Otra vez dos caras. Como en el debut. Otra vez dos equipos dentro de un mismo equipo. Se ganó, que era lo más importante y era lo decisivo para sobrevivir en el Mundial porque la derrota hubiera significado una despedida demasiado prematura y absolutamente frustrante. Pero de nuevo, como contra Francia, Los Pumas no tuvieron el rendimiento deseado en el balance de los 80 minutos. Además el adversario fue Tonga y mucho tienen que ver los quilates del conjunto isleño para entender un poco más el triunfo por 28 a 12. Porque los tonganos fueron previsibles y flojos, en definitiva. Pero el foco hay que ponerlo decididamente en el seleccionado argentino y en lo que se viene el sábado 5 de octubre. Inglaterra será la vara más alta del grupo C y habrá que tener una gran semana para encarar un partido que otra vez será a todo o nada. Pero en Tokio y ahora contra un serio candidato al título.

El planteo, de entrada, estuvo claro: nada de locuras, prolijidad, jugar con los forwards y presionar. Y el otro punto estratégico fue salir del cero lo más rápido posible. Y si la posibilidad se daba con un try, mucho mejor. Así, a los 6 minutos Los Pumas tuvieron su primer penal a favor. Era factible para el pie zurdo de Urdapilleta, pero la orden fue ir al line, como en las dos conquistas ante Francia. Y de la obtención de Petti apareció Lezana para buscar el ciego y dejar en soledad a Julián Montoya de cara al ingoal. Apenas diez minutos más tarde se repitió la historia: penal del desordenado Tonga, Matera ganó otra vez arriba, pero de la acción no desprendió Lezana ni nadie ya que se armó directamente el maul y Montoya fue el que lo condujo con la pelota en su poder hasta apoyar otra vez.

Todo era a pedir de Los Pumas. El resultado (14-0) y el juego porque Tonga no podía salir del asedio y de la presión. Una presión originada a partir de la buena lectura defensiva de los centros que enseguida dio más dividendos con ese doble tackle (Lezana abajo y De la Fuente arriba) que permitió recuperar la pelota para que Santiago Carreras desplegara toda su velocidad y con apenas 21 años lograra su primer try mundialista.

A los 25 el pack argentino volvió a tener su premio y Montoya logró igualar el record de tres tries que tenía en soledad Martín Gaitán desde el choque ante Namibia de 2003. El hooker anotó cuando Cubelli mandó a sus delanteros una y otra vez hacia adelante dando puntadas y un muy buen continuado que terminaron con el punto bonus ofensivo asegurado.

Era un muy buen primer tiempo de Los Pumas hasta ese momento porque sin hacer nada del otro mundo habían facturado cuando tuvieron que hacerlo. El maul ya se había erigido como un arma poderosa y el scrum, pese a los 131 kilos de diferencia, funcionaba, como contra los franceses, con una absoluta firmeza. Todo ante un equipo de una categoría inferior, se insiste.
Después empezaron a aparecer las desconcentraciones (lenta conexión de Matera con Urdapilleta) que se pagaron con el try de Telusa Veauni, el mejor jugador tongano. Y a partir de ese momento llegó el desorden defensivo, la desesperación, las fallas en el tackle y las primeras señales de alerta.
De todos modos, en los primeros 20 minutos del complemento Argentina buscó pero los momentos de desesperación ofensiva comenzaron porque la defensa rival comenzó a funcionar mejor. Fueron 20 minutos en las 25 yardas de Tonga en los que Los Pumas no pudieron marcar. En cambio, a los 25 minutos movieron la pelota los backs adversarios y el delicioso offload final de Vuna le permitió a Veainu poner el 28-12 y pasarles muchas preocupaciones a los argentinos, que terminaron esa segunda mitad sin anotar.
En definitiva los forwards, aunque rindieron de mayor a menor, fueron perdiendo el protagonismo y fallaron numerosos tackles en los rucks y rebotaron en ataque. La línea de tres cuartos, en cambio, sigue con una falta alarmante de chispa, sin centros gravitantes en ataque y en defensa y con un Boffelli apagado en ofensiva. Hubo un 30 por ciento de tackles errados (29, una enormidad) y casi una decena de situaciones en ataque desperdiciadas, un juego previsible, jugadores en un bajo nivel -preocupa un Matera disminuido físicamente- y sin cambio de ritmo de unos medios confundidos por momentos.
Habrá que mejorar, entonces. Inglaterra no está lejos y para ganarle será necesario mucho más de lo que mostró el equipo hasta ahora. Hay con qué soñar. Aunque cada vez cueste un poco más hacerlo.
 
fuente: www.clarín.com