La historia de la condición de tenista zurdo de Rafael Nadal es bien conocida. Todo cambió una tarde cuando Jofre Porta, entrenador de la Real Federación Española de Tenis, visitó las islas Baleares y se encontró con Toni Nadal, quien le presentó a su sobrino. El niño, que no llegaba a los 10 años, jugaba el drive y el revés a dos manos pero su entrenador concluyó en aquella charla que con la mano izquierda tenía más fuerza para golpear la pelota aunque fuera diestro de ojo y mano (Rafael Nadal escribe y come con la derecha). El corolario es bien conocido: aquel pibe se convirtió en número 1 del mundo y en el mejor jugador de canchas lentas de todos los tiempos.

La historia que no se conocía era la de Maria Sharapova, otra número 1 y ganadora de cinco Grand Slams. Nadie sabía que la rusa pudo haber jugado con la zurda hasta que lo contó en su autobiografía Unstoppable(Imparable). Resulta que cuando tenía apenas 12 años una idea cautivó de tal manera a su entorno que a punto estuvo de modificar la película. “Si empezás a jugar con la zurda serás imbatible”, le dijo su padre Yuri Sharapóv. ¿Por qué le aconsejó que cambiara? Sharapova tenía su mejor golpe en su revés a dos manos y Robert Lansdorp, su entrenador por aquellos años, pensó que si le resultaba tan fácil pegar de ese lado podría llevar su revés al otro y aprender a tener un nuevo drive con la zurda. Sin embargo, el experimento duró cuatro meses. Fue el tiempo que tardaron Sharapóv, su hija y Lansdorp en llegar a la academia de Nick Bollettieri. El gurú del tenis acabó con la idea apenas la vio en la cancha aunque prefirió que la niña decidiera por sí misma. “Sé que vas a tener mucho éxito en tu carrera. No importa si jugás con la derecha o con la izquierda pero tenés que elegir”, la apuró.

“¿Hubiera sido mejor como zurda? ¿Hubiera sido peor? Nunca lo sabremos. McEnroe, Connors y Laver fueron zurdos y no les fue mal”, escribió Sharapova en su libro. Más allá de su doping, la carrera de la rusa fue excelente. Lo demás son especulaciones… que son además las que alimentan la promoción de su propio libro.

 

Fuente: www.clarín.com