«Vamos a volveeeeeeer», gritan desde un camión que gambetea a los tumbos las obras del Metrobús.

El rosario de gritos es incesante. Automovilistas, motociclistas y peatones ocasionales se turnan para insultar. «¡No te queremos acá!», grita uno. «¡Ladrones!», sigue otro. «¡Caraduras!», se suma uno más.

Horacio Rodríguez Larreta no se inmuta. Había llegado pasadas las 8 y media de la mañana a la avenida San Martín, en el distrito homónimo, a una cuadra de la General Paz, para acompañar al ministro Santiago López Medrano en una recorrida de algunos minutos por las obras del carril exclusivo para colectivos.

«¡Chorros!», insisten desde otro auto. Rodríguez Larreta y López Medrano, candidato a intendente en ese municipio, apuran el paso, rodeados de una docena de colaboradores. Cruzan por arriba la General Paz hacia la Ciudad. Apenas pasan las 9 de la mañana del viernes.

Una hora después, el jefe de Gobierno porteño se iría aplaudido por una veintena de vecinos de Parque Chas, Villa Urquiza y Agronomía que escucharon durante una hora en un gimnasio cubierto las respuestas del funcionario a los pedidos sobre poda de árboles, bicisendas e inseguridad. La última semana, completó casi una docena de reuniones de ese estilo.

Rodríguez Larreta alcanzó altos índices de popularidad en su distrito y muy buenos niveles de aprobación de gestión, lo que lo llevó, además de la campaña local, a repartir su agenda para apuntalar las candidaturas de Mauricio Macri, de María Eugenia Vidal y de algunos de sus candidatos. Y vivir, en carne propia, la hostilidad del Conurbano bonaerense.

Detrás de Merlo, con poco más de 420 mil electores, San Martín es el distrito con mayor incidencia electoral de la primera sección, con 358 mil votantes. Hace diez días, la localidad había sido noticia por los reclamos del intendente Gabriel Katopodis y sus gestos de reprobación mientras Vidal y Macri inauguraban el Metrobús de la Ruta 8 y hacían campaña por el Gobierno frente a sus narices.

A quince días de las PASO, a Vidal y a sus candidatos les faltan votos en la provincia de Buenos Aires, en especial en los distritos más populosos del conurbano en los que la crisis económica y el rechazo a la figura de Macri alteraron el humor social mucho más que en otros lugares.

El panorama electoral de la Provincia preocupa al oficialismo, concentrado en los 40 municipios prioritarios en los que la boleta de Macri y Vidal necesita descontar puntos con la de Alberto Fernández, Cristina Kirchner y Axel Kicillof. Uno de ellos, Mar del Plata, fue escenario ayer del desembarco del Presidente y la gobernadora.

La figura de Rodríguez Larreta, conspicuo integrante de la mesa chica del PRO, trascendió desde hace tiempo la ciudad de Buenos Aires.

Se transformó en un dirigente de consulta habitual para los llamados «sin tierra», como López Medrano o Lucas Delfino, a quien visitó a fines del mes pasado en Hurlingham. Les aporta logística y recursos.

Se abocó, por decisión de la mesa estratégica de Olivos, en tratar de robustecer la figura de Macri, que incluso en la ciudad de Buenos Aires, su trampolín a la política, sufrió el impacto de la crisis. A través de cortes de cinta como el Paseo del Bajo o los viaductos de los trenes San Martín y Mitre en los que también se fotografió Vidal y que, muy por lo bajo, despertaron celos entre Uspallata, la sede de la administración porteña, y Casa Rosada.

Rodríguez Larreta renovó, además, su histórica alianza con Vidal, que atravesó el verano furiosa por la decisión del Gobierno de no habilitar el desdoblamiento del calendario bonaerense y atar su suerte a la de Macri, a pesar de que la gobernadora, profesional de la política, guardó esos enconos personales para volcarse de lleno a la campaña y al objetivo de reelección.

El jefe de Gobierno, que, por caso, había asesorado y acompañado a Mario Negri en la interna cordobesa, hizo lo propio con Vidal pero con más énfasis. A fines de abril, por ejemplo, le cedió a Federico Di Benedetto y a Ernesto Skidelsky, dos de sus hombres de mayor confianza. Skidelsky ya había trabajado para la gobernador en el 2015. Di Benedetto, una pieza clave de la gestión local, articula e intercambia información con el equipo bonaerense.

Los desafíos electorales de Macri y de Vidal son mucho más urgentes que el de Rodríguez Larreta.

Según los números que desmenuzan semanalmente en la sede del Gobierno porteño, la intención de voto de Rodríguez Larreta promedia en torno a los 44 o 45 puntos.

Cerca pero a una distancia que cada vez se hace más cuesta arriba para llegar a los 50 puntos necesarios para ganar en primera vuelta, un récord que sigue vacante. Tras la sanción del nuevo Código Electoral, el año pasado, es la primera vez en la historia que el calendario electoral de la Ciudad va pegado al nacional.

El jefe de Gobierno tiene enfrente a Matías Lammens, el presidente de San Lorenzo que fue ungido por el kirchnerismo para tratar de ampliar la base electoral del Frente de Todos, una estrategia, por ahora, con resultado incierto.

El jefe de Gobierno ideó para tratar de alcanzar los 50 puntos un esquema de coalición en el que solo dejó afuera a la izquierda y al kirchnerismo. Con Martín Lousteau como su principal incorporación, que también colabora en apuntalar la campaña de Vidal. Rodríguez Larreta entregó las listas. Y guardó a los suyos para su próximo gabinete, en caso de ser reelecto.

La suerte del jefe porteño está atada a la de Macri y a la de Vidal. Y viceversa. «Mauricio necesita subir unos puntos en la Ciudad para llegar a la primera vuelta, es difícil», explican en el entorno de Rodríguez Larreta.

A esta altura, «unos puntos», para el Gobierno, es como un oasis en medio del desierto.

Fuente: www.infobae.com