Llegó un momento en el que tuvo que alejarse de su familia porque cuando fue consciente de su situación no sólo no recibió el apoyo y la contención que necesitaba sino que era a ella a quien cuestionaban. Todos ponían en duda su palabra. Andrea Mila fue abusada desde los cinco años y nadie la quiso escuchar.

Como pudo, siguió adelante y hoy integra la Red Nacional de Visibilización Contra el Abuso Sexual a Niñas, Niños y Adolescentes, un grupo que busca poner en agenda el tema y activar políticas públicas eficientes para combatirlo.

Con motivo del Día Mundial para la Prevención del Abuso sexual en las Infancias, que se recuerda cada 19 de noviembre, se llevará adelante el próximo martes una jornada frente al Congreso de la Nación.

“En Argentina desde hace cinco años estamos tratando de darle más visibilidad al abuso sexual en la infancia, en particular, porque es una de las problemáticas más acalladas e invisibilizadas que todavía cuesta mucho desterrar”, contó Mila a Infobae.

-¿Qué es lo que van a hacer frente al Congreso?
-Va a haber un poco de todo, pero por lo general lo que tratamos de hacer son actividades de prevención para niñas, niños y adolescentes. Va a haber un área en particular con cuentos que hablan del cuidado del cuerpo, del consentimiento. Está todo encaminado y relacionado con la ley de Educación Sexual Integral que desde la Red creemos que es la herramienta fundamental para la prevención. Habrá bandas, acciones en vivo y un cierre de una agrupación que se llama ARDA.

-¿Cómo se trabaja la prevención?
-Creemos como fundamental que la Ley de Educación Integral sea implementada en todas las instituciones educativas, desde el nivel inicial, porque también a veces hay mucho miedo de lo que se va a hablar y de qué manera. Pero la ley fue pensada y armada por personas que son especialistas. Es importante que en las casas se hable de educación sexual integral porque en la problemática del abuso la mayoría de los casos son intrafamiliares. Ahí es donde tiene que haber intervenciones de otras instituciones, como la escolar.

-¿A qué edad un chico puede verbalizar que es víctima de un abuso?
-La realidad es que los niños y niñas manifiestan de diferentes maneras que están sufriendo violencia sexual. Muchas veces no es la verbal, que a veces es la que menos se reproduce. Hay conductas que tienen que ver con la exteriorización en los dibujos, o algunas acciones fuera de lo común. Entonces hay que estar muy atentos y atentas a esas cuestiones, no esperar que haya una manifestación verbal únicamente. Convengamos que es muy difícil verbalizar algo cuando un familiar te está diciendo que eso que te hace lo hace porque te quiere. Entonces, ¿cómo un niño diferencia que eso es algo malo?

-¿En qué momento el niño o niña abusada puede darse cuenta de eso?
-El abuso se da con diferentes herramientas, una es el silencio. Otra el secreto y las amenazas. Hay algo de todo eso que se maneja que el niño o niña percibe.

-Que si estuviera bien no sería secreto.
-Exactamente. Por eso es importante en la ley de Educación Sexual Integral hablar del secreto. Que hay secretos que son malos, que hay secretos que no está bueno guardar, que está bueno poder confiar en algún adulto o adulta y poder manifestarlo. Hay que hacer un trabajo en conjunto entre las escuelas, o las instituciones en general, incluida la familia.

-En la adolescencia también hay abuso, ¿cómo se desarrolla la cuestión ahí?
-Por lo general hay un silenciamiento social y faltan muchísimas herramientas para poder abordar esas voces. Te encontrás con que hay un adolescente que te está diciendo que sufrió un abuso, ¿cómo hacés para acompañar esa situación y empatizar?Depende mucho de quién esté del otro lado, quién esté escuchando, cómo esa persona va a reparar ese daño después. Si de alguna manera lo va a silenciar, o lo va seguir reproduciendo y elaborarlo.

-¿Hay una diferencia entre el abuso en la niñez y en la adolescencia?
-El adolescente es distinto pero no quita la gravedad de la situación. Creo que la mejor manera es acompañarlos a través de una terapia que esté especializada, porque la realidad es que no todo el mundo tiene las herramientas para poder abordarlo desde lo terapéutico, entonces hay que buscar instituciones y profesionales que sepan del tema.

-¿Es una terapia integral para la persona abusada y para el familiar?
-Sí, integral, porque convengamos que una madre que se entera que su hijo o hija sufrió un abuso es toda una situación traumática ¿Cómo se aborda desde la familia esa situación? Es ahí es donde hay que integrar todo.

-Cuando se habla de abuso se piensa en varones abusando nenas, ¿qué otros casos se dan?
-Hay otros casos, pero el 79 por ciento son de varones.

-¿A nenas?
– A niñas y niños. Hay un informe de la Organización Mundial de la Salud del 2016 que dice que una de cada cinco mujeres, y uno de cada 13 varones declaran haber sufrido abuso en su infancia. Esto es sobre casos que están denunciados, verbalizados, cuántos más no se están diciendo ni entrando dentro de esas cifras. Muchas veces se cuestiona qué implica la violencia patriarcal, el pater familiasCuando hay un abuso no solamente implica una violencia sexual sino el sometimiento a través del poder de alguien que está más vulnerable, en ese sentido, un adulto a un niño o una niña.

-¿Se hace justicia en estos casos?
-Es muy difícil. Se dice que sólo uno de cada mil casos que llega a la justicia tiene una sentencia firme. Atravesar una instancia judicial es muy revictimizante. Las niñas y los niños que van tienen que contar y explicar lo que han vivido en una Cámara Gesell, en 20 minutos, que muchas veces no lo pueden hacer a través de la palabra, sino lo hacen a través de otras situaciones.

-¿Por ejemplo?
-Muchas veces son las madres protectoras las que llevan adelante estas denuncias judiciales y son puestas como alienadoras, locas, que les llenan la cabeza a los nenes y nenas con estas situaciones porque quieren algún beneficio económico de su ex. Cuando en realidad ninguna niña ni niño puede inventar una situación sobre la sexualidad adulta. No hay posibilidad de mantener un discurso a lo largo del tiempo sobre una situación así sobre algo que se debería desconocer.

-Si un chico lo dice, es porque lo experimentó.
-Exacto. Hagamos el ejercicio de remontarnos a nuestra infancia y ver qué conocimiento teníamos de sexualidad ¡Ninguno! Es también pensar un poco en eso. Muchas veces, a los adultos y adultas que hemos vivido alguna situación de abuso en nuestra infancia y queremos denunciar la Justicia nos dice que el tiempo ya pasó.

-Vos lograste que no prescribiera.
-En realidad no.

-¿Qué pasó?
-Hubo muchos cambios legislativos y fueron muy positivos. Se estaba luchando por una ley que sea imprescriptible, que cualquier persona, en cualquier momento, a cualquier edad pueda hacer el reclamo y que haya una instancia judicial. No se pudo porque los únicos delitos que no prescriben son los de lesa humanidad y los de guerra. Entonces, desde la agrupación en la que estoy estamos intentando que sean similares, que se pueda decir: esto es un delito que no debería prescribir por las consecuencias psicológicas que deja, que son muy similares a las de veteranos de guerra.

-En tu experiencia, ¿cómo fue el tránsito hasta poder llegar a decirlo?
-Fue muy difícil. Me pasó de bloquearlo durante muchos años, no a nivel consciente de decir: voy a bloquear esto, sino es un mecanismo de defensa para poder sobrevivir. La cabeza de repente se nubla y no recuerda todas esas situaciones, hasta que hay un disparador, algo que pasa en la vida que hace que eso vuelva. Y lleva tiempo.

-¿Cuál fue tu disparador?
-Empecé a tener los primeros acercamientos sexuales y de repente me di cuenta que algo estaba pasando en mi cuerpo que no estaba bueno. No estaba disfrutando de esas situaciones siendo una adolescente. Fue ahí cuando empecé a replantear que algo había pasado. El cuerpo tiene memoria, es inevitable, darle lugar a eso. Me llevó muchísimo tiempo poder hacer algo, encontrar un espacio, una transformación.

-¿Cuándo lo hablaste por primera vez?
-Primero fue con un chico que me gustaba porque sentía como que tenía que explicar mucho la situación y tampoco hubo mucha recepción ante eso. Después fue con mi mamá, que mucho lugar no le dio.

-Con tu mamá era difícil porque estábamos hablando de tu hermano.
-Claramente. Fue mi hermano y fue difícil para toda la familia. Sí, creo que hay algo de lo que sucede que es cuando se devela esta situación, es que ubica a la familia, quiénes quedan de un lado y quiénes del otro. Pero más de lo explícito y de lo expuesto que ya estaba dado desde antes. Fue difícil. A mí me llevó a alejarme de la propia familia porque me generaba más daño que beneficio.

-¿Te cuestionaban a vos?
-Sí, había un cuestionamiento de por qué yo estaba denunciando, y por qué estaba haciendo esto. No entendían que para mí era una manera de reparar no solamente mi historia, sino para que esto no volviera a suceder. Cuando exteriorizo o manifiesto mi situación lo que intento tiene que ver con dar voz a muchas de esas situaciones que están acalladas, silenciadas.

-¿Cómo es la relación ahora con tu familia, con tu mamá?
-Me alejé bastante. Por suerte tengo a mi otro hermano que vive lejos. Pero fue un poco difícil. Hoy por hoy siento más sanos los vínculos así, pero no tengo vínculo directo.

-¿Cuántos años tenías en ese momento?
-Los abusos empezaron más o menos a los cinco años hasta los 12 o 13.

-¿Y cuando empezaste a darte cuenta eras adolescente?
-Tenía 16 o 17 años.

-¿Después terminaste el secundario y te fuiste de tu casa?
-Más o menos. A buscar, si no era en ese lugar donde podía encontrar una reparación o algo, lo iba a encontrar en otro lado. Por suerte está mi tía del alma, que siempre hay alguien dentro de esas familias que ayuda mucho, en este caso fue mi tía, que es hermana de mi madre. Que está siempre apoyándome en lo que puede.

-Primero es el miedo que no te crean adentro de la familia, ¿cómo es el proceso hasta llegar al afuera?
-El abusador genera esa vergüenza y te responsabiliza de esos actos, cuando en realidad, sos un niño o niña y no tenés responsabilidad alguna.

-Porque sos una víctima.
-Exacto, sos una víctima, pero el lugar que se te pone es de responsable. Cuesta mucho desarticular todo ese mecanismo. Al principio me llevó mucho tiempo la exposición, que sigue siendo difícil, no digo que sea algo fácil, pero le encuentro otro objetivo, otro motivo. Cuando lo hablo sé que detrás de una nota o una pantalla hay alguien que sufrió una situación así, y que por ahí es la primera vez que está escuchando o viendo alguien que lo está diciendo.

-¿Hiciste alguna terapia?
-Muchas terapias. Creo que el espacio terapéutico tiene que estar sí o sí siempre.

-¿Cómo fue tu vida sexual después?
-Muy bien, por suerte. Pero tiene que estar acompañada de todo un proceso. Empezar a disfrutar de la sexualidad implica para mí poder trabajarlo en un espacio de terapia.Poder manifestar todas esas incomodidades y después ir tratando de elaborarlas como en un proceso. Se puede disfrutar y tener una vida sexual placentera pero, como todo en la vida, hay que saber a qué hacerle frente.

-¿Qué otros tipos de abusos hay?
-El abuso en general tiene que ver con el maltrato físico, con el maltrato psicológico, no solo meramente la sexualidad, sino con el golpe, la mala palabra, el insulto.

-O sea que el maltrato no es solamente dentro de una relación de pareja sino que se da dentro de la familia.
Se da dentro de todas las familias, por eso está bueno que haya un día que se pueda hablar con herramientas para prevenir, que no quede solamente expuesto en: ésto está pasando. De qué manera podemos trabajar para erradicar esto de la sociedad y decir que está mal.

Fuente: www.infobae.com