Lo anunció la primera ministra británica. Pero están muy trabadas las negociaciones.

El Brexit tiene fecha. El 29 de marzo, a la medianoche de Bruselas, Gran Bretaña finalmente se irá de la Unión Europea. Así lo anunció la primera ministra Theresa May, en un artículo en el diario conservador The Daily Telegraph. Esa es una de las enmiendas que el gobierno agregará a la ley de britanización de legislación europea, que se tratará la semana próxima en la Cámara de los Comunes. El gran interrogante es cuáles garantías existen para que esa fecha se concrete ante el desastroso estado de las negociaciones con la UE, el ultimátum de “ dos semanas” de Bruselas, y la fragilidad de May, que para los europeos, podría caer “antes de fin de año” y el reino ser convocado a nuevas elecciones generales.

“Nosotros no toleraremos ningún intento de usar el proceso de enmiendas a la ley de retiro de Europa como un mecanismo para bloquear los democráticos deseos del pueblo británico de retrasar o detener nuestra partida de la Unión Europea. Nosotros nos vamos de la Unión Europea el 29 de marzo del 2019”, escribió Theresa May.

El problema es que May enfrenta una rebelión en sus propias filas conservadoras, que ante su fragilidad y la crisis del gobierno, quieren recuperar el control del Brexit para el Parlamento y sacarlo de las manos del gobierno. Se votarán 400 enmiendas y Theresa May se juega su cargo si no consigue que lo voten.

La fecha fue proclamada por May el mismo día que comenzaron las sextas y últimas negociaciones del Brexit en Bruselas, como si buscara un gesto de autoridad, en el caos de su gabinete dividido por Europa. El jefe de los negociadores de la UE, Michel Barnier, dio al gobierno británico “una fecha límite de dos semanas” para obtener “vital clarificación” sobre el compromiso financiero que están listos a honrar, como pago del divorcio institucional más caro y único de la historia del Tratado de Lisboa. Si no consigue esas certezas, el Consejo de Europa no aprobará el próximo paso de las negociaciones, que son las tratativas para un acuerdo comercial, la única ambición británica.

Si Gran Bretaña no ofrece concesiones, no habrá progresos en el Brexit. Hasta ahora ofrece 20.000 millones de libras pero cualquier intento de aumentar esa cifra es para May un problema porque ha quedado en manos de los euroescépticos.

La Unión Europea rechaza discutir un acuerdo de transición, que es lo que exigen los bancos y los hombres de negocios británicos al gobierno, si Gran Bretaña no hace finalmente un “real y sincero” progreso en los tres puntos que bloquean estas negociaciones. Ellos siguen siendo los derechos de los ciudadanos británicos y europeos respectivamemte, el borde con Irlanda del Norte como garantía del proceso de paz, y un compromiso para acordar la cuenta a pagar por el divorcio europeo.

Si el reino no ofrece en “dos semanas” una respuesta a las demandas, cualquier negociación se postergará hasta marzo del 2018. El Consejo de Europa se reúne en marzo del 2018 y son ellos los que deciden que es o no aceptable. Desde entonces solo le quedaría un año a Theresa May -o a quien esté entonces en el gobierno británico- para negociar un acuerdo de transición, una extensión temporaria del statu quo o más tiempo para las negociaciones.

David Davis, secretario del Brexit y negociador británico, cree que se han hecho “substanciales progresos técnicos” en la cuenta a pagar. Michel Barnier lo desmiente. ”Esta situación única requiere soluciones únicas”, dijo el francés. Un documento de la UE sostiene que la única forma de evitar una frontera dura y física entre Irlanda e Irlanda del Norte es que Irlanda del Norte se mantenga en el mercado único y en la unión aduanera, a diferencia del resto de Gran Bretaña. El Reino considera que la sola idea amenaza su soberanía .

En medio de este duro debate, Lord Keer, ex diplomático británico que redactó del artículo 50 en el tratado de Lisboa que implementa el divorcio de un Estado europeo con la UE, dijo que “Gran Bretaña puede optar por revertir el Brexit hasta el momento en que se va”. Incluso si la fecha para la partida de Gran Bretaña de la UE está escrita en la legislación británica de salida.

Lord Keer, ex embajador británico ante la Unión Europea, insistió que la carta escrita por Theresa May no es la última palabra en el proceso de divorcio. ”El Brexit es reversible”, alertó. Hasta ahora el gobierno británico consideraba al proceso” irreversible”.

En un evento auspiciado por la pro europea UE Open Britain dijo que “nosotros no debemos retirarnos solamente porque la señora May envió una carta a Bruselas. El país tiene una libre oportunidad sobre como proceder. Cuando nuevos hechos emergen, la gente tiene derecho a tener otra visión. Y no hay nada en el artículo 50 que los detenga”, explicó Lord Keer. Si la gente cambia de opinión, no será el artículo 50 quien frenará que no haya Brexit.

 

Fuente: www.clarin.com/mundo

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