza.

El año pasado el referente indígena permaneció un mes detenido en la Unidad 14 de la ciudad. Su presencia y la de sus seguidores dejó huella. Generó una mezcla de empatía y temor. “Ahora es una persona familiar para los que vivimos acá y somos de acá. Al principio creo que no se lo asociaba con la violencia. Yo soy nic (nacido y criado) y apoyo la causa mapuche porque la entiendo, no me dejo llevar por lo que dicen”, dice el kiosquero Pablo Vidal (22).

Las arterias principales de Esquel están tomadas en estos días por dos rostros y dos nombres. En los postes de luz, en las paredes y en los comercios se observan imágenes entreveradas de Jones Huala y de Santiago Maldonado, el joven tatuador desaparecido el 1 de agosto en Cushamen en la zona de Leleque.

El fantasma del lonko radicalizado no es un cuento de niños para la gente de Esquel. Todo lo contrario. “Yo no te voy a decir mi nombre ni quiero que me saques fotos porque estos tipos son peligrosos y si uno habla después capaz te pasa algo”, dice un hombre de unos 45 años que camina por el centro junto a su esposa. “La semana pasada atacaron a una joven, le rompieron el auto, están por todos lados, tienen mucha gente amiga que los apoya”, agrega.

El entrevistado se refiere al ataque que sufrió la enfermera Marcia Parada hace unos días cuando volvía desde El Maitén a Esquel. Fue interceptada por un piquete en la ruta 40 levantado por los mapuches del Pu Lof (Cushamen). Un grupo lanzó piedras contra su coche y le rompieron el parabrisas. Otro ejemplo de los numerosos atentados perpetrados por RAM en Chubut y Río Negro.

“Apoyo el reclamo pero no el método de Johnny Huala”, indica Dante Lobos (66), con un dejo de afecto por el líder mapuche. Lobos es jubilado y acepta que la situación empeoró en los últimos meses. “Los métodos se volvieron más violentos, no lo apoyo, pero conozco lo que les pasó. Sufren el despojo histórico de sus tierras”, agrega.

Pero no todo es comprensión hacia la causa de la gente del Pu Lof.

“Los vecinos están re podridos de Huala y su gente. Antes hablábamos de turismo, de montaña, de naturaleza ahora todo es piquetes, atentados, no creo que la gente se sienta contenta con sus acciones”, relata otro vecino que trabaja en el municipio y que prefiere el anonimato.

En una pared externa del Tribunal Federal de Esquel, el mismo de donde salió la orden del juez Guido Otranto autorizando el procedimiento del 1 de agosto en Cushamen en el que intervinieron más de 100 gendarmes, se puede leer una consigna exigiendo la libertad de Jones Huala. Afuera unos pibes hacen skate como ausentes de cualquier conflicto. Una cuadra más allá se repiten los carteles con el rostro de Maldonado en los que se solicitan datos. El dolor, la tragedia y la paz de las montañas confluyen en la idílica Esquel.

Fuente: Clarín 

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