En una situación inédita, hay una pulseada en la CGT para que la central sindical sea neutral en esta elección presidencial. Como histórica «columna vertebral» del peronismo, la tradición siempre fue la de apoyar a los candidatos del PJ.

Este martes, la mesa chica cegetista se reunirá por primera vez con Alberto Fernández. Eso sí: como signo de los tiempos que corren, se definió que el encuentro sea afuera de la CGT -lo harán en UPCN para no involucrar políticamente a la institución- y que además se mantendrán reuniones con candidatos de otras fuerzas.

Es más: para los próximos días se está cerrando una juntada con Miguel Ángel Pichetto, el peronista que acompaña a Mauricio Macri en la fórmula oficialista. Y también podrían reunirse con Roberto Lavagna.

«Lo importante es la diversidad, vamos a hablar con todos«, dijo un dirigente del grupo que busca que la CGT sea prescindente en la pelea presidencial y que hoy participará de una reunión “chiquita” en la que se buscará consensuar cómo será el almuerzo de este martes con Alberto Fernández en UPCN.

Habrá que ver quiénes participan de estas otras dos reuniones con Pichetto y Lavagna. Héctor Daer, uno de los co secretarios generales de la CGT, solo se mostrará con Alberto Fernández, por quien hace campaña de manera pública.

Daer fue el impulsor de una reunión de la central sindical con Alberto Fernández. La intención original del gremialista era que el encuentro fuera en en el histórico edificio de la CGT de la calle Azopardo, según dijeron dirigentes que rivalizan con Daer.

Esas mismas fuentes sostuvieron que el jerárquico terminó «descolocado»: su propuesta no fue aceptada por la «mesa chica» de la central y, entonces, se resolvió recibir al candidato del Frente de Todos en la sede de UPCN.

La versión que dan cerca del co secretario general es diferente: que el propio Daer no quiso que Fernández fuera a la CGT para que después otros sectores sindicales no solicitaran que también se recibiera en Azopardo a otros candidatos.

Más allá de cómo fue, en la decisión de no recibir a Alberto F. en la CGT se nota que en al menos parte de su conducción hay una fuerte especulación política ante un escenario electoral que aun asoma incierto.

​Algunos de sus dirigentes, eso sí, harán campaña por el candidato del PJ. «Mi voz de la voz de la CGT y nadie me la va a desmentir«, advierte Daer. Otros, como Luis Barrionuevo, apoyan a Lavagna.

Entre los jerárquicos que impulsan la “neutralidad” se destacan José Luis Lingeri (Obras Sanitarias), Andrés Rodríguez (UPCN), Gerardo Martínez (UOCRA), el ferroviario Sergio Sasia, el lucifuercista Guillermo Moser, el mercantil Armando Cavalieri y el colectivero Roberto Fernández.

La resistencia a apoyar abiertamente a Alberto F. por parte de algunos de estos dirigentes también obedece a rencillas que perduran con el kirchnerismo.

«La CGT no comulga con la forma y los procedimientos de los K. En muchos casos son similares a los que usaba en 2015», dijo un referente del ala cegetista que quiere que la central se mantenga neutral en la pelea presidencial. Y completa: «Esta será la primera reunión que se hará con Alberto. Y con los K todo giró en su espacio y con mucha soberbia. Veremos qué nos propone Alberto».

La mención a «todo giró en su espacio» es que las señales que dieron Alberto Fernández y Cristina Kirchner siempre fueron a los sectores sindicales kirchneristas que hoy juegan por afuera de la CGT.

La señal más fuerte, la que generó el mayor malestar en la CGT, fue hace un mes, cuando los Fernández concurrieron a La Bancaria y se mostraron con el anfitrión Sergio Palazzo y otros sindicalistas K.

El gesto puntual de apoyo a Moyano, rival histórico del grupo de los «Gordos» cegetistas, encendió las luces de alerta entre los actuales jerárquicos de la central sindical peronista.

En ese grupo de sindicalistas kirchneristas entienden tienen altas chances de quedarse con el comando de la CGT ante un eventual triunfo de Alberto Fernández en diciembre.

«Deberán liderar los sectores que enfrentaron a Macri y los que hoy están en la CGT tendrán que dar un paso al costado. Esto es así«, argumentan.

Con una simple suma grafican qué sector jugó mejor políticamente: mientras la CGT se quedará sin ningún representante en la Cámara de Diputados, el sindicalismo K tiene chances de elegir 6 legisladores nacionales (la sexta será Patricia Mounier, del Sadop de Santa Fe, quien asumirá en remplazo de la vice gobernadora electa en Santa Fe Alejandra Rodenas) y el moyanismo, uno.

En el sindicalismo kirchnerista asoman dos dirigentes en carrera para quedarse con el sillón del jefe. Uno es el bancario Palazzo. Tiene llegada directa a Cristina Kirchner, aunque en los años de su presidencia la enfrentó: realizó 15 paros, la mayoría contra el impuesto a las Ganancias y por demandas salariales. Una de sus contra podría ser su origen radical. Siempre los secretarios generales de la CGT fueron peronistas de ley.

El otro es Pablo Moyano, quien sí tiene pura sangre peronista. «Es mi heredero sindical», lo describió su padre Hugo en un encuentro reciente en el gremio de Camioneros.

Su temperamento sanguíneo le restaría puntos. También que proviene de Camioneros: en la CGT todavía perdura el resentimiento con Hugo Moyano porque cuando creció bajo el amparo de Néstor Kirchner y controló la central tuvo un comportamiento hegemónico y se quedó con afiliados de otros sindicatos.

Pero en los gremios que integran la CGT en la actualidad -en esto hay total consenso entre los que juegan con Alberto F. y el sector que quiere mantener a la central neutral- anticipan que el sindicalismo kirchnerista no conducirá la central en su próxima etapa. Ni siquiera en caso de que gane en diciembre el Frente de Todos y así se los ordene desde la Casa Rosada.

«Ellos (por los K) no tienen ni suficientes gremios ni cantidad de congresales para imponer una nueva conducción», advierten en la CGT. Y agregan: «Tampoco a Alberto le va a interesar, él está más cerca nuestro que de Palazzo y Moyano».

Ante una consulta de Clarín, muy cerca del candidato presidencial del Frente de Todos compartieron ese diagnóstico. Es más: vislumbran que aún en un eventual gobierno de Fernández el sindicalismo seguiría dividido. Por un lado “los grandes gremios dentro de la CGT y por el otro muchos gremios afuera de la CGT, como históricamente ha sucedido”, dijeron.

En otras palabras, podría mantenerse el mismo esquema de fragmentación que hay hoy.

Fuente: www.clarín.com