Perú vivió su primer gran evento deportivo. Este domingo, mientras Argentina palpitaba las elecciones primarias abiertas simultáneas obligatorias, en Lima se cerraron unos Juegos Panamericanos inolvidables. Como en la ceremonia inaugural, los organizadores apostaron a la cultura inca para valorizarla en el mundo.

Además, se le dio la bienvenida a Santiago de Chile, anfitriona dentro de cuatro años. Y en el final hubo un show del cantante local Gian Marco, quien estuvo acompañado con bailarines del Ballet Folclórico Nacional, y del DJ Shushupe. Delfina Pignatiello fue la abanderada de Argentina.

Esta vez, el escenario principal ubicado en el centro del campo de juego del Estadio Nacional estuvo compuesto por fragmentos geométricos inspirados en el labrado de piedra de los incas y ubicados en tres niveles (pachas) de la cosmovisión andina, en referencia al mundo de los dioses, el terrenal y el de los ancestros.

Sobre esos bloques fueron proyectadas imágenes de la bandera peruana y fotografías de Uriel Montúfar, además de retratos de los voluntarios de la ceremonia.

Al cabo de cinco minutos, durante los que sonó el Himno peruano y se izó la bandera, los atletas, los grandes protagonistas de los Juegos Panamericanos, salieron a escena de una manera peculiar.

Mientras los abanderados ingresaron por el centro del escenario -la primera fue la campeona panamericana de los 400, 800 y 1.500 metros libre- y se reunieron uno al lado del otro, los deportistas se fueron mezclando en una larga fila que los condujo a una tribuna, como como había ocurrido en la ceremonia inaugural.

El reducido grupo de la delegación nacional, antes de ir a sentarse, fue hasta donde estaba Pignatiello para juntos hacerse una selfie.

Luego, el clip de los mejores momentos de los Juegos se reprodujo en las pantallas gigantes, lo que ocasionó un alarido ante cada deportista peruano, y se presentaron los nuevos miembros elegidos de la Comisión de Atletas de Panam Sports, de los cuales cuatro son mujeres: la brasileña Isabel Swan (yachting), la canadiense Melissa Humana Paredes (beach voley), la mexicana Paola Longoria (rácquetbol), el estadounidense Tony Azevedo (waterpolo) y la barbadense Amber Joseph (ciclismo).

Entonces, con los deportistas ya en el estadio, comenzó la celebración de clausura con la presentación de las seis épocas prehispánicas: pre-cerámica, cerámica inicial, formativa, apogeo, fusión e imperial. Sesenta y tres artistas en escena mostraron a los miles de espectadores cerámicas y otros artefactos que le hicieron un tributo a miles de años de historia.

El tiempo se retrotrajo a los años 100 a 800 DC y la cultura Moche entró en escena con dos huacos -vasijas gigantes- que hicieron las veces de teatros móviles en donde recrearon escenas de rituales, combates y vida diaria de ese momento de la historia peruana, que se desarrolló en el norte del país.

Poco después, con 12 piezas de tela de 147 metros cuadrados, se montó un espectáculo tridimensional que le abrió paso a las danzas típicas: el festejo, la diablada, la fiesta de los tulumayos, la danza de tijeras, el huayno y el huaylarsh de Carnaval.

La alegría del baile le dio paso a los discursos del presidente del Comité Organizador Lima 2019, Carlos Neuhaus, y al de Panam Sports, Neven Ilic, para decretar la clausura. La bandera de Panam Sports fue bajada y entregada a Santiago de Chile, donde la llama panamericana volverá a encenderse en 2023.La capital chilena, entonces, entró en escena con imágenes para dar una muestra de lo que podrá palpitarse en cuatro años.

El broche de oro fue, claro, la extinción de la llama que llegó mediante el baile peruano que simboliza el romance: la Marinera. Una pareja de bailarines, bajo un candelabro de pañuelos, lo interpretó y cuando ella sopló su pañuelo, el fuego se apagó.

Sin embargo, en un símbolo que enlazó el amor con el deporte, la llama panamericana regresó transformada en un candelabro brillante lista para volver a brillar en Chile.

Fuente: www.clarín.com