El defensor de River se liberó de su autoexigencia y disfruta jugar en el equipo de sus amores. Valora a Gallardo y a Coudet como entrenadores y palpita el duelo del jueves por la Copa.

Su figura aparece bajo el cielo plomizo de Ezeiza. Con la misma firmeza con la que se para en la cancha, lo hace para posar para las fotos de la entrevista. “Van a decir que estoy para modelar, pero esto no es lo mío”, aclara entre risas. Viste un jean y un sweater verde con cuello, ideal para enfrentar el frío. No tiene dramas en sentarse en un banquito al aire libre para hablar un largo rato. Sabe expresarse. No le escapa a las preguntas.

Al margen de que se define como un “autoexigente”, siente que a un año de haber llegado al lugar que él quería, ahora sí está disfrutando. “Estoy donde siempre quise estar. Y poder disfrutarlo es lo máximo”, afirma Javier Pinola en la charla mano a mano con Clarín.

No es casualidad que haya tenido ese deseo de estar en River. Hay razones hereditarias. Esa pasión por los colores que se transmitió de generación en generación. Que empieza con su abuelo Horacio, quien jugó hasta la Cuarta y dejó por el trabajo, y que continuó con su padre, Jorge, arquero de varios clubes del Ascenso y quien lo llevaba al Monumental cuando era chico.

Y hay otras razones que se encuentran si se hurga en la infancia del marcador central: cuando le pedían hacer un dibujo en la escuela, él lo hacía en blanco y negro y le pintaba una banda roja.

Hay un recuerdo vinculado a River que a los 35 años moviliza a Pinola, quien nació el 24 de febrero de 1983 en Olivos, donde se crió. Tenía 13 y estaba en primer año del secundario. “El día de la final de la Copa Libertadores del ’96, mi viejo me pasó a buscar por el colegio y desde ahí fuimos a la cancha. Habremos llegado a las dos y media de la tarde, nos quedamos en la confitería y recién a las seis y media pudimos entrar a la tribuna y esperamos ahí hasta el comienzo del partido -rememora-. Fuimos a la Almirante Brown (hoy llamada Sívori) baja. No me olvido más del recibimiento al equipo, de los goles de Crespo, de Enzo (Francescoli) levantando la Copa ni de los festejos”.

-Y ahora te toca estar dentro de la cancha. ¿Fantaseás con vivir como jugador lo que te pasó como hincha?

-Sí, sin dudas. He vivido la Copa Libertadores mirándola de chico y ahora me toca jugarla. Ojalá se pueda ganar. Es una obsesión y un sueño.

-¿Y si juegan la final contra Boca?

-Sería tremendo. Son partidos únicos. Pero falta mucho. Ahora tenemos que pensar en Racing, uno de esos cruces que quizás se espera para más adelante. Pero llegó temprano y si se aspira a obtener la Copa hay que ganarles a todos.

Justo el rival del jueves será Racing. Un club en el que Pinola jugó entre 2004 y 2005, en el que dejó buenos recuerdos y en el que hay varios conocidos suyos. Tiene una amistad con Lisandro López y afecto por el Chacho Coudet, quien lo dirigió en Rosario Central, por Nery Domínguez y por Alejandro Donatti, compañeros en el Canalla.

Pero al margen de las relaciones personales, al defensor no le gusta mezclar las cosas. “Hoy somos rivales y al momento de enfrentarlos trato de no hablar en la previa porque se pueden decir muchas cosas”, explica.

“Con Licha somos amigos, hemos compartido cenas, nos decimos lo que tenemos que decir en la cara y sabemos que está todo bien -agrega-. Habíamos hablado de que queríamos volver a jugar juntos, pero tomé otro camino cuando surgió lo de River y yo quería venir acá”.

-¿Qué te genera enfrentar a Racing?

-Le tengo cariño a Racing porque ahí la pasé bien durante un año y medio. Traté de involucrarme e identificarme rápidamente. Sólo tengo palabras de agradecimiento, pero hoy soy feliz donde estoy y lo único que ocupa mi cabeza es tratar de ganarle a Racing para seguir en la Copa.

-¿Qué partido imaginás?

-Va a ser complicado y muy parejo. Ellos tienen un juego muy intenso. Se va a definir por alguna individualidad o algún detalle.

-¿La vas a tener más difícil vos para marcarlos o Lisandro López y Bou para pasarte?

-Vamos a ver. Licha es un delantero grandísimo. Para marcarlo hay que estar muy atento. Me sorprendió en el buen sentido que en el torneo pasado hizo un gran desgaste casi jugando como volante y son cosas que impresionan a su edad. Es un gran tipo y es difícil ser objetivo con él. Y a Bou también lo conocemos. Hay que estar muy atentos para tratar de que no reciban cómodos y no te encaren, porque son peligrosos y tienen gran calidad.

-¿Eso es algo parecido a lo que hicieron en el partido de la Superliga con Lautaro Martínez?

-Sí. Uno se adapta mucho a las características del delantero rival, pero lo más importante es que nuestra idea de juego está definida: ser un equipo corto, tener la pelota y, cuando se pierde, recuperarla rápido y estar juntitos para que no jueguen tranquilos. Esa es nuestra línea de juego.

-¿Es un alivio que Lautaro ya no esté en Racing?

-Es un enorme jugador al que no tengo dudas que le va a ir bien, pero Racing tiene a Licha, a Bou, a Centurión. Y su punto más fuerte es cómo trabajan en conjunto, porque conozco la forma de trabajar de Chacho.

-Aquella vez tuviste a Maidana al lado y ahora lo vas a tener a Martínez Quarta, porque Jony está suspendido. ¿Queda a tu cargo la defensa?

-Es un trabajo en conjunto. Martínez Quarta es un chico joven al que le pasaron cosas buenas y malas en poco tiempo. Lo que le pasó con el dóping es todavía inexplicable, pero ya está. Lo importante es que recuperó la confianza a la que nos tenía acostumbrados. Es un pibe centrado, educado y que todo el tiempo quiere aprender y escucha. Lo más importante es que crea en sí mismo, porque las cualidades las tiene.

-Se habló mucho del lateral izquierdo. Se fue Saracchi, está Casco. ¿A vos te cambia algo en el juego?

-No, para nada. Milton tiene una calidad tremenda. Es el mejor técnicamente del plantel. Todos tenemos errores y podemos equivocarnos, pero se le cayó demasiado a él y eso no va. Si el equipo funciona, no debería haber problema. Y si el técnico considera que va a jugar él, es por algo.

-¿Con Armani en el arco sienten que tienen un plus?

-Sí, la verdad es que Franco desde que llegó tuvo un nivel tremendo. Yo lo había enfrentado en Central y ya había demostrado sus cualidades. No por nada estuvo en uno de los equipos más grandes de Colombia. Cuando entrás así con el pie derecho y esa confianza te sigue agrandando, es fundamental.

-¿En el mano a mano se sienten fuertes ustedes de la cabeza con lo que generó Gallardo?

-Se habló mucho de eso, pero uno no se concentra más por ser un duelo. Ya sabés que es un mano a mano y te jugás el todo por el todo.

-¿Qué porcentaje le das a la cabeza en el fútbol? Porque ustedes venían mal y después de ganarle a Boca la final de la Supercopa, cambió todo.

-Yo creo que un 80 o 90 por ciento. Todos tenemos técnica y cualidades a este nivel, pero la cabeza te hace ser diferente. Es fundamental cómo te reponés de un hecho negativo y cómo reaccionás: si te levantás o te bajoneás.

“Cuando sea técnico, voy a copiar cosas de Gallardo y de Coudet”

Javier Pinola reconoce que no la pasó bien en sus primeros meses en River. Pero ahora está más tranquilo, pudo relajarse y disfruta lo que vive. “En mis primeros seis meses, no tuve un buen rendimiento -recuerda-. Encima al equipo le ha tocado pasar un mal momento y cuando la pasás mal, no termina nunca. Ahora estoy más tranquilo y puedo disfrutar”.

La autoexigencia forma parte de su personalidad y eso a veces le ha jugado en contra. “La exigencia no la pierdo ni la dejo de lado. Ni bajo la guardia. Sigo autoexigente, pero ahora trato de disfrutar y no pasarme con la exigencia del entrenamiento. Volví a sonreír. Ahora, por ejemplo, me puedo reír cuando hacemos un loco antes del entrenamiento porque estoy bien. Antes no lo podía hacer”, cuenta.

Para relajarse, fueron claves las charlas con Marcelo Gallardo. “Hablé algunas veces con él y me decía que tenía que relajarme cuando me costaba soltarme en los entrenamientos. Pero lo escuché, sus charlas me sirvieron y estoy mucho mejor”.

De esas charlas, Pinola toma nota y graba todo en su mente. Es que es un aprendizaje que está haciendo para el futuro. “Mi idea es ser entrenador”, reconoce. Y los modelos a seguir los tiene cerca. De hecho, el jueves estarán sentados en cada banco de suplentes del Cilindro de Avellaneda. A un entrenador, Eduardo Coudet, lo tuvo en Rosario Central cuando volvió del fútbol alemán. Al otro, Gallardo, lo tiene ahora. Y los dos ya le dejaron huellas.

Tanto Gallardo como Coudet son personas que ven muy bien el fútbol y tienen personalidades fuertes, de las cuales he aprendido mucho. Cuando sea técnico, como es mi idea, les voy a tratar de copiar muchas cosas porque sus formas de sentir y de jugar al fútbol son las que a mí me gusta. Las exigencias y las libertades que te dan es algo muy bueno. No necesitan andar diciéndote a cada rato lo que tenés que hacer. Y a la hora de trabajar hay una máxima seriedad”, afirmó el marcador central.

Sus descripciones sobre ambos entrenadores continúan. Pueden tener algunas diferencias, pero Pinola los valora por igual. “Durante el partido, al Chacho por ahí se lo ve más frenético y a Marcelo un poco más calmo, pero eso tiene que ver con el carácter de cada uno -relata-. Ambos demuestran fortaleza en su personalidad y en base al respeto que tienen por el jugador se pueden sacar muchas cosas positivas, ya que son dos tipos con los que podés charlar y que te pueden enseñar”.

El sostén familiar

Cuando la profesión queda al margen, su familia es el sostén de Javier Pinola. “Me encanta dar paseos con mis hijos (tiene tres, dos varones y una nena) y llevar a mis dos hijos varones a jugar al fútbol. Soy familiero y trato de aprovechar esos momentos. Trato de descansar bastante y además me gusta salir a comer y juntarme con amigos”, le cuenta a Clarín.

-¿Hacés terapia?

-No. Trato de hablar con mi familia, con mi mujer sobre todo, pero hasta por ahí nomás. A veces me insiste para que le cuente qué me pasa, pero soy muy reservado. Trato de arreglármelas y solucionar mis cosas solo, sin involucrar a los demás.

El lamento por la Selección

Javier Pinola se quedó con la espina del Mundial. “Sentí que podía tener una chance porque sabía que me querían y por un mal semestre pasé a no ser considerado”, aseguró.

Y agregó: “Yo apoyaba para que a Argentina le fuera bien y no importaba mi situación. Sí me dolió la no convocatoria porque había vuelto a mi nivel y las chances estaban. Lamentablemente no se dio. Ahora hay que unirnos y pensar por el bien de la Selección y que deje de estar tan basureada”.

-¿Creés  que lo que pasó con la Selección es un fiel reflejo de lo que pasa en el fútbol argentino?

-Sí, hay muchos intereses. Cada uno juega para su lado. Por más jugadores que tengamos y saquemos, el fútbol se decide por cómo uno trabaja en conjunto. No se respeta un proyecto. Acá no hay nada, lamentablemente. Ahora quieren hacer proyectos pero eso lleva tiempo.

La admiración por Francescoli

Javier Pinola tiene muy cerca a Enzo Francescoli, uno de los ídolos de su infancia, al que vio levantar la Copa Libertadores en 1996 desde una tribuna del Monumental. Pero jamás se lo contó. Lo vence la timidez. Y tampoco le pidió una foto. “La verdad es que me da mucha vergüenza. Hay un respeto que yo tengo para alguien como Enzo al que admiraba de chico, cuando festejé aquella Copa del ’96. Pero por más que ahora tenga trato en el día a día, no le pedí una foto todavía por esa timidez que tengo”.

Fuente: Clarín