Tiger! ¡Tiger! ¡Tiger! ¡Tiger! El público estalló y el mundo del golf ya disfruta de un momento muy esperado: después de una larga espera de 11 años, Tiger Woods es nuevamente campeón de un Major. El californiano mostró su sonrisa más plena en el Masters, que significa el 15º torneo de Grand Slam de su carrera y el quinto que obtiene en Augusta National, después de sus consagraciones en 1997, 2001, 2002 y 2005.

La Tigermanía había comenzado justamente en 1997, cuando a los 21 años se había transformado en el ganador más joven entre las magnolias y azaleas. Ahora, a los 43 y después de mil y un problemas (escándalos sexuales, varios pasos por el quirófano y hasta una detención policial por conducir anestesiado por medicamentos), recupera ese saludable ritual ganador en las citas grandes y quedó a tres de Jack Nicklaus, el máximo campeón en la historia.

Demasiado tiempo había transcurrido desde 2008, cuando había triunfado por última vez en los Majors: fue en el US Open de Torry Pines, cuando se impuso en un desempate de 18 hoyos con Rocco Mediate. Ahora, vestido de rojo furioso como en sus domingos más gloriosos, disfruta del definitivo renacimiento de su juego, aunque ya se había llevado el Tour Championship el año pasado, última escala de la FedEX Cup del PGA Tour.

“El año pasado sentía la suerte de volver jugar al golf otra vez. Un par de años no pude participar en Augusta y ahora es increíble poder hacerlo. Es una experiencia sin igual, no tengo palabras para describirla. Mi mamá estuvo aquí en 1997, cuando gané, y ahora vuelve a estar al lado mío”, mencionó el astro respecto de Kultida, y recordó también la vivencia invalorable de festejar al lado de uno de sus hijos, Charlie Axel.

Tiger empleó una última vuelta de 70 (-2) para un total de 275 (-13), el resultado de un torneo que estuvo muy apretado de principio a fin. Falló en los momentos claves el italiano Francesco Molinari y, hasta último momento, Brooks Koepka ejerció presión. Pero el oriundo de Cypress, hiperconcentrado sobre la hierba del club más exclusivo del mundo, dio el definitivo zarpazo gracias a los birdies en los hoyos 3, 7, 8, 13, 15 y 16, más allá de sus bogeys en el 4, 5, 10 y 18. Así, el golf vuelve a vibrar con uno de los deportistas más influyentes de todos los tiempos.

Desde que llegó al profesionalismo en 1996 no paró de batir récords. Ahora, es la primera vez que se impone en un certamen grande sin salir como líder en la última jornada, ya que hoy había arrancado a dos golpes de Molinari. Y frente a él hubo un lote de lobos hambrientos dispuestos a llevarse la chaqueta verde. Pero Tiger, aquel mito que esta semana se humanizó para demostrar su costado más emocional -sobre todo en los festejos finales- dejó con las manos vacías tanto al italiano como a Dustin Johnson, Xander Schauffele y Koepka, estos tres últimos a un golpe.

 

Fuente: www.lanación.com