PARÍS.- La fractura entre «duros» y «blandos» de la Unión Europea (UE) puede quedar consumada este fin de semana después de que los cuatro países «rebeldes» del Grupo de Visegrado (Hungría, Polonia, Eslovaquia y la República Checa) decidieron boicotear la minicumbre sobre inmigración convocada por el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, en Bruselas.

Tras reunirse en Budapest, los primeros ministros de esos cuatro países impugnaron ayer la legitimidad de esa reunión -destinada a buscar una posición común antes de la cumbre europea del 28 y 29 de junio-, por considerarla una manifestación de apoyo a la canciller alemana, Angela Merkel, en su enfrentamiento con su ministro del Interior, Horst Seehofer, que la emplazó a hallar una solución a la crisis migratoria en dos semanas o de lo contrario cerrará las fronteras.

Los «rebeldes» también indicaron que se reservan su participación en la cumbre del 28 y 29 de junio, también en Bruselas y consagrada al tema migratorio.

Por un momento, Roma dejó también planear la amenaza de boicotear la reunión, estimando que las conclusiones ya estaban decididas y no respondían a sus exigencias, antes de confirmar finalmente su presencia.

Tanto la Comisión Europea como Berlín y París intentan conseguir un acuerdo que permita acelerar la expulsión de un solicitante de asilo hacia el país de desembarco, responsable de su caso, como lo estipulan los reglamentos del bloque. El proyecto también insiste nuevamente en la creación de un «mecanismo de solidaridad eficaz», con una repartición obligatoria de migrantes entre los países miembros, propuesta que el grupo de Visegrado rechaza enérgicamente.

Además de Alemania y Francia, la minicumbre de pasado mañana está circunscripta a los países sometidos a los mayores flujos migratorios, como Italia, Grecia, Malta, España, Austria, Bulgaria, Bélgica y Holanda. Pero, según aclaró Juncker, está «naturalmente abierta» a todos los miembros de la UE que «deseen participar».

Actuando como vocero de los «rebeldes», el premier húngaro, Viktor Orban, consideró que la reunión del domingo, como todas las reuniones de líderes europeos, «debería ser convocada por el Consejo Europeo [que preside Donald Tusk] y no por la Comisión».

«Esa reunión es inaceptable […] Pretenden recalentar una propuesta que ya hemos rechazado», agregó, por su parte, su homólogo polaco, Mateusz Morawiecki.

Los rebeldes apoyan, en cambio, la idea acordada el martes por Francia y Alemania de reforzar Frontex -la agencia europea encargada de controlar las fronteras externas de la UE- y aumentar su personal en 10.000 agentes.

Otra idea parece abrirse camino y obtener consenso: administrar el flujo de inmigrantes al exterior de las fronteras europeas, antes de dirigir a aquellos que realmente merezcan el refugio hacia los países de la UE.

Los textos en preparación llaman a esos sitios «plataformas regionales de desembarco», que podrían estar ubicados en Libia, Albania y Túnez. Esa solución presenta la ventaja de aliviar a los países europeos de desembarco (como Italia y Grecia) y, sobre todo, evitar los naufragios en el Mediterráneo. Defendido originalmente por Orban, el plan parece ahora aprobado por una mayoría de países miembros.

«En el tema de la inmigración, compartimos la vieja propuesta de fortalecer las fronteras externas de la UE y de crear centros de acogida fuera de la unión», dijo Orban, junto al canciller austríaco, Sebastian Kurz, que asistió a la reunión de Visegrado.

Kurz, cuyo Partido Popular gobierna en coalición con el ultranacionalista FPÖ, prometió que Austria -que asumirá la presidencia rotativa de la UE el mes próximo- se centrará en crear una «Europa que protege».

«Queremos enfocarnos en temas de seguridad. Hay que defender las fronteras externas conjuntamente porque solo así se conservará el sistema de libre circulación [de Schengen]», dijo Kurz.

El problema que los «halcones» de la UE se esfuerzan en ignorar cuando defienden ese proyecto es que, aun a cambio de una importante contribución financiera de parte del bloque, su implementación en países sujetos al caos social y político, como por ejemplo Libia, parece prácticamente imposible.

 

Fuente:www.lanación