Se reflota el nombre “Franco Reverberi”. Es que, sin nombrarlo, el Tribunal Federal N° 2 de Mendoza, que condenó a ex militares y policías por crímenes de lesa humanidad, libró un oficio al Papa Francisco a fin de ponerlo en conocimiento de las graves intervenciones de curas sanrafaelinos durante la dictadura cívico-militar.

Durante años, el cura Franco Reverberi tenía un espacio en la televisión sanrafaelina, y además de informar sobre las actividades de la Iglesia Católica daba consejos de moral y buenas costumbres. Sin embargo, detrás de esa figura paternal, se escondía un personaje por demás siniestro. En realidad, lo de “esconder”, es hasta ahí nomás, dado que no eran pocos los sanrafaelinos que lo señalaban como un ser oscuro. Sin embargo, gozaba de prestigio y gran parte de la sociedad lo tenía como alguien encumbrado, incluso muchos políticos que ocuparon cargos en democracia.

No es menor el dato que en los 80’, ya finalizada la dictadura, era número puesto en actos oficiales y tenía un segmento en la televisión de donde señalaba con el dedo a los que se descarrilaban del camino de la moral.

Este sujeto fue señalado por varios testigos en el primer juicio que se hizo en San Rafael por crímenes de lesa humanidad, en el año 2010. En aquella oportunidad se escucharon idénticos relatos de las víctimas que lo ubicaron al cura como colaborador de los militares en “actos de confesión”.

Reverberi fue posicionado por más de un ex detenido en el escenario de las torturas. Fue entonces que a partir de esos relatos se pidió orden de captura para el sacerdote que, además de ser capellán del Ejercito, estuvo décadas en la iglesia de Salto de las Rosas. No obstante, ya era tarde, el individuo seguía manteniendo ciertos contactos y fue por eso que de un santiamén había cruzado el océano.

La Interpol salió a rastrearlo, pero no pudo ubicarlo por ningún lado. Hasta que de pronto, con total impunidad salió a dar declaraciones a medios italianos. Resulta que el cura estaba refugiado en un diminuto pueblo ubicado en cercanías de Parma.

Hablaba porque tenía la confianza de que jamás volvería a San Rafael a dar explicaciones sobre sus actos durante la dictadura cívico-militar. No se equivocó, porque la Justicia italiana negó la extradición. Evidentemente allí hubo alguna presión por parte de una fuerza superior, quizás “divina”.

Hoy su nombre sale a la luz nuevamente, ya que, aunque no lo nombraron, cae de maduro que se hacía referencia a su persona. Es que el Tribunal Federal N°2 que ayer condenó en nuestro departamento a ex militares y policías por crímenes de lesa humanidad libró un oficio al jefe de Estado del Vaticano (Papa Francisco) con el objetivo de poner en su conocimiento las graves intervenciones de sacerdotes de la diócesis de San Rafael en aquellos años oscuros de nuestra historia.

Es, al menos, raro lo que sucede con la cúpula de la Iglesia en ese sentido, ya que Francisco no tuvo pelos en la lengua en condenar a los curas pedófilos y en tal sentido pidió “tolerancia cero”. No obstante, poco y nada se ha pronunciado respecto de la participación colaboracionista de algunos miembros de la Iglesia.

Silvio Barroso

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