No hace falta posar la mirada en el sur del país para conocer la realidad de los mapuches en relación a los derechos sobre la tierra. Acá, también pasan cosas.

Aunque es correcto marcar la diferencia, considerando que en la Patagonia la tragedia es fuerte y no termina, aquí también la injusticia está presente.

No son pocos los años que la comunidad mapuche de nuestro departamento viene reclamando por “algo” de tierra.

Es evidente que en el sur la realidad es otra, ya que poderosas topadoras han arrasado con pueblos originarios enteros. Y aunque por estos lados no hay un señor Benetton, nadie desconoce que hay empresarios locales que han comprado montañas completas.

Hace un par de días fue noticia una familia mapuche de San Rafael que, gracias al Hospital Español, pudo realizar la ancestral ceremonia de enterrar una placenta abajo de un árbol, como símbolo de fortaleza para el futuro de un bebé que llegó a esa comunidad. Acción que recibió miles de aplausos de la ciudadanía.

Sin embargo, tanto placenta como árbol tuvieron que ser enterrados en una maceta por falta de terreno. En ese sentido, la comunidad pide un pedazo de tierra  para realizar esos rituales, como otro tipo de actividades relacionadas con sus creencias.

“Hace muchos años que venimos pidiendo un terreno para hacer un parque intercultural. A todos los gobiernos se lo hemos pedido, y nunca tuvimos una respuesta”, afirmó Nehuel Mapuleo, lonko (cacique-líder) de la comunidad.

En una larga entrevista en el programa ‘Sin Documentos’ de radio Mitre San Rafael, exclamó: “Desde hace mucho tiempo que venimos pidiendo de manera pacífica un lugar, pero siempre la respuesta fue un ‘ni’. Nunca tuvimos un respaldo concreto. Nosotros ahora tenemos la placenta y el árbol de mi nietito en una maceta porque no tenemos un lugar propio para plantarlo, siendo que mi bisabuela cuidó y protegió extensos terrenos al pie de la Cordillera”.

Respecto de los conflictos del Sur, Nehuel señaló que “allí está toda nuestra historia, incluso también placentas con árboles. Pero resulta que un día vino un hombre que dijo ser el dueño y le pasó la maquina a todo”, agregando con firmeza que “¿qué pasaría si yo pongo la placenta y el árbol de mi nietito en un terreno y después viene un sujeto y le pasa la topadora al lugar? ¿Sería yo siendo el mismo hombre pacífico?”.

Fue claro sobre el final cuando recalcó que “yo creo en la política como herramienta de transformación, pero no hago política partidaria, por eso me molesta cuando nos tratan de terroristas por resistir y luchar por nuestra tierra”.

Silvio Barroso