River vive en estado de gracia. Los resultados, las individualidades, el engranaje colectivo, el buen fútbol desplegado, el presente y la historia reciente lo hacen confiar e ilusionarse a futuro. Con la triple competencia abierta, el equipo de Marcelo Gallardo siempre redobla la apuesta y este martes vivió otra jornada especial con festejo por partida doble. Mientras los hinchas se deleitaron con la celebración del nuevo triunfo sobre Boca en la Copa Libertadores, el Millonario construyó un necesario e importante triunfo por 2-1 sobre Colón.

El choque de finalistas internacionales se dio con realidades diferentes: River buscaba alcanzar los 21 puntos con los que Boca y Argentinos Juniors son líderes; Colón pretendía engrosar el promedio porque, pese al deseo de conquistar la Copa Sudamericana el 9 de noviembre ante Independiente del Valle en Asunción, necesita alejarse de la zona de descenso.

En ese contexto, River salió decidido a volver a sus planes habituales después de una noche en la que Boca lo sacó de su eje en la Bombonera. Y buscó cumplir varias de sus máximas de juego: someter a los rivales, presionar alto para recuperar la pelota rápido, apostar por la posesión continua, desmarcarse constantemente, alternar posiciones para evitar referencias y buscar conexiones entre líneas para llegar en posición favorable al arco rival.

Pero nada le fue fácil ante un sólido Colón que dispuso un duro 4-1-4-1 que no le permitió ni circular ni romper líneas con facilidad. Por eso, fue lógico el 0-0 de un primer tiempo en el que solo hubo una situación concreta de gol a los 38 minutos de juego: Matías Suárez definió de emboquillada tras un pase filtrado de Milton Casco y la pelota se fue muy cerca. Además, el árbitro Nicolás Lamolina omitió un claro penal de Casco sobre Wilson Morelo.

Todo se terminó abriendo en menos de 10 minutos tras el inicio del segundo tiempo: un pase largo de Javier Pinola derivó en un gran centro de Suárez que conectó Nicolás De La Cruz con un gran zapatazo para vencer el arco de Leandro Burián y establecer el 1-0. A partir de ahí, River se soltó, jugó el segundo tiempo con mucha mayor determinación y comenzó a arrinconar a Colón en su propio campo, con reiteradas situaciones de gol y un amplio despliegue para mostrar todas sus credenciales.

Además, a falta de 30 minutos ingresó Juan Fernando Quintero, el exquisito número 10 que regresó al Monumental en su tercer partido tras la rotura del ligamento cruzado anterior de la rodilla izquierda que sufrió en marzo. Con sus pinceladas encendió al público y, tras un gran zurdazo suyo desde afuera del área, su compatriota Rafael Borré (en posición adelantada) capturó el rebote de Burián y envió un centro al medio, que el propio arquero terminó metiendo en su arco.

El 2-0 fue un duro golpe para un conjunto santafecino que no pudo repetir su sólida tarea de la parte inicial y quedó aturdido por el gran juego que desplegó River en el segundo tiempo. Finalmente, a falta de diez minutos consiguió el descuento con el segundo gol en contra de la noche: Lucas Martínez Quarta descolocó a Franco Armani tras un desborde y centro de Gabriel Esparza. Pero nada se modificó pese al suspenso.

El triunfo hizo vibrar a un Monumental inundado por el fervor y la euforia que produjo la clasificación a la final de la Copa Libertadores tras la quinta victoria consecutiva en definiciones directas frente a Boca. Porque más allá de haber llegado momentáneamente a lo más alto de la Superliga, los hinchas vivieron una nueva noche de sonrisas, con varias canciones que retumbaron una y otra vez en Núñez para celebrar otro éxito ante el máximo rival.

«Tomala vos, damela a mí, el que no salta. murió en Madrid», gritó todo el estadio luego de las salidas de los equipos al campo, y todo continuó con uno de los últimos hits: «La gente se pregunta qué pasó con Boca. qué pasó con Boca que no existe más». Y no solo hubo cánticos conmemoratorios: la Subcomisión del Hincha desplegó tirantes rojos y blancos en la cabecera Sivori Alta y además apareció una nueva bandera en la misma tribuna con letras blancas y fondo negro: «Te ganamos la más importante de la historia».

Los fanáticos millonarios disfrutan como nunca antes. Viven momentos tan históricos como impensados. Quizás ni en los mejores sueños del más optimista se encontraba la posibilidad de atravesar un presente así. Y la confianza y la creencia en el equipo están a tope: «En Santiago de Chile vamos a ganar. y la vuelta vamos a dar», retumbó el Monumental para despedir al plantel. Un grito de esperanza para amenizar una espera que promete ser larga.

 

Fuente: www.lanación.com