LIMA.- Fue como asistir a un coliseo romano: gritos, alaridos, sangre y sudor. Un espectáculo en carne viva adentro y en las tribunas, y que le dio a la selección masculina argentina de handball la medalla de oro en los Juegos Panamericanos de Lima 2019 al batir a Chile por 31 a 27. De esta forma, los Gladiadores viajan directo a Tokio 2020, ya que en este duelo de fieras desatadas estaba en juego el pasaje a los Juegos Olímpicos.

El equipo nacional esperaba enfrentarse con Brasil en la definición. Pero se quemaron todos los papeles cuando los trasandinos los eliminaron en las semifinales, un triunfo histórico y que constituyó uno de los grandes batacazos de cualquier deporte en estos Juegos. Aun con el desconcierto del cambio de rival, la selección albiceleste se impuso y se arroga el gran mérito de formar parte de unos Juegos Olímpicos por tercera vez consecutiva, después de las experiencias en Londres 2012 y Río 2016.

«¡Ohh Argentina / es un sentimiento / no puedo paraaar!». Allí estaban todos con el corazón que les explotaba frente a la tribuna celeste y blanca, festejando un título y un pasaje olímpico que sueñan desde hace años. Se lo podía observar a Diego Simonet entre lágrimas, sabiendo que ahora sí puede tener una nueva oportunidad en los cinco anillos, ya que había quedo fuera de la cita de Río por una lesión. Lo abrazaba cada uno de sus compañeros, sabiendo lo importante que es para él la camiseta nacional.

Fueron una piña, todos en uno. El hermano del Chino, Sebastián Simonet, que a los 33 años se había fijado como límite Tokio 2020, también estaba conmovido. Si la clasificación no llegaba acá en Lima, dejaba la selección. Y después, los clásicos de siempre: el capitán Gonzalo Carou, Federico Pizarro -el hombre de goma-, el custodio de negro, el arquero Matías Schulz. Todos sacudidos por otro peldaño subido, por un nuevo obstáculo superado.

«¡Borombombon, ¡Borombombon, el que no salta no va a Japón», corearon los simpatizantes, contagiados con la felicidad de los campeones panamericanos. Mientras tanto, a los dos lados del podio, los jugadores chilenos y brasileños ponían cara de circunstancia. Sobre todo estos últimos, que no faltaban a una definición del handball desde los Juegos Panamericanos de Indianápolis ’87 Y después de la entrega de medallas, el «¡Dale campeón!» que le puso ruido a la fiesta de cierre entre los propios Gladiadores, sus familiares y un sinnúmero de amigos y allegados.

El desarrollo del partido

La primera declaración de principios fue de Argentina, que se colocó 4 a 0 arriba y obligó al adversario a pedir minuto. Pero después, La Roja empezó el repunte y se mantuvo cerca del marcador hasta ponerse por primera vez adelante 12-10. Finalmente, el equipo de Manolo Cadenas logró recuperarse y finalizó 15-14 en el cierre del primer tiempo.

En la segunda etapa arrancó una racha argentina a partir de las atajadas de Matías Schultz y la capacidad en el ataque de Diego Simonet, uno de los mejores jugadores del mundo y amado en Montpellier. En realidad, los goles vinieron de todos lados, mientras los hinchas argentinos enrojecían las gargantas en La Videna, la sede convertida en una caldera de arengas y emociones.

Durante el partido Chile recurrió a un siete inicial de enorme categoría pero sabía que tenía un plantel corto en jerarquía. Los hermanos Erwin y Emil Feuchtmann, los otros hermanos Esteban y Rodrigo Salinas, el arquero y capitán Felipe Barrientos fueron los que intentaron marcar una diferencia, pero también con el buen aporte de los extremos: Daniel Ayala y Sebastián Ceballos. Y si no estaban ellos -algunos entrados en años-, la rotación se les complicaba.

Así fue como Chile empezó a sentir el desgaste y llegó a sufrir una máxima diferencia en contra de seis goles cuando se encontró abajo 23-17. Nunca se rindió, pero la Argentina siguió martillando para asegurarse siempre una buena diferencia de goles que lo tranquilizara, y lo cumplió. Así, se llevó una victoria gigantesca que lo mantiene en los primeros planos. Diegoo Simonet fue el goleador con 11; lo siguió Federico Fernández (8), mientras que Federico Pizarro anotó 4.

Un encuentro que determinó el futuro

Además de que estaba en disputa el ticket a Oriente, el partido resultó clave también por lo que significaba la continuidad en el plano olímpico, que para el handball argentino es todo. Es más: el status olímpico es lo que materializa su pertenencia en la elite del deporte nacional. Figurar dentro del olimpismo o quedarse afuera representa una divisoria de aguas dramática en este deporte, con lo que estaba en juego el futuro del balonmano nacional para los próximos cuatro años.

La continuidad del entrenador Cadenas quedaba en riesgo en esta final; no porque pagara costos de manera personal, no tenía nada para demostrar porque lo avalaba una carrera brillante dentro del handball internacional. Además, le había dado lustre a la selección hasta la experiencia en Lima. Llegó e inmediatamente el equipo se adjudicó el Panamericano de Groenlandia, dándole vuelo al seleccionado. Además superó a varios europeos en el último Mundial. El triunfo o la derrota no cambiaba el concepto sobre el español, aunque lo descarrilaba del camino olímpico, su principal motivación desde su llegada al país.

Para la Argentina, Chile siempre fue un duro hueso de roer; varias veces estuvo a punto de perder pero nunca había sucumbido; solo habían concedido un empate y fue en el Panamericano de Almirante Brown en 2012, previo a los Juegos Olímpicos de Londres. Aquel fue el único punto que había sumado Chile frente a Argentina. Antes y después siempre se registraron victorias albicelestes.

La semifinal de Guadalajara 2011 también había estado a punto de escapársele a la Argentina en manos de Chile; así como también en el Panamericano de Tecnópolis en 2016: La Roja estuvo a nada de ganarlo y llegó aquel gol agónico de Federico Pizarro a segundos del final, que le dio el triunfo a Argentina e impidió una escena brutal, un Maracanazo, que hubiese implicado quedarse fuera de un Mundial después de 20 años. Finalmente, Argentina se hizo gigante una vez más y ahora disfruta de esta realidad en busca ahora de un diploma olímpico en Tokio.

 

Fuente: www.lanación.com