El impacto del último domingo en el mundo del deporte, cuando se conoció la noticia del trágico accidente de Kobe Bryant, se prolongó durante toda la semana en Los Angeles y tuvo su pico de emotividad anoche, en plena madrugada argentina, cuando el equipo volvió a jugar en el Staples Center, en un partido por la NBA frente a Portland Trail Blazers.

Desde temprano la gente fue llegando al estadio. Es más, muchos de los fans de Kobe permanecieron fuera al no poseer entradas, y participaron del homenaje con la colocación de ofrendas florales, fotos, camisetas con los números 8 y 24 (los que utilizó Kobe) y zapatillas. Pero nada comparado con lo que se vivió dentro del estadio. Con el cantante y compositor estadounidense Usher interpretando «Amazing Grace», en pleno acto conmemorativo de uno de los mejores jugadores de la historia, ganador de cinco anillos con el emblemático equipo de Los Angeles.

A la gran explosión que se vivió con el salto a la cancha de los jugadores, luego de la emotiva arenga del plantel en los pasillos internos, le continuó la presentación de los jugadores, todos denominados «Kobe Bryant». Y durante la ejecución del himno norteamericano, la imagen del crack LeBron James, totalmente quebrado, sin poder frenar las lágrimas por un jugador al que siempre consideró su hermano y al que admiró profundamente.

Fue el propio LeBron el que tomó el micrófono y, con entereza, pronunció unas breves palabras: «Sé que en algún momento tendremos un monumento conmemorativo para Kobe. Pero veo esto como una celebración esta noche. Esta es una celebración de los 20 años de la sangre, el sudor, las lágrimas, el cuerpo destrozado, el levantarse, hacerle frente a todo, las innumerables horas, la determinación de ser lo mejor posible».

«El hecho de estar aquí ahora significa mucho para mí. Seguiré con mis compañeros de equipo para continuar su legado no sólo este año, sino siempre que podamos jugar al básquetbol», continuó James.

Para fnalmente señalar: «Esta noche recordamos al chico que vino aquí a los 18 años, se retiró a los 38 y se convirtió probablemente en el mejor padre que hemos visto en los últimos tres años. En palabras de Kobe Bryant, Mamba Out. Pero en nuestras palabras, no te olvidaremos. Vive hermano».

En las plateas, previamente al encuentro, se colocaron camisetas de los Lakers con los números 8 y 24 para que el público se sumara al homenaje. En la primera fila, dos asientos quedaron vacíos: uno con la camiseta 24 de los Lakers y el otro con la 2 de Mamba, el equipo en el que jugaba Gigi, la hija de Kobe que falleció con el papá en el accidente del helicóptero que los transportaba con otras siete personas, en un traslado en las afueras de la ciudad. En esas dos butacas habían estado sentados ambos la última vez que vieron a los Lakers en la cancha.

 

Fuente: www.lanación.com