La gravedad de la situación en Venezuela requiere de una inmediata intervención de Naciones Unidas y una declaración de «emergencia humanitaria compleja» por parte del organismo intermnacional, una calificación técnica que permitiría destrabar recursos humanos y materiales suficientes como para hacer frente al drama que viven de manera cotidiana millones de venezolanos.

El reclamo, con carácter de «urgente», está contenido en un extenso informe elaborado por Human Rights Watch (HRW) y expertos de la Facultad de Salud Pública Bloomberg de la Universidad Johns Hopkins, que hoy se presenta en la capital norteamericana y al que Infobae tuvo acceso.

El trabajo lleva como título «La emergencia humanitaria en Venezuela: se requiere una respuesta a gran escala de la ONU para abordar la crisis de salud y alimentaria». A lo largo de 73 páginas documenta el aumento en los índices de mortalidad materna e infantil, el déficit alimentario de la población, con índices de desnutrición inquietantes, y el surgimiento de brotes de enfermedades que se podrían prevenir con vacunación, como sarampión y difteria, y fuertes aumentos en la transmisión de enfermedades infecciosas, como malaria y tuberculosis.

«La combinación de estos factores es explosiva para la salud de la gente, y lo grave es que muchas de las organizaciones locales dicen que podrían hacer mucho más para paliar la situación pero no pueden por las trabas que les pone el gobierno», dijo a Infobae Tamara Taraciuk Broner, abogada senior para las Américas de HRW y una de las responsables del estudio.

El trabajo denuncia un ocultamiento de esta realidad por parte del régimen chavista.«Durante el gobierno de Nicolás Maduro, las autoridades venezolanas no sólo demostraron que no tienen la capacidad para ponerle fin a la crisis, sino que la han exacerbado al negarla y censurar información sobre la magnitud y la urgencia de los graves problemas que enfrenta el país«, afirma.

Por eso, señala luego, es necesaria una acción decidida por parte de las Naciones Unidas. Según HRW, el secretario general del organismo internacional, António Guterres, es quien «debería liderar los esfuerzos para definir una respuesta a gran escala que permita abordar la situación dentro y fuera del país».

Además de declarar la emergencia humanitaria compleja, Guterres debería encargarle al Coordinador de Socorro de Emergencias de la ONU, el británico Mark Lowcock, quien también dirige la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de las Naciones Unidas (OCHA), «que aborde la crisis venezolana como un asunto prioritario que requiere movilización de esfuerzos y recursos de asistencia humanitaria».

El secretario general de Naciones Unidas debería también, siempre según HRW, urgir a las autoridades venezolanas «que publiquen datos oficiales sobre enfermedades, epidemiología, seguridad alimentaria y nutrición para que la ONU pueda llevar adelante una evaluación completa de las necesidades humanitarias y de la magnitud real de la crisis en todo el país».

Según indicó Taraciuk Broner, «estas acciones pueden ser iniciadas sin que sea necesario el consentimiento de Maduro», un requisito que sí es aplicable a otro tipo de intervenciones humanitarias y que hasta ahora ha trabado los esfuerzos de la comunidad internacional.

La elaboración del informe conjunto de HRW y los especialistas de la Universidad Johns Hopkins demandó un año de trabajo. Para evaluar la situación y verificar los datos fueron entrevistadas más de 150 personas, entre profesionales de la salud venezolanos, migrantes llegados recientemente a través de la frontera a Colombia y Brasil para pedir atención médica o alimentos, representantes de organizaciones humanitarias y no gubernamentales, funcionarios de la ONU y de los gobiernos brasileño y colombiano.

Además se tomaron informes de la situación interna en Venezuela aportados por fuentes oficiales, hospitales, organizaciones nacionales e internacionales y ONGs. «Concluimos que el sistema de salud está totalmente colapsado», indica el trabajo de HRW, que acusa a los responsables del régimen de «ocultar» la verdadera dimensión de la crsis.

El resultado del trabajo, efectivamente, es una radiografía desoladora del brutal retroceso bajo el régimen chavista. El informe cita, por ejemplo, que la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y la Organización Mundial de la Salud (OMS) indicaron que desde junio de 2017 se confirmaron más de 6.200 casos de sarampión de 9.300 que fueron reportados, cuando entre 2008 y 2015 sólo se había registrado un caso, en 2012.

Otro tanto ocurre con la difteria: desde julio de 2016 se reportaron en Venezuela 2.500 casos, de los cuales más de 1.500 fueron confirmados, mientras que entre 2006 y 2015 no había habido ninguno. Lo mismo con la malaria, ya que según la OMS se pasó de 36.000 casos confirmados en 2009 a más de 414.000 en 2017. Y también con la tuberculosis: de 6.000 casos en 2014 se pasó a 7.800 en 2016 y los datos preliminares indican que en 2017 esa cifra superó los 13.000.

A esto se suma un fuerte crecimiento de la mortalidad materna, que en 2016 aumentó el 65% según las estadísticas más recientes del Ministerio de Salud de Venezuela. La mortalidad infantil a su vez creció un 30% ese mismo año con respecto a 2015.

«El sistema de salud de Venezuela ha estado en declive desde 2012, y las condiciones han tenido un deterioro drástico desde 2017. Un apagón de más de un día de duración que afectó a todo el país en marzo, y otros cortes recurrentes de electricidad ocurridos desde entonces, han menoscabado todavía más la posibilidad de los hospitales públicos de responder adecuadamente a las necesidades médicas de los venezolanos», resalta el informe.

«El hambre, la desnutrición y la severa escasez de alimentos son fenómenos extendidos en todo el territorio nacional», indica en otro tramo. Y agrega: «En 2018, la Organización para la Alimentación y la Agricultura de la ONU (FAO) indicó que, entre 2015 y 2017, casi el 12% de los venezolanos -3,7 millones- estaban subalimentados, comparado con menos del 5% entre 2008 y 2013».

De acuerdo con encuestas extraoficiales, además, la mayoría de los hogares venezolanos están en situación de inseguridad alimentaria, indica el trabajo. Alerta luego que «el nivel de niños y niñas de menos de cinco años con desnutrición aguda moderada y severa es alarmantemente alto».

«Desde un punto de vista técnico, Venezuela está enfrentando una emergencia humanitaria compleja; si el secretario general de la ONU no lo declara así oficialmente, la participación a gran escala de la ONU, que es imprescindible para abordarla, muy probablemente no se dé», observó Paul Spiegel, director del Centro para la Salud Humanitaria, de la Universidad Johns Hopkins.

Fuente: www.infobae.com