El gobierno chileno reafirmó su intención de que la final de la Copa Libertadores se juegue en el estadio Nacional el 23 de noviembre, tal como está previsto. Era el gesto político del Poder Ejecutivo trasandino que la Conmebol esperaba. La Confederación Sudamericana siempre aclaró que su «plan A, B y C» era la capital chilena, que había trabajado más de un año para conseguir la sede del partido más importante del año. Incluso se entregaron permisos y se comprometieron miles de entradas a simpatizantes de más de 60 países. Los hinchas de River, incluso, tienen sus códigos para obtener por internet sus propios tickets. El problema es el conflicto social que estalló en Chile y obligó al presidente Sebastián Piñera a realizar múltiples cambios en su gabinete.

La Conmebol y el gobierno chileno hablan todos los días. «La situación se monitorea en tiempo real», aclaran las fuentes desde Luque, donde está emplazada la sede de la confederación. Está previsto que el presidente de la entidad, el paraguayo Alejandro Domínguez, viaje a Santiago el lunes próximo para reunirse con los responsables del fútbol chileno y del propio gobierno. Ese encuentro será clave, aunque en la Conmebol confían en que el conflicto chileno menguará con el paso de los días y que en las cercanías del 23 de noviembre la situación estará en calma.

Las sedes alternativas en caso de emergencia

Pero mientras los ciudadanos permanezcan en las calles de Santiago y los reclamos no cesen se mantendrán las especulaciones y las hipótesis sobre un eventual cambio de sede. Habrá quienes quieran que el partido se mude, pese a los esfuerzos de los chilenos por mantenerlo. Eso fue lo que intentó hacer el ministro del Interior del gobierno paraguayo, Euclides Acevedo. «Voy a hablar con Alejandro Domínguez. Estamos en condiciones de recibir la final de la Libertadores», dijo el funcionario en declaraciones radiales.

Asunción tiene varios puntos a favor. El principal es la relación fluida entre Mario Abdo, el presidente guaraní, y Domínguez. Amigos de la infancia, compartieron estudios y mantuvieron su amistad con los años. Además, organizar la final de la Libertadores 2019 posicionaría a Paraguay en el escenario internacional como nunca antes: ya tiene el partido decisivo de la Sudamericana (lo jugarán Colón de Santa Fe e Independiente del Valle, de Ecuador) y la semana pasada se confirmó como sede de la próxima reunión del Consejo de la FIFA, porr realizarse entre el 12 y el 13 de marzo de 2020. Paraguay también organizará el mundial de Fútbol Playa, que se jugará entre el 21 de noviembre y el 1° de diciembre de este año.

Pero Asunción tiene un problema: cuenta con un solo estadio disponible. El Defensores del Chaco, histórico recinto de los partidos importantes, está en remodelación. Así, solo queda La Nueva Olla, el estadio de Cerro Porteño que ya albergará la final de la Copa Sudamericana. Pero en el estadio del Barrio Obrero de Asunción sólo podrían venderse «alrededor de 39 mil entradas». Eso implica cerca de 6000 tickets menos que en Santiago de Chile. En las oficinas de la Conmebol no cayó bien que el gobierno paraguayo se haya postulado para organizar el evento cuando la sede original todavía no fue dada de baja. De todas formas, Domínguez tiene en estos días una agenda de trabajo conjunta con el intendente de Asunción, Mario Ferreiro. Y se supone que allí se hablará tanto de la Sudamericana como de la «hipótesis Libertadores».

La logística para los hinchas también le jugaría en contra a la capital paraguaya, que tiene menos vuelos diarios a Buenos Aires y Río de Janeiro que Santiago de Chile. Además, el aeropuerto internacional Silvio Pettirossi es bastante más pequeño que el Arturo Merino Benítez, la principal estación aérea de Chile. Así, los hinchas deberían recorrer el camino desde Río y Buenos Aires por tierra: unas 24-26 horas desde la Ciudad Maravillosa y alrededor de 18 desde el Obelisco porteño.

La otra ciudad que quiere hospedar la final si Santiago termina desistiendo es Barranquilla. Allí nació Ramón Jesurun, presidente de la Federación Colombiana de Fútbol y aliado político de Alejandro Domínguez. Jesurun ahora integra el Consejo de la FIFA, y dejó su puesto como vicepresidente de Conmebol hace un año y medio para que ingresara Claudio Tapia en el cuadro de honor sudamericano. Barranquilla ya tiene asegurada la final de la Copa América 2020, que co-organizarán la Argentina y Colombia. Hospedar el partido decisivo de la Libertadores podría funcionar como una prueba piloto del máximo evento a nivel selecciones. Según pudo averiguar LA NACION, en la ciudad colombiana verían con buenos ojos reemplazar a la capital chilena.

Una tercera ciudad que intenta instalarse es la que perdió con Santiago de Chile la carrera por organizar el partido final: Lima. La capital peruana tiene el estadio Monumental, con capacidad para 80 mil espectadores, por lo que la cantidad de entradas disponibles para la final no sería un limitante, como sí ocurre con Barranquilla o Asunción. La prensa peruana reportó que hubo una comunicación informal entre el presidente de la federación de ese país, Agustín Lozano, y Domínguez. Lozano puso a disposición el Monumental (el otro coliseo limeño, el estadio Nacional, está ocupado por un recital el 23 de noviembre) en caso de que Santiago decidiera bajarse de la organización. La dirigencia peruana busca reinsertarse en el panorama internacional luego del escándalo que involucró al anterior presidente de la Federación Peruana de Fútbol (FPF), Edwin Oviedo, hoy en prisión.

 

Fuente: www.lanación.com