Alrededor de las 19:30 del domingo pasado cuando ya era una obviedad que los resultados de la elección en San Rafael eran ajustados, Gustavo Perret, candidato de diputado provincial por el Frente Somos Mendoza (PJ), salió a decir que “ganar por un punto ya es ganar”. Quizás la ansiedad lo dejó prisionero de sus propias palabras y el abrió la tranquera a la tropilla radical para que les pasaran por encima. No solamente quedó afuera, sino que le otorgó carta blanca a la UCR-PRO para que festejaran de lo lindo.

Es cierto que Cambia Mendoza ganó por una uña, pero ganó. Y no es un resultado más, teniendo en cuenta la batería de victorias consecutivas del PJ desde el año 2001.

No menos cierto es que el radicalismo, en esos 16 años, no mostró demasiado espíritu ganador. Campañas anémicas con rostros testimoniales que jamás entendieron que para triunfar hay que creérsela un poquito. Está más que claro que la gente no vota candidatos que dudan.

Parece que hay un perfume distinto. Quizás el aire fresco de juventud, acompañado de rebeldía y una pisca de arrogancia terminaron de conformar el cóctel perfecto para que ese espacio político se pare de otra manera en la cancha. A ese batido hay que sumarle el empuje de Cornejo, que a la vista está que es un político que se las cree.

Están en ganador, y ese no es un dato menor. Frase que rima y no pasa desapercibida.

Hoy hay cuatro en la línea de largada y según cuentan sus íntimos no solamente tienen ganas de protagonizar en el 2019, sino que será muy difícil que se bajen.

Todos tienen la fortaleza del triunfo, pero también la seguridad de un padrinazgo.

Anótelo y no se olvide: Zamarbide, Mondotte, Quesada y Serrano. De este cuarteto, por ahora imperial, saldrá el candidato a intendente.

Es probable que sean muchos los que están en posición de largada, pero es algo natural, ya que cuando se gana, todos quieren ser.

Silvio Barroso