Quedate tranquilo que, si se paga, González sale“. La promesa habría salido de la boca de Pablo Molina, secretario del Juzgado Federal N° 1 de Corrientes  y uno de los hombres de confianza del magistrado Carlos Soto Dávila. 

De acuerdo a un arrepentido que declaró la semana pasada ante el juez federal de Capital Sergio Torres, la cuestión era la siguiente: a cambio del pago de 30.000 pesos de coima, Molina conseguiría la eximición de prisión de un hombre ligado al narco Federico “Morenita” Marín.

El caso donde Ricardo “Caballo” González no fue detenido en 2015, aunque en un domicilio suyo se habían secuestrado 600 kilos de marihuana, integra uno de los 10  episodios oscuros que se le imputan a Soto Dávila. Este en particular involucra, sobre todo, a Pablo Molina, preso desde el martes de la semana pasada cuando en un operativo simultáneo cayeron cinco abogados y dos secretarios judiciales.

El arrepentido no habló de una historia desconocida para los fiscales al hacer referencia a “Caballo” González. Pero sí dio muchos detalles de cómo eran los pagos, cómo fue ese en particular… e involucró directamente al juez. “Mirá que tengo que juntar para el viejo“, fue una de la expresiones que el “imputado colaborador” puso en boca de Molina y que complica a Soto Dávila.

Como en una mala película de gangsters, el arrepentido contó que cuando pagó la coima por González siguió los pasos que ya había cumplido en otros casos similares. Se citó con Molina en una esquina, el secretario llegó con su Volkswagen Vento blanco que le había dado el juzgado; él se subió al auto de Molina y le entregó el dinero, la mitad del dinero, a cuenta.

En sus propias palabras: “Cada uno venía en su auto. Cuando Molina llegaba, yo me subía al vehículo de él, que era un Vento blanco que tenía como depositario judicial, ya que se lo había entregado Soto Dávila. Ahí, adentro de su auto, le entregué la plata y él se fue. Así terminó este arreglo. Sé que después Molina le entregaba una parte a Soto Dávila, no sé cuánto, eso lo arreglaban entre ellos“.

El perfil que hizo el arrepentido del secretario del juez es el de alguien insaciable. “Molina era terrible. Siempre decía: ‘¿​Dónde está la plata? ¿Ya pagó? ‘. Era tan insistente que me daban ganas de hacer todo por derecha. A veces me insistía tanto que prefería darle su parte y quedarme sin ganancia. (…). Molina viajaba a cada rato, era impresionante, se iba a Europa, New York, a Paraguay iba a cada rato a comprar electrónica, yo le decía: ‘Pará un poco la mano, no podés viajar tanto, que la gente se va a dar cuenta, no podés tener ese nivel de vida”. 

Molina es una persona que se desespera por la plata“, recalcó una y otra vez el arrepentido, quien dio detalles de cómo el secretario del juez quería cobrar 150.000 pesos por cada excarcelación pero él lo convenció de que era demasiado dinero “para los precios del mercado“.

No me podía exceder tanto, porque los narcos se iban con otro abogado. Finalmente lo convencí a Molina de que esta era la única forma… cuando digo ‘arreglos’ es la entrega de dinero a Molina y Soto Dávila, para lograr beneficios en las causas para mis clientes“, declaró.

En cuanto al caso de “Caballo” González, este nuevo testimonio encaja perfectamente con el de otro arrepentido de la causa: “Para que liberaran a Gonzalez pagué en el juzgado. Y el arreglo funcionó porque quedó en libertad“, dijo el llamado “declarante 1”.

Las pruebas parecen contundentes. Sin embargo, para la defensa del juez hay otra explicación sobre lo ocurrido: tanto Soto Dávila como sus secretarios son “inocentes” y lo de las coimas es un “invento” de los abogados para sacarles dinero a su clientes. 

Seguramente esto es lo que intentará imponer Soto Dávila en los próximos días cuando su suerte comience a jugarse en el Consejo de la Magistratura. Pero tendrá que enfrentarse a una causa en la que ya cayeron otros que parecían intocables.

Qué dice el juez

Este lunes, Soto Dávila contragolpeó con un escrito que presentó ante Torres en los tribunales federales de Comodoro Py, junto con su abogado Gonzalo Díaz Cantón.

“Jamás en mi larga trayectoria como juez exigí ni hice exigir un solo peso de prebenda alguna de ningún imputado sometido a mi juzgamiento“, sostiene Soto Dávila y habla de su vida austera: “La casa donde vivo la compré antes de ser juez, mi auto es un Volkswagen Vento del año 2015 y mi mujer tiene un Suzuki Swift del año 2008. Mi único lujo son dos bicicletas ya que es mi pasatiempo y mi deporte mediante el cual manejo por la ciudad donde vivo y todos me conocen“, arranca el descargo.

A Torres también le recomendó no creer en los “arrepentidos”. “Sepa que si permite que esta barbaridad se lleve a cabo, algún día (y más que pronto) van a tocar la puerta de muchos jueces más, y por qué no la suya“. Lo que se dice una “advertencia” fuerte.