Juan Ignacio Londero pasó en una semana de no tener ni siquiera un triunfo ATP en ocho años de profesionalismo a ser campeón de un torneo en el máximo circuito. Lo hizo quedándose con la primera edición del Abierto de Córdoba, certamen al que había llegado por invitación en su condición de local (es de Jesús María, a 55 kilómetros de la capital provincial). En la final, remontó el partido ante Guido Pella y lo venció por 3-6, 7-5 y 6-1 en 2 horas y 3 minutos.

Con los nervios de su primera final y ante su público, Londero perdió su saque en el primer game que lo tuvo al servicio y ya no pudo reponerse. Haciendo valer su experiencia, Pella sobrellevó en buena forma las acciones, pese a que le resultaba más complejo sostener la ventaja y que a Londero le costaba menos en los juegos en que recaía sobre él la responsabilidad de servir. Resistió y fue contundente a la hora de la verdad: pese a jugar muchos puntos con su saque, sólo otorgó una chance de quiebre (salvada) y se quedó con el parcial del inicio.

Todo parecía decantar hacia el lado del octavo preclasificado del certamen y campeón de la Copa Davis 2016, que quebró en el quinto juego del segundo set y llegó a ponerse 4-2. Tan sólo dos games lo separaban del final de sus frustraciones y su primera consagración, pero Londero se recuperó rápidamente, rompió el saque de Pella y lo volvió a hacer en el duodécimo game para ganar 7-5.

Aquel golpe al mentón que recibió el de Bahía Blanca no fue de nocaut, pero sí lo dejó casi sobre la lona. El tercer parcial mostró a un Pella desconocido, que prácticamente no se sostuvo en su saque, todo lo contrario de Londero, que se fortaleció y fue casi infalible cuando jugó con su primer servicio. El Topo se escapó rápidamente y lo terminó liquidando casi con tranquilidad. El triunfo, además del título, le permitió sumar 241 puntos (defendía 9) y subir 43 puestos, para ubicarse a partir de hoy en el 69° lugar del mundo. Nunca había estado ni siquiera entre los mejores 100.

«Ganar mi primer ATP en mi casa me deja sin palabras. No puedo decir nada, sólo agradecer No sé ni cómo hablar, sólo sé que esta noche nos íbamos a ir a Buenos Aires en auto…», fue lo que alcanzó a decir el campeón (trigésimo tenista argentino en lograrlo) antes de levantar el trofeo. Uno que quedará en su vitrina y en su alma: pasó de no conocer la simple dulzura de un triunfo a saborear todo el gusto de la gloria.

 

Fuente: www.clarín.com