La secuencia se repite cuando necesita desconectarse. Jorge Luis Sampaoli baja del departamento en el alto piso donde vive en Santos, camina unos metros por Ceará, dobla en Olávo Bilac y llega hasta la avenida Presidente Wilson. En la entrada de un edificio lo espera Gustavo Penelli, amigo de la infancia del Zurdo de Casilda. No está solo Penelli: en su mano derecha sujeta una correa con cuatro Border Collie. Lola, Nala, Sacha y Buya son las perras que acompañan a Sampaoli desde sus días felices en Chile.

El entrenador toma la rienda y sale a andar, a veces solo y otras con Penelli; algunos días a la mañana y otros a la tarde-noche. Cruza la avenida y la inmensidad del mar le queda en el horizonte. Un cartel le indica que está prohibido ingresar con mascotas en el Posto 3 de la playa. A Sampaoli no le importa pagar multas.

Camina en la arena y mientras las perras corren y juegan con el agua, el entrenador de 59 años piensa, quizás, con una paz que jamás había encontrado en su carrera. Disfruta.

La escena con las perras puede observarse un día cualquiera en el barrio de Pompeia, en Santos, la ciudad que revolucionó Sampaoli, el lugar donde el entrenador se reinventó tras su paso frustrado por la Selección argentina en el Mundial de Rusia 2018.

“Santos, el club de Pelé”, fue lo primero que pensó Sampaoli cuando lo llamaron para que se hiciera cargo de un equipo histórico. Pero había mucho más que un club de fútbol en Santos: lo esperaba una ciudad que le devolvería el costado placentero de la vida.

Le llevó poco tiempo entender a Sampaoli que la libertad estaba en el barrio Pompeia, cerquita del mar, y no en la fastuosa mansión en el Morro Santa Terezinha que le había alquilado la institución paulista. Aceptó el primer departamento que le ofrecieron y alquiló otro para que su amigo se mudara con las perras.

No hay divismo en Sampaoli: además de darle una mano a Penelli, que estaba desocupado, junto a su mujer Paula serán padres a mediados de septiembre, por lo que su compañera no puede ocuparse del cuidado de los animales. León Sampaoli se llamará el bebé que viene en camino.

Son 40 cuadras las que separan el departamento de Sampaoli del predio Rey Pelé, donde se entrena Santos. El casildense sale en bicicleta a las 7 y regresa pasadas las 17. Cada tanto viaja en una moto eléctrica que le regalaron. Además de entrenar al puntero del Brasileirão, el técnico hace una rutina de gimnasio supervisada por el incondicional Jorge Desio. El físico cuidado -y los tatuajes- le corta la brecha generacional con sus dirigidos, al menos desde lo visual

De todos los colaboradores que estuvieron con Sampaoli en Rusia 2018 (más de 10), sólo se mantiene su amigo Desio, preparador físico. Se sumó Pablo Fernández, a quien conoció en Renato Cesarini de Rosario y que lo acompañó en varios equipos de Casilda. Fernández llegó a Brasil con su hijo, Marcos. Desio aportó a su hermano, Carlos. Ahí se cierra el círculo. Antes, la superpoblación de ayudantes; ahora, pocos, cercanos, amigos. “Incondicionales”, dice él.

El ex entrenador de Argentina nunca lo contará, pero quedó molesto con Lionel Scaloni. «Desagradecido», es la palabra que utilizan sus íntimos para describirlo. Y es que una tarde en Sevilla sonó el teléfono de Sampaoli: era Ángel, padre de Scaloni, viejo conocido de Pujato, ciudad cercana a Casilda.

“¿No tenés lugar para Lionel?”, le preguntó. Unos días después, Scaloni se acoplaba al equipo de trabajo de Sampaoli, primero en Sevilla y luego en Argentina. “Ni siquiera un mensaje fue capaz de mandar”, dicen con encono los cercanos a Sampa.

La playa es algo más que el lugar de las perras y la paz para Sampaoli: se lo suele ver mezclado en picados con brasileños o turistas. También se fanatizó con el fútbol-vóley y hasta se filtró un video en el que se lo ve entrenando. Y otra curiosidad: tomó un par de clases de surf en la escuela Picuruta Salazar. “Ya se para en la tabla”, aseguran sus amigos.

La ciudad de Santos, además, le brinda cercanía con sus afectos. Casi nunca está solo el Zurdo de Casilda. Comúnmente viajan amigos a visitarlo, además de compartir el día a día con Paula, a quien conoció en Chile.

«Estuvimos una semana en Santos invitados por él. Tiene unas playas hermosas», le cuenta el casildense Daniel Abdala a Clarín. Y amplía: «Fuimos 10 y pudimos mirar el clásico contra San Pablo en el Morumbí. Como no había público visitante, el Zurdo nos consiguió un palco para ir a verlo».

Daniel es hermano de Sergio Turco Abdala, el mejor amigo de Sampaoli. «No pude ir por cuestiones de trabajo, pero estamos siempre en contacto. Jorge revolucionó la ciudad», argumenta con emoción.

Tal vez el único pequeño dolor es la distancia con Benicio, su nieto, hijo de su hija Sabrina. Ni Sabrina ni Alejandro, su hijo, viajan seguido a Santos porque trabajan en el complejo deportivo que Sampaoli inauguró en Casilda a fines del año pasado.  

«El estilo de Sampaoli encaja a la perfección en Santos». La frase le pertenece a Tostão, campeón con Brasil en el Mundial de 1970 y una de las voces más respetadas del fútbol brasileño. Desde sus columnas de opinión en Folha de San Pablo, el también médico y periodista suele llenar de elogios al entrenador nacido en Casilda.

«Sampaoli es la mayor esperanza del aficionado brasileño para ver un fútbol diferente, ya que gran parte del partido, sitúa siete u ocho jugadores en el campo adversario. Sus equipos juegan por presión y nunca dejan de buscar la victoria. Lo que hace con Santos no es nuevo, pero sí innovador», destacó en un escrito del mes de marzo.

No le fue fácil el comienzo a Sampaoli en Santos, un equipo con un presupuesto más bajo que los colosos de Brasil. Fue eliminado en octavos de final de la Copa de Brasil ante Atlético Mineiro, cayó en semifinales del Paulista contra Corinthians y no pudo superar a River de Uruguay en la primera ronda de la Copa Sudamericana.

Arrancó el Brasileirão con muchas dudas y la venta de Rodrygo, la estrella del equipo, a Real Madrid. Pero provocó una revolución ofensiva el entrenador y puso en la cancha a un equipo joven, atlético y ambicioso. Suele jugar con un 4-3-3 o con un 3-4-3. Las figuras son el uruguayo Carlos Sánchez y el venezolano Yeferson Soteldo.

Acumuló 7 victorias en fila Santos y por eso es el líder del torneo, junto a Flamengo, con 36 puntos. Volvió a ganar la fecha pasada, 1-0 ante Chapecoense, luego de tres juegos sin victorias, con dos derrotas y un empate.

«Jorge pelea de igual a igual contra equipos con presupuestos europeos. Se cansó de pedir refuerzos y no llegó nadie. Se arregla con lo que tiene y está puntero. Por eso lo aman acá en la ciudad», revela Penelli. 

Lo que dice Penelli no es caprichoso: Flamengo gastó más de 50 millones de dólares en reforzar el plantel (De Arrascaeta, Filipe Luis, Rafinha, Bruno Henrique, Pablo Marí y Gerson) y fijó para la temporada un presupuesto de 112 millones de la moneda de Estados Unidos. El equipo de Sampaoli, en tanto, incorporó por 14 millones de dólares y la estrella del mercado fue Soteldo. Santos y Flamengo se medirán el 14 de septiembre en el Maracaná

Hace 15 años que el mítico Santos no se puede consagrar en Brasil. Lo hizo por última vez en 2004, con Robinho como figura. Ahora no hay figuras, sino un equipo compacto, humilde y con hambre de gloria. Eso logró transmitir Jorge Sampaoli, el hombre que se reinventó en Santos y que revolucionó al equipo y a la ciudad

 

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