Carlos Steneri fue el funcionario uruguayo que manejó el canje de deuda de 2003 de ese país y evitó el default. Durante ocho años, bajo gobiernos de distinto signo político, condujo la oficina de gestión de la deuda pública. En aquel momento Uruguay desechó la sugerencia inicial del FMI de aplicar una quita importante a la deuda. La justificación uruguaya para evitar dicha opción e ir por el camino de la reperfilación voluntaria de vencimientos se sostenía en que el país debía priorizar una conducta sostenida durante décadas: nunca romper los contratos, siempre cumplir con lo firmado.

Toda su experiencia al frente de las negociaciones llevadas a cabo por Uruguay entre 2002 y 2003, tanto con el Fondo Monetario Internacional como con los acreedores privados, fue volcada en «Al borde del abismo», un libro excepcional que cuenta en detalle las dificultades financieras que atravesó Uruguay en aquellos aquellos años y cómo logró resolverlas.

Steneri habló con Clarín sobre cómo fue la experiencia uruguaya, y qué similitudes y diferencias encuentra con la Argentina de hoy. De entrada, fija una consigna: toda negociación se debe encarar de manera “sincera y amistosa”, y considerando a los bonistas no como un problema, sino como parte de la solución.

– Usted condujo las difíciles negociaciones que, aún contra la opinión inicial del FMI, Uruguay encaró en 2003 para reperfilar exitosamente su deuda con los acreedores privados. La propuesta de su país fue estirar plazos, sin recortar capital ni reducir intereses. Algo similar a lo que se anunció aquí. ¿Encuentra otros paralelismos con lo que hoy está atravesando la Argentina?

– Se me ocurren algunas reflexiones, que de ningún modo deben leerse como consejos. En primer lugar creo que para el caso de nuestros países, el mercado es un socio permanente, en las buenas o en las malas. Siempre vamos a necesitar de ellos para financiarnos, tanto el sector público como el privado. Y en ese sentido hay algo central: la aproximación al mercado debe ser sincera, amistosa y hay que considerar al mercado como parte de la solución. Estamos todos en el mismo bote, acreedores y deudores.

– Hoy se habla de problemas de iliquidez más que de insolvencia. ¿Que opina al respecto.?

– Siempre nuestros países entran en escenarios de iliquidez, y algún punto de la curva de endeudamiento se hace dificil de cumplir y por lo tanto lo primero es resolver ese problema. Si no se hace en tiempo y forma la iliquidez se convierte en insolvencia. Nadie quiere caer en insolvencia, porque ahí es cuando ambas partes pierden, el deudor y el acreedor.

¿Qué hacer en esos casos?

– Es mejor prevenir que curar. Hay que tomar acciones lo más pronto posible. Hablar con los mercados y explicar las dificultades, intercambiar ideas. Encontrar la alternativas para no actuar a la fuerza, sino a través del diálogo. Hay un punto que es muy importante. Para el sector privado también es crucial que haya una buena gestión en la administración de la deuda, porque el inversor privado, para tomar una decisión, necesita entender que todo el panorama opera fluidamente y el Gobierno podrá cumplir con lo que se comprometió a hacer. Un ejemplo de Uruguay. Como el sector privado entendió que estábamos haciendo una buena negociación, al mismo tiempo que intentábamos una resolución de la deuda la finlandesa UPM realizaba en nuestro país la mayor inversión extranjera de la historia. Hacer una buena gestión pública, en este caso de la deuda, le da confianza al sector privado del país. A nosotros nos ayudó que, con algunos matices, la oposición apoyó las negociaciones.

– El contexto global, de tasas bajas o negativas, puede ayudar en esta renegociación que está por encarar la Argentina?

– Si bien la situación internacional es más compleja que tiempo atrás los mercados siguen siendo líquidos. Esto podría facilitar la conversación porque afuera hay tasas muy bajas.

¿Cómo se deben encarar estos proceso, en general?

Lo primero e importante es asumir que hay un problema, luego diagnosticarlo bien y finalmente actuar en consecuencia.

– Se habla de que es necesario que el FMI colabore extendiendo sus propios plazos para cobrar lo que prestó. Es viable, ahora que también se les pedirá un esfuerzo a los acreedores privados?

-Siempre en estos casos ocurre que todos los acreedores hacen un esfuerzo. Nadie hace el sacrificio para beneficiar a otro acreedor. La caja es la misma para todos. Es importante que se generen consenso y se actúe coordinadamente.

– La lectura optimista que se hace acá es que se puede avanzar en una negociación sin quita de capital ni reducción de intereses, y que los acreedores recuperarían buena parte de lo perdido por la valorización de los bonos tras arribar a un acuerdo. Y ponen como ejemplo lo que ocurrió en Uruguay. ¿Es posible?

– Es lo deseable. El valor presente neto de los bonos reestructurados sube porque  se genera confianza. En Uruguay la tasa implícita de descuento fue 15/17% anual al momento del canje y al poco tiempo los bonos subieron y los que aceptaron extender los plazos ganaron porque mejoró la calidad de crédito. El éxito de nuestra gestión quedó demostrado en que a los pocos meses del canje estábamos emitiendo bonos en pesos uruguayos en el mercado internacional. El riesgo país inmediatamente después del canje comenzó a declinar, y llevó la cotización de los bonos a los niveles de precrisis, en un lapso de 18 meses. Eso posibilitó que la eventual pérdida se diluyera totalmente en ese breve periodo. En definitiva, con la operación ganó tanto el acreedor como el deudor, en este caso el país. Eso se tradujo en una disminución de la carga del servicio de la deuda que liberó recursos para sostener la recuperación económica en los años subsiguientes.

 

Fuente: www.clarín.com