Irrigación presentó el pronóstico de escurrimiento de aguas superficiales período 2017/2018 y la realidad indica que habrá problemas para satisfacer las demandas de todas las cuencas.

Se trata de una estimación de los caudales de los ríos que permite establecer un plan de manejo de los embalses para la provisión de agua para riego, energía y consumo, y todo indicaría que el futuro no es muy alentador.

Las autoridades adelantaron que están obligados a tomar medidas, dado que es evidente que será un año de escasez. En ese sentido el Superintendente General de Irrigación, Sergio Marinelli, firmó una resolución, la 1410, que contempla una serie de instrucciones a todas las áreas del organismo relacionadas con el sistema de riego en general.

 “Esas medidas contemplan obras, pero además un cambio cultural en la manera de regar. Necesitamos eficiencia no sólo a la hora de mejorar la manera de distribuir el agua sino también en la forma de hacer el riego intrafinca”, expresó Marinelli.

Desde Irrigación señalaron que la situación es preocupante, considerando que se trata del 8° año de emergencia hídrica. En esa línea los profesionales de la institución, de acuerdo al pronóstico, calificaron a los ríos Mendoza, Grande, Atuel y el Diamante como “pobres”, en tanto que la situación de los cauces Tunuyán y Malargüe es mucho más grave, dado que fueron considerados como “secos”.

Para mitigar el impacto de la emergencia hídrica, además de las obras que ya están en carpeta, la idea es poner todas las fichas en un correcto manejo del agua, poniendo el acento en las erogaciones que serán de acuerdo a las demandas de las superficies cultivadas en cada cuenca.