Singapur, donde se han citado el martes el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el líder Corea del Norte, Kim Jong-un, es un pequeño país cuyo alto nivel de vida y tradición de neutralidad le ha ganado el apodo de la Suiza de Asia.

La ciudad-estado situada en el sureste del continente tiene un sector financiero que supera el diez por ciento del Producto Bruto Interno (PBI), que supone uno de los pilares de su bienestar y se nutre de capital en ocasiones de origen furtivo e incierto.

Singapur figuraba entre los seis o siete principales socios comerciales de Corea del Norte hasta que Naciones Unidas comenzó a aplicar las sanciones que prohíben todas las transacciones de bienes con ese país debido al programa armamentístico de Pyongyang.

Un informe de expertos de la ONU ha denunciado que la empresa singapurense OCN podría haber vulnerado esas sanciones, al exportar bienes de lujo y gestionar tres centros comerciales en la capital norcoreana, una acusación que investigan las autoridades locales.

Otra compañía singapurense, Chinpo Shipping, ha sido declarada culpable de facilitar el comercio de armas para Corea del Norte por su implicación en el caso de un buque capturado en 2013 en Panamá transportando a Pyongyang material militar procedente de Cuba.

Las relaciones diplomáticas de la ciudad-estado y Corea del Norte datan de 1975 y sufrieron un bache tras el asesinato en 2017 en la vecina Malasia de Kim Jong Nam, hermano del líder norcoreano, pero la embajada Pyongyang en Singapur sigue operando con normalidad.

Estados Unidos reconoció la independencia de Singapur cuando se separó en 1965 de Malasia -de mayoría malaya frente a la mayoría china de la ciudad-estado-, y desde entonces ambos países no ha dejado de estrechar sus relaciones en todos los ámbitos.

La administración del presidente estadounidense George W.Bush firmó con Singapur un acuerdo de libre comercio y la de su sucesor, Barak Obama, elevó en 2012 a “socio estratégico” el estatus del pequeño país, unido con Washington por un acuerdo de seguridad.

Hijo del fundador de Singapur, Lee Kuan Yew, el actual primer ministro, Lee Hsien Loong, considera que ese estado de buenas relaciones tanto con Corea del Norte como con Estados Unidos ha sido la clave de que la cumbre vaya a tener lugar en suelo singapurense.

“Ambas partes confían en que hagamos un buen trabajo”, afirmó en declaraciones al diario hongkones South China Morning Post en las que advirtió de la “difícil tarea” que espera a Trump y Kim.

“No será fácil abrir camino pero es un primer paso”, dijo.

La fama de neutral ya ha permitido a Singapur acoger otros primeros encuentros entre enemigos en apariencia irreconciliables.

La ciudad-estado fue escenario en 2015 de la primera reunión personal entre un líder chino, Xi Jinping, y uno de Taiwan, Ma Ying-jeou, cuyo entrevista fue calificada de “histórica”.

La nueva cita sin precedentes tendrá como marco el hotel Capella, un establecimiento de cinco estrellas que es albergue habitual de celebridades y se encuentra en la isla de Sentosa, localizada al sur de la ciudad, a la permanece unida por un largo puente.

Bordeada de playas y jalonada por parques de atracciones y campos de golf, la isla de Sentosa es una zona de esparcimiento de lujo en la que se estará vigente un amplio despliegue de cuerpos de seguridad entre el domingo y el jueves, ambos días incluidos.

Según fuentes diplomáticas, las autoridades locales preparan ese dispositivo de seguridad en absoluto secreto.

Además de su alto nivel de vida -casi 53.000 dólares es la renta per capita de sus cinco millones y medio de habitantes-, Singapur comparte con Suiza una política migratoria que en ocasiones raya con prácticas xenófobas, de acuerdo con agencias humanitarias.

Como la Suiza alpina, la Suiza tropical cuenta también con un orden social estricto y unas normas ciudadanas de pulcritud extrema; en Singapur está prohibido la venta de chicles para preservar la limpieza de su entramado urbanístico, de corte futurista.

En contrate, sin embargo, con el pacifismo suizo, Singapur tiene uno de los Ejércitos mejor armados de Asia y su participación en las campañas bélicas de Afganistán, Siria e Irak ha puesto en cuestión la tradición de neutralidad que la ciudad-estado lleva a gala.

 

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