El aberrante hecho ocurrido el sábado pasado, donde un sujeto violó la prisión domiciliaria para dirigirse a la casa de su ex, luego prenderle fuego a la propiedad y agredirla físicamente, pone en el ojo de la tormenta el sistema de pulsera electrónica.

Ocurre que el individuo, que estaba con la “domiciliaria” por violencia de género, se arrancó el dispositivo y recorrió 20 cuadras para llegar a la casa de su ex esposa y accionar ferozmente contra la mujer, su hija y el novio de la chica. Antes había prendido fuego la puerta de la propiedad de calle Aristóbulo del Valle al 900 de nuestra ciudad.

No caben dudas de que hay una gran responsabilidad de la Justicia en torno a este caso, dado que con severos antecedentes le otorgó el beneficio de cumplir encierro en su propia casa. Quizás en este punto existe, al menos, una desprolijidad por parte del sistema judicial.

Aunque no es menor el dato de la, ya famosa, pulsera electrónica, teniendo en cuenta que no es el primer preso de nuestra provincia que se la saca para ir a cometer fechorías.

Se trata de un sistema que vigila y supervisa el Servicio Penitenciario. Con un pequeño detalle: que el monitoreo es posible siempre y cuando el preso se movilice en un determinado rango de espacio determinado por el punto geográfico donde está el equipo, algo así como 15 o 20 metros a la redonda del punto central de la casa.

La obviedad señala que el control es posible mientras la tenga puesta.

Si el preso se la saca inmediatamente se detecta en la base de control que está en la capital provincial, quienes dinámicamente tendrían que avisar a las fuerzas policiales para que actúen.

El Director de la Cárcel de San Rafael, Roberto Mango, informó a nuestro medio que en la actualidad hay 60 personas con prisión domiciliaria. Un número llamativo.

La interpretación popular marca dos caminos: o la Justicia es muy contemplativa o no hay espacio en la penitenciaría local. Quizás las dos puedan encajar como parte del mismo engranaje.

El funcionario penitenciario informó además que hay colocadas 30 pulseras electrónicas, es decir, solamente la mitad de los que tienen prisión domiciliaria son monitoreados en vivo y en directo. Los demás, “siempre con las disposiciones de la Justicia nosotros hacemos los controles correspondientes en el domicilio. Pero esa rutina la impone un juez”, aclaró Mango.

En relación a las pulseras precisó que “son controladas desde la capital de la provincia por un centro de monitoreo. Cuando se detecta algo raro, que no siempre es que el preso se la saque, ya que también puede fallar el sistema, se avisa directamente al CEO y también a nosotros para que fiscalicemos en el lugar. Ocurre que hay veces que deja de mandar la señal porque el equipo tuvo un desperfecto, entonces va nuestro personal especializado y revisa el aparato”.

“Y si el privado de la libertad se la saca o la rompe actúa directamente la Policía, ya que reciben el aviso inmediatamente de la novedad”, explicó en el final.

Silvio Barroso