Importante revuelo generó en diversos ámbitos de la sociedad mendocina las fuertes declaraciones del padre “Pato”, que invitó a los malargüinos a levantarse en armas para combatir a las clases de educación sexual.

La Justicia ya comenzó a trabajar en el asunto tramitando una causa por incitación a la violencia; mientras que el gobierno, al menos una funcionaria, salió duramente a criticarlo, incluso fue un paso más allá al reprochar la presencia de la Iglesia Católica en actos institucionales. Se trata de Silvina Anfuso, titular de la Dirección de Diversidad y Género, que además de cargar contra el cura Gómez por sus palabras, puso sobre la mesa de las discusiones la participación de la religión en actos oficiales.

Acertadas las palabras de la funcionaria provincial, considerando que la Constitución de Mendoza es laica por naturaleza. No hay una sola palabra que haga mención a la Iglesia.

Es probable que los defensores de la participación católica en actos institucionales tomen como argumento el artículo 2 de la Constitución Nacional, que señala que el Gobierno Federal sostiene el culto católico. Pero es justamente eso: Gobierno Nacional. Nada aclara puertas adentro del territorio.

Y tranquera adentro, en lo profundo, íntimo y federal de las provincias hay particularidades. Hay algunas que adoptan el mismo camino que la nación, pero Mendoza no.

Respecto de lo que pasa en nuestro departamento, no hay una Ordenanza que obligue a las autoridades a darle un espacio a la Iglesia arriba de los escenarios, al menos así informaron desde el área de Protocolo.

Independientemente de la actitud áspera del cura de Malargüe en el acto del 9 de Julio, no es la primera vez que un sacerdote se sube a un escenario en un acto oficial, ya sea en Capital, General Alvear, Malargüe o San Rafael, y da polémicos consejos a los presentes, aunque esos asistentes sean católicos, judíos, mormones, evangélicos o ateos.  

Silvio Barroso

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