La guerra comercial entre los dos mayores bloques económicos del planeta, Estados Unidos y la Unión Europea, podría estar a punto de estallar. Después de que Washington aplicara aranceles al acero y al aluminio europeos, la Comisión Europea respondió con represalias comerciales por valor de 3.300 millones de dólares.

Un juego de niños en comparación con lo que podría suceder en los próximos meses si el presidente estadounidense Donald Trump sigue adelante con sus supuestas intenciones de aplicar más aranceles a la importación de autos europeos.

Estados Unidos puso en marcha una investigación para saber si las importaciones de autos europeos amenazan la seguridad nacional estadounidense. Es una alegación que podría parecer ridícula pero es la forma que tiene Washington de imponer aranceles, agarrándose a que sería una amenaza a la seguridad que sus automotrices quedaran desbancadas por las europeas.

Proteccionismo disfrazado de seguridad nacional y una apuesta más por cargar contra Alemania, primer exportador europeo de automóviles (600.000 autos al año) y con un superávit comercial con EE.UU. superior a los 50.000 millones de euros anuales.

Berlín aparece desde hace meses como el objetivo estadounidense, tanto en materia comercial como de seguridad (le exige que multiplique su gasto en Defensa). Trump criticó hace semanas abiertamente a la alemana Angela Merkel por su política migratoria.

El inquilino de la Casa Blanca parece obsesionado con el hecho de que por las calles de EE.UU. circulen grandes autos alemanes mientras por las calles europeas es muy difícil ver vehículos estadounidenses. El año pasado, el ex ministro de Finanzas germano Wolfgang Schäuble le dio una explicación: que los estadounidenses aprendan a fabricar autos.

La Comisión Europea ya lanzó la advertencia. Si Washington impone aranceles a los autos europeos exportados hacia Estados Unidos, Bruselas (la política comercial ya no es competencia nacional sino de la UE) lanzará represalias comerciales.

Europa irá en serio esta vez, pues anuncia que esas represalias podrían tener un efecto en las exportaciones estadounidenses por valor de 294.000 millones de dólares, el equivalente al 19% de todas las exportaciones de EE.UU. a todo el planeta. Se abriría así una guerra comercial casi sin límites pues esas cifras suponen multiplicar por 100 las represalias comerciales que los europeos como respuesta a los aranceles al acero.

La decisión de Bruselas de hacer pública una carta que en principio iba dirigida únicamente al Departamento de Comercio de EE.UU. es una muestra de que la decisión de los europeos está tomada y que los servicios de Comercio del brazo ejecutivo de la UE tienen el visto bueno de los gobiernos del bloque para responder sin miramientos a nuevos aranceles estadounidenses.

La carta asegura que la investigación estadounidense que puede servir de base para imponer los aranceles a los autos “no tiene legitimidad, ni está basada en datos reales y además viola las normas comerciales internacionales”.

A partir de ahí, Bruselas recuerda a Washington que las usinas de automotrices europeas instaladas en Estados Unidos son responsables de 120.000 empleos directos e indirectos y construyeron el año pasado en Estados Unidos 2,9 millones de autos, sobre todo en territorios que apoyaron electoralmente a Donald Trump como Alabama, Carolina del Sur, Mississippi y Tennessee.

Trump no parece tener en cuenta a sus aliados. Estados Unidos apoyó durante décadas el proceso de integración política europea, la construcción de la UE. El presidente estadounidense dijo el pasado domingo a ‘Fox News’ que “la Unión Europea hace probablemente tanto daño como China, excepto que es más pequeña”.

El presidente de la Comisión Europea Jean-Claude Juncker viajará a mediados de julio a Washington acompañado de la comisaria europea de Comercio Cecilia Malmström. Intentarán evitar el estallido de la guerra comercial. Pero la advertencia ya está lanzada: a Bruselas no le va a temblar el pulso.

 

 

Fuente:www.clarín.com