Laura Montero hizo una grave denuncia relacionada con la libertad de prensa y la censura a funcionarios.

La vicegobernadora aseguró que las autoridades de un medio de comunicación de nuestra provincia le ordenó a sus empleados que no tienen que hacerle notas ni sacarle fotos. Ella afirma que en esa empresa, a la que no nombra, la quieren borrar de la escena pública.

“No puedo ignorar este hecho, dejarlo pasar por alto y menos aún naturalizarlo”, subrayó, para luego añadir que “los medios de comunicación son mediadores entre las instituciones democráticas y los ciudadanos, dándoles a éstos la posibilidad que se informen, evalúen, aprueben, sugieran cambios y hasta critiquen nuestra gestión”.

Montero se pregunta ¿qué poderoso ordenó ese oscuro procedimiento?, y acopla “¿existen medios en la provincia que se presten a una burda acción que no les hace bien a su credibilidad?”.

Lo que denuncia la vicegobernadora es grave, pero no ha descubierto un nuevo planeta, dado que no es raro que este tipo de cosas sucedan. Lo que en realidad debería hacer la radical es focalizar la atención en la manipulación que hace el poder político, estén o no en el gobierno, sobre los medios.

Quizás sea una oposición poderosa quien pone mucha plata a un medio para que no retrate el accionar de una figura del gobierno, pero también sucede a la inversa, lo que es muchísimo más grave: usar el poder de la pauta oficial para manejar los hilos de la comunicación.

Sobre el particular, resulta llamativo como la vicegobernadora desconozca que muchos medios de comunicación no puedan elegir del todo el camino a transitar, teniendo en cuenta que la supervivencia de los mismos depende de lo que se diga o lo que no se diga.

Es terrible lo que denuncia Laura Montero, pero mucho más fuerte es cuando los jefes de prensa de gobierno, de ministerios o de comunas llaman a los dueños de los medios indicando lo que se tiene que decir y lo que se tiene que tapar.

Este perverso juego que hoy espanta a la vicegobernadora lo instalaron los propios partidos (de todos los colores) cuando llegaron al poder.

Silvio Barroso