Dicen que la tecnología permitió terminar con la distancia y logró inmediatez. Aquellos que tienen familiares viviendo lejos saben de qué se trata.

Las redes sociales y las aplicaciones de mensajería, como whatsapp, lograron fluidez en la comunicación y hoy son pocos los que pueden vivir sin el teléfono.

Charlas, fotos, videos, chistes, todo es una especie de “Gran Hermano”. Todo se sabe y todo se ve, y es evidente que nadie quiere quedar afuera de ese mundo.

Los privados de la libertad también quieren pertenecer, y aunque tienen prohibido tener un aparato, se las arreglan para que uno le llegue al bolsillo.

Ejemplo de lo anterior es lo que sucede en la cárcel de San Rafael. Cientos de videos y fotos circulan semanalmente en la red y tienen como escenario las paredes del viejo edificio de avenida Mitre y La Pampa.

Ellos también quieren retratar a sus famosos, tal como sucedió como Luciano Cabral, el ex futbolista de primera división. Apenas pisó la penitenciaría, el muchacho ya tenía fotos con presos. Imágenes que circularon velozmente en Facebook.

Lo mismo sucedió con Joan Calderón (polaco) que en los últimos días se ha convertido en una megaestrella. Así como lo hace en el microcentro, en la cárcel muestra sus movimientos de cadera, en una danza que tiene su sello.

Otro ejemplo tiene que ver con lo que está pasando en estos días en los tribunales federales, donde se está juzgando a una banda narco, cuyos cabecillas operaban desde la cárcel.

Sobran ejemplos que muestran claramente como burlan los controles para tener en sus manos teléfonos que en algunos casos utilizan como una simple distracción, y en otros para cometer delitos.

Fuente: www.diariomendozasur.com

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