Luego del Mundial se habló de refundar el fútbol argentino. Pero los grandes entendieron rápido el desconcierto de la AFA. Y sólo apuntaron a sus propios intereses.

Ayer nomás, el fútbol argentino se rasgaba las vestiduras por el fracaso mundialista. Furiosos, nos maravillábamos con esos procesos, serios y meticulosos, que depositaron en los tramos finales de Rusia a franceses, croatas, belgas e ingleses. Tan lejos de los buenos, había consenso en la necesidad de barajar y dar de nuevo.

Pero se le entregó la Selección a Lionel Scaloni en un interinato que era como desensillar hasta que aclare, sabiendo que en el fútbol argentino aclara tarde y mal. Scaloni, cuyo entusiamo se valora y cuyos antecedentes como DT se desconocen. El mensaje de la conducción de AFA fue obvio: viene una transición, a la espera de que un DT se haga cargo y a la espera también de que Messi, insustituible guste o no, regrese. En ese contexto atado con alambre y sin rumbo claro llegan las convocatorias.

Y entonces, la Selección de las prioridades, de los grandes proyectos, del fútbol que promete refundarse, se convierte de la noche a la mañana en una piedra en el zapato. Por obra y gracia de las presiones, la Copa es la vida o la muerte. A las palabras, como a las buenas intenciones, se las lleva el viento. Lo que importa es que el otro no nos saque ventaja. Total, para la Copa América, y para Qatar, y para defender un prestigio que costó dos Mundiales conseguir, ya habrá tiempo.

¿O nos rasgaremos otra vez las vestiduras?

Fuente: Clarín