La historia que llegó hasta nuestros días es que tres Magos –o sabios- llegaron de Oriente a Palestina, guiados por una estrella. La Biblia, más concretamente el Evangelio según San Mateo –único libro que menciona el episodio-, dice que los Magos pasaron primero por Jerusalén, donde fueron a ver a Herodes y a preguntarle por el “Rey de los judíos”, que acababa de nacer. “Hemos visto su estrella en el Oriente y venimos a adorarlo“.

Esto alarmó a Herodes, que consultó a sus sacerdotes y fueron ellos los que indicaron que, según la profecía, sería en Belén donde nacería el Mesías. Herodes les pidió entonces que, una vez que hubiesen encontrado al Niño, le avisaran, ya que él también quería “adorarlo”.

En realidad, sus intenciones eran asesinarlo pero, dice San Mateo, esto les fue “revelado en sueños” a los Magos que entonces regresaron a su tierra por otro camino, evitando volver a pasar por Jerusalén.

 Pero antes, vieron al Niño recién nacido: “Entraron en la casa, encontraron al  niño con María, su madre, y, postrándose, lo adoraron; luego, abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra“, relata Mateo.

Y eso es todo lo que dice el Evangelio. El relato bíblico fue luego progresivamente adornado durante la Edad Media. Poco a poco, los Magos se convirtieron en Reyes y se los bautizó Gaspar, Melchor y Baltasar.

Y esta ilusión e historia se vivió también el fin de semana en el departamento vecino de Malargüe. Donde decenas de niños malargüinos vivieron la encanto de la llegada de los Reyes magos a la Plaza San Martín.

Antes de visitar las casas de los niños y dejar en cada una su regalito, los Reyes pasaron por la Plaza San Martín para alegrar a los pequeños que se acercaron a verlos, en una actividad repleta de ilusión y caritas felices para mantener viva la ilusión.